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SEGUNDA DIVISIÓN EL SEVILLA DERROTO EN VALLECAS AL ATHLETIC D E MADRID, CLASIFICÁNDOSE DEL GRUPO LEADER ABSOLUTO E n Jrún el Celta logró una difícil victoria, mientras en M u r c i a el Alavés sufrió otra derrota de arecord Resultados de la segunda división Athletic Madrid- Sevilla Irún- Celta V i g o Sabadell- Osasuna Coruña- Sporting Murcia- Alavés Clasificación J G E P. P. C. P. 0- 2 1- 2 3- 2 4- 1 6- 0 Sevilla Athletic M Murcia Celta Osasuna Sporting Irún Corana Sabadell. Alavés 15 16. 16 16 16 16 16 16 15 14 94 10 2 91 82 8.0 72 62 62 43 12 2 4 6 6 8 7 8 8 8 Ii 51 40 34 37 43 28 28 31 28 16 24 27 28 25 32 36 39 35 37 53 22 22 19 18 16 16 14 14 n 4 Athletic, o; S e v i l l a 2 El arbitraje de Vilalta. No parece sino que los directivos se hubieran propuesto proceder contra toda lógica. N o porque- -desgraciadamente: -mi pronóstico de hace ocho días se haya cumplido con precisión, sino para que los lectores vean hasta qué punto sería fácil evitar escenas lamentables conio la del domingo último, quiero copiar lo que escribí justamente hace ocho días, en este mismo sitio y con ese mismo título: Estoy esperando siempre un arbitraje del Sr. V i l a l ta, después de tantos años de tocar el pito. Porque resulta inexplicable la insistencia, la obsesión de hacer de éí u n referee. U n día más ha sido ese jugador caprichoso que no desencadena el escándalo y hasta el motin porque la diferencia de clase y de tanteo contribuyen a l a indiferencia del público. Pero no hay personaje que tenga medida más arbitraria para sus decisiones n i que con encogimiento de hombros más inconsciente resuelva cada dos minutos idénticos problemas con criterio más opuesto. Digamos, en fin, que, si prevenir es curarse en salud, la ausencia de V i l a l t a de los campos de fútbol sería una medida por la que se evitará en el porvenir un conflicto seguro, indudable. S i lo que se pretendía de la impresionabilidad y de la torpeza del catalán era la ocasión para demostrar, mi presunta fobia a los arbitros, ya se ha visto que no exageraba en mis temores. Porque m i enemiga hacia el Sr. Vilalta (que fuera del campo será un cumplido caballero) era la de todos los aficionados que presencian un partido que él juzga, s i n prejuicios y sin pasión. Fáltale ponderación; no es ecuánime, aunque él aspire a ser irripareial; resulta fácilmente impresionable y carece de criterio de medida para las sanciones. Todo, no lo dudamos, con la mejor intención; pero con esa irreparable mala fortuna que preside sus actuaciones. ¿Que, así y todo, arbitrará el domingo próximo? Es muy probable. Pero no se podrá repetir, como un a cantinela, cuando el es- cándalo se desate, que los exaltados tuvieron la culpa. N i siquiera será el señor V i l a l t a L a responsabilidad será de quienes le designen para un. papel de juez, que él es incapaz de desempeñar. No hay dilema. -Sensible, para los aficionados locales, este fracaso del Athletic. Pero no hay dilema. Juzgando por la exhibición del domingo último, el Sevilla es más equipo en casi todas. las líneas, y su triunfo, abso- hitamente justo, fué claro tan pronto como pasaron los veinte primeros minutos de entusiasmo y de furia desencadenada por los rojiblancos. A la avalancha resistieron los andaluces con admirable firmeza. Y luego, la línea media de Segura se impuso, y la delantera de Campanal fué- mucho mejor que l a enemiga. Pero, además, el. Sevilla fué un magnífico, un- apretado conjunto, mientras el- Athletic ofrecía una serie de esfuerzos personales, tan desesperados como inútiles. La responsabilidad- del preparador. -Si es cierto que. el. preparador. de un. equipo es siempre el responsable, Moncho Encinas es el responsable de este gran: éxito de sus muchachos. Además de Eizaguirre y Campanal, hay todo un conjunto, en el- que no se sabe qué admirar más, si el entusiasmo y vigor que ponen en las jugadas, o la maestría como la realizan. U n portero que es, sin discusión, de maravilla. U n a línea media perfecta, tanto imponiendo juego como entregando y defendiendo, y una vanguardia cohesionada, precisa y perforadora. N o están en la misma altura los backs, porque en este once de maestros, ellos no lo son tanto, pero son discretos y muy enérgicos en el despeje. Impresión de juego. -Til partido se jugó a un tren de