Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
toridad y de prestigio para mover muche. dumbres. Y éste es- el gran servicio que los, socialistas han prestado a las clases conservadoras. E l de ofrecerlas su aburguesamiento instintivo, el respeto que han guardado a todos los prejuicios. tradicionales. No hace muchos días en el Congreso un diputado socialista reprochaba a otro, diputado el ser hijo d e u n barbero. He aquí un prejuicio aristocrático que no puede tenerlo hoy ningún socialista del mundo. Y o he leído en una provincia española el anuncio de una función de teatro, que daba el cuadro artístico de una Casa del Pueblo, y representaban La pluma verde, de Muñoz Seca. Comedia de tipo burgués, en la que se hace un escarnio bufo del marxismo. Si leemos VÍCTOR P R A D E R A los periódicos socialistas veremos que los agravios que en ellos se vierten contra sus enemigos son siempre agravios que corresponden a prejuicios históricos; Se refieren al nacimiento impuro del ofendido, o a la F R E N T E UNÍ CO burla que de él ha hecho su mujer, o a la ¿En España puede hacerse un frente úni- vida que llevan sus hijos, o al oficio humilco? En estos momentos es difícil hacer un de de su padre... Siempre en el agravio perfrente único de cualquier cosa. Lo impide, sonal hay un tono de Edad Media, de conde una parte, la extensión que ha tomado la versación entre el Cid y el conde Lozano. acción internacionalista- -socialismo, maso- Estos ejemplos bastan. Yo me atrevería a nería- de otra, el anarquismo, que es, qui- decir que no hay nadie en España con más zá, nuestro rasgo nacional más evidente; prejuicios burgueses que un socialista. anarquismo que lleva incluso a los núcleos Y con estos antecedentes, ¿quién puede más conservadores a una disociación y a un nihilismo inevitable. Por esto el fascismo: no pensar en serio en un frente único? Podrá constituye aún un desenlace serio. Por la ocurrir, como otras veces, que lancen a la dificultad que hay para enlazarle con un masa a una aventura tan ineficaz como doloideal nacional concreto, con una fibra sensi- rosa; pero ellos, los dirigentes, los que llevan ble que vibre en todos los españoles de la dentro de sí una ideología medieval, se ponmisma manera. Somos patriotas, mas a nues- drán a buen recaudo. Comunistas, sindicajistro modo, y carecemos de un patriotismo tas y anarquistas, que esto sí que es español, hondo, desinteresado, esencial, que nos mue- saben a qué atenerse, y en Largo Caballero ve a todos, como por un resorte, a empre- o en Prieto verán siempre las figuras de unos sas colectivas de carácter nacional. honorables menestrales que han heredado De este mal individualista padece el so- de un tío de América. cialismo español, y por esto el frente único FRANCISCO D E COSSIO no puede ser sino una hipótesis absolutamente improbable. Si en España pudiese hacerse un frente único, fuere de la tendencia que fuere, cambiaría por arte de magia su ser político, y esto no se consigue sino en virEN LONDRES tud de un largo proceso educativo. Pero, A B C además, puede afirmarse queen nuestro país no existen socialistas auténticos, y por esto Más autoridad; más disciplina el peligro no puede venir por ese lado, sino por el del anarquismo, que es lo nuestro. A los que conocen Inglaterra, sin conoEs, realmente, absurdo que los hombres cerla íntimamente, l e j sorprenderán quizá que han gobernado durante dos años, que las noticias de los últimos avances realizahan tenido en sus manos esa cosa tan difícil dos por las tendencias fascistas en un país como es en la política el Poder, no hayan que, entre todos los de Europa, es el que hecho fácilmente desde él la revolución que ofrece una tradición más antigua y mejor ahora predican. E l secreto es que no son sostenida de autoridad y disciplina. En rearevolucionarios, que llevan en la masa de la lidad, ese progreso en Inglaterra no tiene sangre todos los prejuicios burgueses, y que nada de extraño, y su explicación se enla revolución no constituye para ellos un fin cuentra precisamente en la tradición de orpolítico, sino un medio de poseer sinecuras den estable que tanto honra a la nación y mando. E l ejemplo está bien próximo para británica. Aludí, en crónicas recientes al reque haya podido, olvidarse. L a silueta del lativo prestigio actual del Parlamento de Sr. Largo Caballero en Ginebra, raro ejem- Westminster, comparado al que tenia hace pío de adaptación a un medio social que le veinte años, antes de empezar la guerra era ajeno, no fué precisamente la de un hom- europea, y todavía más al que disfrutaba bre de acción. Los socialistas dirigentes en en las postrimerías del siglo x i x señalé estos dos años de alta burocracia han deri- también la simpatía con que ahora acogen vado de un modo un poco cómico hacia un los ingleses las teorías económicas del fasrastacuerismo elemental, y quizá por esto es cismo italiano. Pero el campo más propitarde para que vuelvan a su papel de hom- cio para el florecimiento de esas teorías, en bres de acción revolucionaria. E n el Po- su a s p e c A político, se encuentra en el deder fueron tímidos y remisos para implantar seo de una gran parte del pueblo británico principios de su programa, y fueron duros, de levantar, con la previsión que ha demosy crueles al reprimir demasías del proletaria- trado siempre para la defensa de sus indo. Esto es lo que constituye un fracaso y tereses fundamentales, una barrera infrandenota una falta de seriedad política, de con- queable ante amenaza comunista, una detenido revolucionario y de coherencia entre fensa