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MADRID- SEVILLA 25 D E FEBRERO DE 1934. NUMERO EXTRI 0.20 CENTS. REDACCIÓN: P R A D O D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES í DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O TRIG É S I M O NUMERO 9.606 A N U N C I O S MUÍfOZ O L I V E C E R C A N A A I E T U A N SEVILLA QUÉ E n la Gaceta de ayer hay un tercio de página edificante y revelador. Ocupa este espacio una orden ministerial de Gobernación interpretativa, aclaratoria, reguladora de la ley de Secularización de Cementerios de 30 de enero de 1932. E n esta orden, D Diego Martínez Barrios, que la suscribe, previene a los gobernadores civiles que en los casos en que exista el temor fundado de que con motivo de la celebración de un enterramiento religioso puedan surgir alteraciones del orden público, las autoridades locales respectivas regularán el ejercicio de tal derecho en cada caso concreto Y por si la prevención estuviese poco clara y concreta, en el preámbulo expositivo de. tal orden se previene que aunque es indudable que los familiares del difunto tienen perfecto derecho a que se celebre el entierro religioso, es más ¡perfecto aún el derecho de la autoridad competente a impedir l a celeberación pública de la ceremonia religosa cuando estime que pueda aparejar desórdenes Queda confirmada en esa orden l a sorprendente doctrina jurídica y el más sorprendente concepto democrático de que regulen el ejercicio de derechos cívicos reconocidos en las leyes las autoridades locales puramente administrativas y políticas, sin más limitaciones n i responsabilidad que consultar en caso de duda al gobernador civil respectivo. Queda así un sagrado derecho ciudadano a merced entera de los alcaldes. Jamás el ejercicio del caciquismo tuvo en documento oficial, con la agravante de publicidad en l a Gaceta, consagración tan solemne. Aparte eso, la orden ministerial del señor Martínez Barrios presta consagración no menos solemne a un concepto del orden público que subvierte toda la organización y jerarquías del Estado, aun dentro del régimen más democrático que pueda imaginarse. A n t e el ejercicio de un derecho, ¿quién puede lícitamente intentar impedirlo, con amenazas de violencia y alteración del orden público? S i lo hay, si un grupo mayor o menor de ciudadanos, colocándose fuera de la ley, quiere imponer su voluntad o su fanatismo, ¿cómo la autoridad local y la gubernativa provincial pueden allanarse tan sencilla e irresponsablemente, como previene l a orden ministerial, al arbitrario intento de unos individuos o un grupo o una muchedumbre, que con coacción, con amenazas a 3 a autoridad y a otros convecinos- -que ya son delitos calificados- -impiden que el derecho se ejercite y la ley se cumpla? A u n imaginando que jamás un alcalde, n i un gobernador tomen como pretexto una supuesta o fingida amenaza de alteración de orden público para darse aires de izquierdismo y de absolutismo, a la vez, resultará en todo caso que los que ejercerán una acción gobernante, amparados en la orden m i nisterial del Sr, Martínez Barrios, serán los que amenacen alterar el orden público si no se accede al capricho. Y el alcalde y el gobernador ejercerán una función al dictado de poderes ilegales, irresponsables y en realidad inexistentes. ¿Es esto el orden público? i Qué recurso queda para defender su derecho al ciudadano o al grupo o muchedum- ES E L O R D E N PUBLICO bre de ciudadanos a quienes hasta en la ley laicizante se les autoriza a celebrar una ceremonia religiosa? ¿Qué medios para exigir responsabilidad contra el gobernador o el alcalde, que supusieron falsamente una posibilidad de alteración del orden público, para imponer su criterio sectario e impedir el ejercicio de un derecho? Y de esto, del amparo ai derecho ciudadano y de la defensa de la ley, que es el verdadero orden público, no dice una sola palabra la orden ministerial del Sr. Martínez Barrios. LA SITUACIÓN P OL IT ICA E l presidente del C o n s e j o declara q u e n o hay motivo de crisis Manifestaciones Gobiernos faltan del señor Si Leme r r o u x E n estas C o r t e s s ó l o h a b r á minoritarios. las a s i s t e n c i a s p a r l a m e n t a- rias, m e iré; p e r o n o v e o la n e c e s i d a d d e Ja s u b s t i t u c i ó n Madrid. E l jefe del Gobierno recibió a los informadores momentos antes de retirarse de la Presidencia, a