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una productora española, que inaugura sus actividades con Doña Francisquita ha empezado a publicar un Boletín, ett el que senianalmcnte da cttenta de la marcha de sus trabajos. Y dice: Difícil tarea la que hemos realisado. Difícil porque no era posible superar la zarzuela, de Romero y Fernández Shaw, -y porque 110 podíamos limitarnos a fotografiarla. Y, además, los motivos musicales no sólo debían ser conservados, sino que teníamos que aumentar su valor dándole lo que el teatro no puede dar, pero si el film la reproducción óptica de todo cuanto en la música de Doña Francisquita es imaginación HORA A S i después, al proyectarse la cinta, nos encontramos con la misma obra que aplaudimos en los escenarios teatrales, podremos decir que la buena intención salva a los realizadores. Porque ellos sabían hasta dónde querían llegar, aunque se hayan quedado en el camino. Por causas imprevistas y ajenas a la voluntad de la Empresa. $i L o verdaderamente importante para el futuro del cinema es que los realisadores sepan lo que quieren hacer en vez de empeñarse en hacer lo que no saben. Y que cuando se equivoquen, cuando les salga teatro fotografiado, no se molesten con los críticos que señalen su acierto. Porque un acierto innegable es poner la bala donde antes se puso el ojo. T estas pequeñas tragedias de nuestro pobrecito cinema podrían arreglarse fácilmente si entre nosotros existiera el escenarista responsable. Porque escribir un escenario para la pantalla es una cosa sencillísima para quien conozca las posibilidades de la cámara y del micrófono; pero es la cosa más difícil del mundo para los señores que se obstinan en honrar la pantalla con un prestigio adquirido al margen del cinema Para graduarse en cmematogrífica no basta asistir como oyente a algunas clases, matando en la penumbra de la sala el aburrimiento de unas horas perdidas; hay que seguir el curso completo, como alumno oficial de una asignatura que absorbe toda nuestra atención. Y aun así... ODAS los que vamos al cine todos los días, como espectadores, como aficionados incondicionales, no conocemos ni de vista a muchos de los señores que creen tener en sus manos los destinos del cinema español. Y aspirar a obtener rendimientos de un negocio que se desconoce y de un arte que se ignora, cuando no se desprecia, es tan absurdo como lanzar al agua un anzuelo sin cebo. Porque la persuasión no ha sido minea eficaz como procedimiento de pesca. OSOTROS, N C UÁNTAS veces se ha dicho ya que el cinema no puede ser un negocio si no es también un arte? Todo lo rudimentario que quieran sus enemigos, pero arte. Y no será tan deleznable ni estará tan al alcance de todos un arte que se resiste a los que le hacen el favor de descender hasta él brindándole su- protección a cambio de unas miserables pesetas. E L cinema no puede seguir más tiempo viviendo del préstamo usurario, f En España, que hemos creado ya todos los elementos que necesitamos- -directores, actores, camcramen arnuitectos, escenógrafos, hasta ingeni eros del sonido- wos falta lo más importante: él escenarista. He los elementos c memaíográiScos de buena ley con los que no pertenecen a él y le son Y hace falta cubrir esta vacante con nombres desconocidos que traigan al cinema extraños y nocivos. L a película pudo ser una maravilla, porque el director explotó la la novedad de su inquietud llena de promesas. riqueza del ambiente en que se desarrollaba Porqué entregar la incógnita de nuestra, prola acción e hizo un poco protagonista el paiducción a los valores gastados en oirás lusaje, que c ebe ser siempre el primer cuidado: chas, nos parece- el peor camino para un arte porque buscó hábilmente, con ojos de pintor que entre nosotros está siempre empezando y de fotógrafo, los ángulos de visión; pora nacer. que el camcraman acertó a viajar con l a Y nadie como el escenarista, saturado de máquina, cuyo movimiento enriqueció de cinema para traducir en imágenes la licontinuidad y de minuciosidad el dinamisteratura, propia o ajena, que aspire a proyecmo de la acción, y porque se confió, con un tarse en el rectángulo de aluminio- -A. B. buen criterio de cine mudo, al poder expresivo de las cosas inanimadas, de los objetos, de un cigarrillo, de una flor, de un anillo, de una escalera, de una gorra, de una babucha, el comentario y la explicación formal, de hecho, de bulto, sin palabras, de los sucesos dramáticos. Pero, ay! que el asunto era de comedia psicológico- sentimental, muy H e de insistir una vez más en lo mismo. parecido al de la novela de Mauppassant Perdóneme el lector; mientras ciertos erroFort comme la mort, y al del drama de M a u res del film no cambien, sino que empeoren rlce Donnáy L Autre danger, y lo psicolóaumentando, no tengo m á s remedio. M e regico, cuando no se perdía- -menos mal, c i fiero a ia intromisión de la música, con un nematográficamente hablando- interrumpía criterio de ópera antigua y de zarzuela grany aquietaba la acción, m á s aquietada a ú n de- -el- dinamismo de ía opereta es otra cosa, por una romanza sentimental