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remordimiento españc. 4 del niño abandonado o del niño tratado como hombre en proyecto. Hablemos al niño como él quiere que le hablemos, y procuremos una educación amable y comprensiva, una educación que eduque como si no se educara. Nunca tuvo la Humanidad tantos medios. CESAR G O N Z A L E Z- R U A N O INTERMEDIOS C o n t r i b u c i o n e s a! a H i s t o r i a E n Historia hay que optar entre lo anecdótico y lo general. H a y quien se limita a exponer hechos sin aparente ilación, dejando a otros el cuidado de agruparlos en series, y quien ambiciona reflejar vastas síntesis o conjuntos. Es la diferencia que separa el cuadro de la pintura mural. Esa distinción se hace visible examinando las obras de arte de la Capilla Sixtina. E n los ángulos vemos las figuras aisladas de los evangelistas, y arriba, en la bóveda, se nos muestra, con la noble teatralidad que pide el caso, el imponente espectáculo del Juicio F i nal, tal como lo ha interpretado la ingenua fe del artista. L o anecdótico y lo general son, naturalmente, partes de un todo que pretende ser una reconstrucción del pasado. ¿Hasta qué punto realiza el historiador ese fin? Decía lord Macaulay que, cualquiera que sea la orientación filosófica del historiador y por muy escrupulosamente que trabaje sobre hechos más o menos auténticos, su obra ocupará siempre la categoría intermedia entre la poesía y la novela. ¿P o r qué? L a respuesta se viene sola a la pluma: porque en cuanto encuentre obscuros los acontecimientos y Fe le presenten lagunas, que la experiencia de sus precursores no pudo llenar, se ayudará de la fantasía para suplir aquellas deficiencia. s. E s inevitable. S i la realidad actual se resiste a dejarse capturar por nuestra observación, ¿cómo vamos a poder dominar la caudalosa corriente que nos viene del pasado? E l río es siempre más navegable que el océano. Culto y modesto, D Natalio Rivas no ha querido salir de lo anecdótico. Es un hombre inteligente, que nos cuenta lo que sabe y lo que ha llegado a él por la vía epistolar, sin meterse a inferir, de los hechos un sentido filosófico. Su posición no puede ser, pues, más simpática. N i siquiera pretende ganarnos a su causa operando sobre nuestras convicciones. A l revés de otros publicistas, que imprimen a sus opiniones un acento dogmático francamente inadmisible, Natalio Rivas se contenta con despertar nuestra curiosidad sobre personas, acontecimientos y cosas que a él le han impresionado de diversa manera. E s en suma, lo contrario de un pedante. Esa circunspección intelectual hace que le leamos desprevenidos y confiados, porque sabemos de antemano que el escritor no aspira a conseguir nuestra adhesión filosófica o política. Se trata, lisa y llanamente, de un hombre de clara inteligencia, estudioso y prudente, que se resiste a reservar para sí lo que ha aprendido en la frecuentación social y en los archivos que el azar o! a afición a lo desconocido histórico pusieron a su alcance. Su estilo, sobrio y transparente, de un castellano casi familiar, es un atractivo más para que le leamos. Que no se nos pregunte si lo que nos refiere el Sr. Rivas es interesante o no. Eso depende de nuestros gustos y del punto de vista en que nos coloquemos. A mí, que nunca consideré la política sino como un deporte, en el que el éxito suele ser de los más astutos y perseverantes, la Historia no me apasiona más que la novela o que el teatro. E s una ficción honestada con nombres propios, que el escritor emplaza, no intemporalmente, como aquellos géneros, sino dentro de ciertos límites o jalones que le impone el calendario. Se ha dicho que la Historia es maestra de la vida. Es posible. E n todo caso su valor docente no dependerá de la importancia de los personajes que intervienen en ella, sino de su fondo humano. E n todo tiempo el hombre ha reaccionado lo mismo a la fuerza de sus pasiones y a los estímulos exteriores. E s una táctica defensiva que procede de sus orígenes zoológicos, alumbrados por su experiencia intelectual. Su conducta depende unas veces de su temperamento, otras de las circunstancias y a menudo d c esos dos factores reunidos. Nelsón, en Santiago de Cuba, y con la escuadra que mandaba Cer vera, no habría obtenido resultados más bri- liantes que el marino español. Natalio Rivas no disimula, dentro de sus curiosidades históricas, una marcada predilección por una época, que a mí, personalmente, me parece poco interesante: es aquella que va desde la muerte dé Fernando V I I al destronamiento de doña Isabel II. F. se período, de una pobreza épica lastimosa, no atrae al historiador por el volumen tic sus acontecimientos, sino por el relieve moral de algunas personalidades mal conocidas y un poco calumniadas por la ignorancia de las gentes. L o que se propone, pues, el señor Rivas, sin decirlo de una manera expresa, es su rehabilitación. E l ilustre ex m i nistro, que Ha visitado archivos y ha examinado papeles de fidedigna autenticidad, nos exhorta amablemente a atenuar la severidad de nuestros juicios y la contundencia de nuestros fallos sobre hombres y acontecimientos que la leyenda ha deformado. E s una empresa nobilísima, que podrá pasar inadvertida para los indiferentes, pero que un espíritu ponderado no puede menos de aplaudir... Las páginas del Sr. Rivas servirán, seguramente, al historiador de jalones para orientarse con más claridad en una época confusa, que ya pretendió resucitar Galdós en algunos de sus Episodios, pero que todavía está por estudiar. E l culto ex ministro no ha pretendido otra cosa. Pero es posible que, aun siendo sus designios tan desinteresados, le abran, en día no lejano, las puertas de la Academia de la Historia. Otros escritores, con menos afición al estudio y menos entusiasmo por el porvenir nacional, han tomado asiento en aquella docta Corporación. Y o me permito aconsejar al Sr. Rivas que ponga los puntos a ese honroso ascenso, ornato indispensable de los que, como él, han servido a la Patria desde la política activa. A su edad lo decorativo de la vida compensa de muchas decepciones. MANUEL BUENO- El asesinato de! general Sandino. El caudillo nicaragüense general Aug 11 sto César Sandino, (i) asesinado por unos soldados en Managua. Al mismo tiempo que el general Sandino fueron muertos stt hermano Sócrates, el ayudante del cabecilla, Pedro Umanser; los coroneles Juan Forette y Santos López v un niño de diez años. Sandino está aquí con el. presidente Sacasa (2) en la famosa entrevista que ambos tuvieron a raíz de cesar el primero en su hostilidad contra eGobierno. (Foto Prensa Española. 1
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