las ocho de la noche. -N o tengo noticias. ¿Y ustedes? -Tampoco. E n cambio continúan, cada vez con mayor intensidad, los rumores en torno a la crisis. -Pues digan ustedes a sus lectores que el martes celebraremos Consejo de ministros, por la mañana; que iremos a la sesión deportes, por la tarde; que el miércoles habrá sesión, el jueves Consejo en Palacio y sesión, el viernes sesión... y así sucesivamente. -Entonces, todas esas cabalas que se hacen acerca de su propósito de presidir un Gobierno de centro derecha, y de la crisis que va a producirse en la semana próxima, ¿carecen de fundamento serio? -E n absoluto. Son palabrerías sin valor. Y o he dicho repetidas veces que ocupo el Poder para- realizar una política sincera, patriótica y republicana y que, sin excluir ni rechazar a nadie, sigo mi camino con arreglo al plan trazado en la declaración ministerial que leí ante las Cortes, cuando el Gobierno se peresentó a ellas. N i derecha n i izquierda. Repito que este Gobierno ha venido para desarrollar una política patriótica y nacional Somos; trece hombres con un solo pensamiento y un noble propósito, dispuestos a no tener discrepancias n i desavenencias. -Bien. N o hace usted distinción de derechas e izquierdas. Pero, ¿le pasa lo mismo a algunos ministros? ¡Pero qué derechas ni izquierdas, ni qué cuento es ese! -replicó con viveza el Sr. L e r r o u x- Eso es absolutamente i n exacto. E n el seno del Gobierno no hay tal distinción. Hemos requerido, en el Parlamento, la asistencia de aquellas fuerzas que sientan, como nosotros, los mismos anhelos y las mismas necesidades del monscuto que v i v i- mos. Y eso es todo. S i esa asistencia nos falta y somos derrotados, nos iremos y en paz. A h o r a bien: a este Gobierno le sucederá otro del mismo tipo, con lo que no veo la necesidad de que nosotros nos vayamos. D e suerte que realizamos la obra que nos proponíamos y buscamos, en el Parlamento, la colaboración de quienes nos ¡a quieran prestar, de buen grado. Y conste que en estas Cortes no caben más Gobiexnps que los. Gobiernos minoritarias. Y o sin claudicaciones, busco las coincidencias que juzgo necesarias y si fuéramos derrotados, apoyaríamos al Gobierno que nos sustituyera en idénticas condiciones con que ahora nos apoyan a nosotros; coincidiendo, sin claudicar, en aquellos puntos que entendiéramos fundamentales, siempre que tuvieran par con nuestros postulados. Ayer mismo- -siguió el presidente- -logró el Sr. Prieto el aplauso de las derechas, porque aquél y éstas coincidieron en un c r i terio nacional. L a conversación del Sr. L e r r o u x y los informadores volvió al tema de las posibles disidencias en el seno del Gobierno, y el presidente insistió: -N o hay tales disidencias. P a r a que vean ustedes que no las hay les diré que esta tarde han estado aquí dos de los ministros a quienes se señala como de esa tendencia izquierdista para estudiar conmigo y los señores Del Río y Estadella el plan de presupuestos extraordinarios destinado a reme, diar el paro forzoso; problema que a todo? nos preocupa hondamente. ¿Llegaron ustedes a un acuerdo concreto en las cifras? -N o Se trata de un trabajo muy laborioso y necesita mucho estudio. Además se iría desarrollando en etapas sucesivas. A l tiempo de despedirse, los periodistas insistieron: -D e modo, que no hay crisis total, n i parcial, ni cambio de rumbo en la orientación del Gobierno. -E x a c t o S i algún ministro discrepara del plan d 1 Gobierno, yo le sustituiría. Pero nada más. ¿E l presupuesto se presentará a las Cortes el ¡próximo miércoles? -Sí. E l jefe d e Ja minoría r a d i c a l d o n Emiliano hay favorable Iglesias, al confirma que en ella un estado d e opinión c u m p l i m i e n t o d e la voluntad nacional Ayer visitamos a D. Emiliano Iglesias. Deseábamos conocer su opinión respecto a la actitud que se atribuye a la minoría radical. ¿Es cierto- -preguntamos- -que existe un documento suscrito por numerosos diputados de su minoría, para afrontar a fondo el pleito político en la próxima reunión? -N o conozco ni sé nada de tal documento; pero no puedo negar que hay un estado de opinión, cada vez más compacto, que no admite en modo alguno ingerencias extrañas al partido ni en su orientación nri en su conducta. -Bueno, acláreme usted eso de una manera más concreta. -Pues me parece que está bien claro. E l partido ha mantenido enfrente del GobierjgS