de la protagoasí entiéndase por aquello las romanzas y nista, que l a primera vez venía a cuento y los dúos sentimentales- y al elemento psise dejaba oír sin cortar el viaje de la cinta, cológico del teatro analítico, de los llamados y cuatro o cinco veces m á s estaba absolu dramas de almas que vienen a retardar tamente fuera de lugar, entorpeciendo el el tiempo del cine. Una película que acadesarrollo lógico y animado del film. P o r bo de ver, Luces del bórforo, que pudo ser si ello era poco, en ésta como en otras ciny no es mía producción magnífica, me sutas, cuando el piano parecía acompañar la giere estas reflexiones. canción, escuchábanse los sones copiosos de E l fracaso de público- -justo fracaso- -del una orquesta, cayendo en el más inútil y cine, solamente hablado, es algo que no nemás absurdo de los convencionalismos. Y he cesita m á s demostración que los hechos. aquí, una vez m á s cómo una buena cinta Sólo las bufonadas, desde luego saladísimas, se perdía por culpa del teatro extático, de de Stan Laurel y de C l i v e r Hardy, que son la reiteración de. los motivos sentimentales bufonadas en acción y pertenecen al cine y de la quietud de una romanza de ópera mudo, logran entretener sin música, a los vieja, opuesta a l a vivacidad expresiva del espectadores que gustan del género cómico verdadero cinematógrafo. intrascendente, falto de la virtud. de la sátira y de las calidades inteligentes del humorismo. L a voz hablada, donde no se le- FELIPE S A S S O N E permite sus inflexiones naturales y vivas, sé deshuman iza en la máquina y adquiere un tinte obscuro, profundo, y metálico, en francos contrasentido y desproporción con las figuras humanas. Se llevarán a la pantalla los ruidos, contribuían a la sensación de Tres de las grandes estrellas de realidad, y la música que le prestaba un nuevo encanto, ya que la voz cantada, se reproHollywood comenzaron su carreduce mejor y devuelve todas sus inflexiones ra de modo análogo y modulaciones y los timbres de la orquesta aparecen casi iguales a sí mismos en Marlene Dietrich, Dorothea W i e c k y M i la reproducción del micrófono. Mientras era riam Hopkins, tres de las. estrellas más famúsica de o p e r e t a comentario ágil que mosas de las que brillan en la actualidad en acompañaba a la acción sin detenerla, todo Hollywood, comenzaron su carrera de modo iba bien; hasta la música seria, como la de muy semejante. Schubert en Vuelan mis canciones, llegó a L a primera, cuya más reciente interpreservir, bien aplicada v distribuida, para dar tación es la que hace en el film Catalina, la al film un valor de arte, un suave engaño Grande, película que siguió a El cantar de de belleza extraña, logrando escamotear los los cantares, estudiaba para violinista, cuandefectos que, desde un punto de vista purado, por haber perdido los músculos de l a mente cinematográfico, no hubieran podido mano la flexibilidad necesaria, dejó la m ú disimularse sin el aditamento musical. Pero sica por el teatro. cuando se confió demasiado en la voz del L a segunda, que tan resonante triunfo cantante o en l a fácil belleza sentimental de acaba de alcanzar en Canción de cuna, es la melodía, y se repitió ésta, dos, tres, cinco hija de una gran pianista y parecía destinaveces, hasta la saciedad, deteniendo la acda a emularía, cuando el gran empresario ción y el movimiento dramático para que la M a x iReinhardt lá contrató por cinco a ñ o s figura cantase v el espectador se adurmiese para su compañía teatral. aí arrullo de la cantilena se traicionó el verdadero sentido del cinematógrafo. Se E n cuar. o a M i r i a m Hopkins, a quien veconvirtió en teatro mato, en ópera vieja y remos en Dos hombres fiara wia mujer (tíen opereta sin agilidad. Y cuando a eso se tulo provisional) y en Cuanto soy, es tamagregan las psicologiquerías -perdonadme bién, como Dorothea Wieck, hija de una noel vocablo en gracia a su exactitud- -del table pianista, y, como ella, se sintió arrasteatro extático, de ese teatro analítico, de trada por irresistible vocación al teatro. esas comedias de conflicto interior, anímico, que han menester de la explicación retardaActividad en los estudios taria de la palabra, entonces se rompió el ritmo cinematográfico, se perdió e l tiemLouis Gasnier rueda en los estudios de no del film, que era el secreto y la virtud Joinville una nueva versión de Fedora, el inolvidable del arte de expresión muda. drama de Victoriano Sardou, tantas veces llevado a la pantalla. E l reparto está integrado por M a r i e Bell, Ernest Ferny, Henry A l empezar esta croniquilla aludí a la peBosc, Paul Amiot, Francois Carrón, Jacques lícula Luces del Bosforo, y como es íitil de Feraudy, Louis Gautier, Alexanclre de predicar con el ejemplo, insisto en ello. E n Scriabine, Prieur, Elena Masón, M a r y G a pocos films como en éste, que pudo ser magnesco, Jean Toulout y Edith Mera. nífico, se ofrece tan a las claras el choque EL TIEMPO DEL CINE CINE GRAMAS irroinriuntir Tiran m u l l i r nniinliftraf- lniTiBMIlfiliimín IHITI nnniiTimnEmB
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