infierno, de verdadero campeonato. E l Athletic arremetió briosamente, en un empuje un poco desordenado, y llegó hasta los dominios de Eizaguirre, que hubo de intervenir para mostrar, sobre todo en dos ocasiones, la maravilla de su estilo impecable. Pero pronto los sevillanos se fueron adueñando del juego. Sus medios, ocupando su verdadero terreno mandaban en todo momento, y la vanguardia blanca sitió la puerta de Pacheco con asaltos ordenados. E l portero madrileño acudía con voluntad y acierto a despejar situaciones peligrosas. Pero cada vez flojeaban más los backs y medios y las veces que los delanteros rojiblancos buscaron l a meta sevillista fué torpemente. Marín tan sólo sabía lo que se hacía, y de Marín surgieron los mayores. peligros. Pero Campanal surgió, porque, está resuelto a ¡ciarse a conocer en toda la medida de su valor, y en. un alarde recogió el balón, dribbló y fuese hacia el marco, disparando de esa forma única de los jugadores únicos. Y la jugada magna no fué goal; pero, en cambio, rindió a todos, en un aplauso unánime, en una opinión sin discrepancias. E n frente, los athléficos inician su naufragio. Ordóñez, dejando pasar a todos. Feliciano, discreta jugador siempre y buen medio, sin saber a qué atender, si a su zaga, torpe como nunca, ó a dar juego. Rey, todo voluntad, reconociéndose impotente. E n el Athletic, voluntad, deseos, amor al C l u b pero no basta. Se trataba, además, de la precisión de jugar. Y fin del tiempo, con el marcador a cero. E l segundo tiempo fué francamente sevillista. Los blancos, próximos a marcar en una o en varias ocasiones. P o r fin, el mejor juego tuvo su compensación. Y fué Campanal quien en un remate de maestro, impulsando y dando dirección a l a pelota con l a cabeza, logró inaugurar el marcador, con un tanto maravilloso. Luego, el desmoronamiento. Marín, tan correcto siempre, fué expulsado del campo, y Arocha abandona tocado. Feliciano, cojeando. Perdidos ya, los athléticos arremeten ciegamente. T i r a n dos o tres corners. E l Sevilla contiene los últimos coletazos de su rival y empieza a echar balones fuera. Protestas, escándalo, almohadillas y botellas de gaseosa fueron arrojadas al cuadrilátero. Guardias de Asalto en acción. Discusiones, peleas. ¡Todo lo más lamenta- ble! Y en un claro, la delantera del Sevilla persiste, imperturbable, en jugar. Y como si estuvieran en su casa se desenvuelven, limpia, primorosamente. Y el, segundo tanto, faltando pocos minutos, lo consiguen entre Tejada y Campanal, sin que Pacheco, pese a rebotar en él, pudiese evitarlo. Epílogo. -Ánimos, exaltados. Los de A s a l to todavía prolongan su actuación para proteger la salida del coche donde van los andaluces agredidos a pedradas. S i n embargo, yo escucho, oigo de los labios de todos cuantos no son esos cuatro exaltados- -que en Vallecas fueron lo menos veinte, a uno por botella- que el Sevilla ha ganado porque fué superior al Athletic. Y me complace un poco, después de tanto gallo y tan vario espectáculo, que todavía queden gentes que sepan perder. L a más difícil entre todas las lecciones. -JUAN D E P O R T I S T A Equipos. -Athletic: Pacheco; Corral, O l a so; Rey, Ordóñez, Feliciano; Marín, Buiría, E l k e g u i Arocha y Amunárriz. Sevilla: E i z a g u i r r e Euskalduna, D e v a Alcázar, Segura, Fede; Tejada, Torrontegui, Campanal, Tache y Caro. N o t a s d e un escéptico En este partido Athletic de Madrid- Sevilla se discutían demasiadas cosas, probablemente, para que fuera jugado con serenidad. Muchos nervios. Juego, muy poco. Campanal dibujó dos dribblings, seguidos de un gran disparo. Esto le bastó al asturiano para convencer al cónclave. Pero luego puso el coco a un centro- úiot adicto, y consiguió que el balón fuera a la red, desviándolo suavemente. Con ese poco de billar hizo un goal. Al público no le pareció justo el arbitraje de Vilalta. Demasiado severo cuando expulsó a Marín. Demasiado poco severo cuando no expulsó a Olaso. De todas maneras, estas cosas se evitan jugando. Estamos seguros de que la gran guerra fué una pobre imitación de lo ¡que iba a ser el Athletic de Madrid- Sevilla. La pareja, de backs del Sevilla no es buena, pero es grande. Juega a temporal ...Elícegui, por ejemplo, fué juguete de las olas... Habrá que inventar el fútbol en el que ganen dos equipos si se guíete gue queden todos contentos.