segura o ntra peligros de cuya realas palabras y los actos. Con esta historia lidad es muestrft suficiente y triste lo ocuno puede hacerse un frente único de tipo rrido en nuestroiWropio país. Ese consuelo proletario, y de hacerle tendrían que ser nos queda a los e s W ñ o l e s el haber servido otros los que le hiciesen, es decir, que los de carne de cañón tara que otros pueblos, ex ministros socialistas carecen de autoridad menos inconscientes qVJe e l español, sepan para ponerse al frente de una revolución so- aprovechar las leccionesVque se desprenden cial. Ellos podrán entregar a otros, a los de nuestra trágica experiencia. que durante dos años han mantenido vivo y ingleses saben la Corocontra ellos el fuego de la rebeldía social, na Los el baluarte másde so bra que unidad i y es firrnk de la sus masas, mas los que fueron ministros en la grandeza nacional, y, enterados a tiemcontra de esta rebeldía carecen hoy de au- po de que el verdadero progreso no es el que de empeñarse a fondo en las luchas de clase. Debe contar con el pueblo. Y Prieto, hace bien poco: Aunque los obreros ingleses no están satisfechos de la Monarquía, en Inglaterra reinante, no sufren las persecuciones que padecen los obreros españoles, ganan salarios más decorosos y la vida allí no es. tan costosa como la de España. ¿Hay algo más que decir? ¿Para qué, si tenemos en nuestras manos la explicación de los hechos históricos por paradójicos que se nos muestren? ¿Por qué entonces los socialistas han metido en la cabeza a los obreros que la forma republicana ha de ser una de sus reivindicaciones? ¿Por qué éstos lo creen? se hace por el camino de la ruina, vuelven sus ojos a los ideales que tan poderosamente les sirvieron para cimentar a la nación, entre los cuales se cuentan, en primer término, el aumento de lo que se llama el poder de la Corona Hilaire Belloc lo expresa muy claramente en un artículo publicado por, el English Review. en su edición de febrero: Del, número indefinido de instituciones compatibles con la libertad normal de un Estado, la que mejor se ajusta a la naturaleza y las tradiciones de los pueblos europeos quizá sea la Monarquía hereditaria activa, sostenida, y en cierto grado l i mitada, por los demás grandes organismos del cuerpo político: los Colegios de Abogados, las instituciones locales, las Universidades. Quizá pueda coexistir con la Monarquía el vestigio de un Parlamento; un Parlamento que no sea llamado a gobernar, sino únicamente a poner el veto. o. a dar, consejos; una Asamblea en la que el pueblo pueda interesarse, en donde se hablé en nombre, de las profesiones, de las artes, de las religiones- -de cualquier interés real, de algo que no sea el absurdo del distrito Noroeste de Muddleborough q las circunscripciones de Rutland- sería un adjunto estimable, y un freno y un contrapeso, en oposición a las restantes fuerzas impulsoras del Estado. Pero la iniciativa principal debe estar en manos del Rey A la vez que esto leemos en una de las revistas más serias de Inglaterra, el Daily Mail se decide a echar la enorme influencia de sus dos millones diarios de ejemplares en favor del partido fascista que acaudilla sir Oswald Mosley. L a conversión de lord Rothermere al fascismo es un hecho profundamente significativo; es posible que sea un augurio; pero, desde luego, refleja una realidad del momento. U n gran parte de la opinión inglesa no se conforma con la consolidación del statuquo, que es, por lo visto, o único que al país puede ofrecer la coalición que actualmente lo gobierna, y, aunque es indudable que el Gobierno nacional puede salir triunfante de las futuras elecciones generales, la oposición irá gánandoi fuerza, y tarde o temprano alcanzará la victoria. Ahora bien; esa oposición no está integrada por políticos adictos al actual régimen parlamentario, ya que la mayoría de ellos se encuentran agrupados para apoyar, al Gobierno nacional. L a oposición va contra aquel régimen y se divide en dos tendencias extremas: la de los fascistas de sir, Oswald Mosley y la de los socialistas revolucionarios de sir Stafford Cripps. Para evitar el triunfo de éstos es para lo que ha abrazado, la causa fascista el poderoso ór- gano de lord Rothermere. No es difícil que los partidarios de Mosley lleven al futuro Parlamento un nutrido grupo de diputados. Los ingleses, felices desde hace años bajo el imperio de una autoridad y una disciplina que ya quisiéramos nosotros para España, parecen inclinarse a un régimen capaz de imponerse con mayor severidad todavía. Si logran establecerlo, surgirá en Europa una nueva modalidad del fascismo, en la cual esa disciplina que en Inglaterra ya existe en la vida de todas las clases sociales, al menos en sus actuaciones públicas y civiles, se extenderá a las relaciones mutuas de gobernantes y gobernados, sin el intermedio de un Parlamento democrático y mediante la simplq adaptación a la política de los principios, que desde antiguo rigen, para imponer la virtud de la disciplina a esos niños tan bien educados, y esos perros tan dóciles a la voz de- a amo, que únicamente en Inglaterra se conocen. Gran ejemplo para España el de un pueblo disciplinado por excelencia y ávido de más disciplina, y muy interesante este caso de un partido. fascista, que nace alentado, no por un hijo del pueblo, sino por un representante de la aristocracia, que desea la unidad de su Patria y la vitalidad de sus más antiguas tradiciones, Luis ANTONIO. B O L Í N LondreSj febrero 1934, TninimimTinin i r a i r m i r i i i i i K i i i lll 11 mullí 1I HH 1 WIIÍ: 1
 // Cambio Nodo4-Sevilla