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tales elemento; y con un local adecuado, el resto sería fácil de llevar a término. Ahora, que tanta riqueza, tanta belleza, no había de quedar abandonada, sin orden ni concierto, como en las naves de una vulgar cochera. Los Museos deben ambientar las piceas de sus colecciones, ya sean cuadros, mué- bles o coches; no basta con presentar a la curiosidad el chcf- d wuvrc, es necesario avalorarle y hacerle sentir. Las carrozas y los coches deberían quedar armados, entonados y completados con maniquíes- -simulados cocheros, lacayos y caballos- que sirviesen de adecuada percha a las libreas y guarniciones. Y, así, sería posible concebir, en lo futuro, toda la majestad ostentosa de una carroza, o la gracia aérea y exquisita, plena de elegancia, de una, Daumont, o la nota de color populachera de una calesa... al dilettante, sino como medio rápido enseñanza, en la duda imprevista, para artista o el obrero, que no siempre han tener a mano los medios de aprendizaje de el de o, si los tienen, tal vez no todos posean la comprensión fácil y soltura suficientes para sacar de ellos la consecuencia práctica, sin contemplar, el auténtico modelo... E s necesario fomentar la creación de los Museos pequeños, íntimos y particulares, sin los agobios solemnes de los graneles, en los que todo cabe, arai dentro de una afición o un arte determinado, como ocurre con nuestro magno del Prado o con el A r queológico, en los que el interés y la vista se pierden en la riqueza amontonada, sin poderse refugiar en la intimidad encantadora de un rincón del que disfrutar como de un recreo o del que aprender, aquellos que requieran del espectáculo como de una enseñanza, que han de aplicar a su actividad por eso un dia clamamos por la conversión de la Torre de los Lujanes en M u seo del Mueble, y por eso, otro, i n dicamos la conveniencia de un M u s e o exclusivo de Goya, junto a la ermita de San A n tonio. Afortunadamente, M a d r i d va d e s p e r t ando su amor por estos pequeños M u s e o s así, el Museo R o mántico y el P a lacete de l a M o n c 1 o a encantador pedazo madrileño, en el que vive el alma de toda una época, y el del T a piz, acierto indiscutible del Patronato del tesoro nac i o n a 1, vienen a marcar la ruta a seguir y a demostrar cuan necesario son, no ya como recreación del espíritu reservada Carroza de la Corona Real, Puede ser que una Exposición del coche antiguo fuese el camino m á s corto para demostrar la convenienc i a una de esas Exposiciones anuales, admirables y únicas, eue organiza la Sociedad de Amigos del Arte, a quienes brindo el tema y la sugerencia... E l l o es que puede y debe realizarse, y el conseguirlo, a más de proporcionar la obra de arte, sería evitar una nueva Jerusalén s o b r e la que llorar y una pérdida m á s sobre la que clame nuestra voz... Luis D E S O T O Otra carrosa del siglo XVII. Coche de la Corona DucaL Coche de Conchas. (Fotos V. Muro,
 // Cambio Nodo4-Sevilla