Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
helada igualdad en la Rusia soviética. Allí StsSi es. tan inaccesible y tan autócrata C ÍMO los antiguos Zares, y allí los obreros y los campesinos son como humildes esclavos ante la inquisitorial vigilancia de la Cheka o la autoridad indiscutible de cualquier comisario del pueblo. En suma, que están en crisis todos los ídogmas democráticos y libertarios del siglo xix. E l sistema parlamentario ya resulta inservible para afrontar y resolver los grandes problemas sociales y económicos de nuestro tiempo. H a fracasado igualmente el socialismo, esa utopía ruinosa, en casi todos los países. Y acaso una de las razones que en la nueva Europa va dando su arrollador triunfo al fascismo y al nacional- socialismo es haber dado al traste con los mitos engañosos de la libertad y de la igualdad para substituirlos por el Estado fuerte y unitario en el que impera la jerarquía, base del orden y de la disciplina. ALVARO ALCALÁ G A L I A N O UN LIBRO IMPORTANTE El separatismo vasco- catalán favorece a España Don Ramón de la Mar ha tenido la bon ¡idad de enviarme un ejemplar de su libro El separatismo vasco- catalán favorece a España. i E l Sr. De la Mar es un desengañado; un escéptico, al cual tanto le importa la República como la Monarquía, el parlamentarismo como la dictadura, la unidad del patrio solar como su rompimiento. No tiene fe en ningún político; la misma desconfianza le inspira Lerroux que Maura, Azaña que Gil Robles. Y así todos los políticos españoles. Llámense como se llamen; sostengan estas o aquellas ideas. Se enfrenta con el particularismo vasco, que para el Sr. De la Mar es exactamente igual al catalán, y lo jue cabe decir de éste se puede aplicar a aquél, sentando esta terrible afirmación: E l anhelo de una gran mayoría del país a separarse total, absoluta y radicalmente de España es un hecho cierto e indiscutible. Los que en el país vasco vivimos; los que en él hemos nacido; los que tenemos abuelos, etc. vascos; los que con vascos hablamos diariamente, sabemos que aquí son rabiosamente- separtistas todos los innumerables convecinos que lo proclaman y... ¡un enorme número de los que lo ocultan! ...Tampoco hay que ocultar que el número de separatistas aumenta sin cesar y en progresión geométrica. Lo mismo, exactamente lo mismo podría decirse de Cataluña sin faltar a la verdad. El, Sr. De la Mar, que ni es unitario ni autonomista, cree que a los vascos, como a los catalanes, les. conviene vivir unidos a España; pero si, a pesar de esto, se empeñan en separarse, se les debe conceder la independencia. No se resuelve el problema vasco ni el catalán con el régimen unitarista ni con la autonomía. L a solución es cortar por lo sano, y el que se quiera ir que se vaya. Nada de imponerse a tiros. Separación y fronteras. ¿Que la administración vizcaína es desastrosa en los tiempos actuales y lo ha sido siempre? Pues si la mayoría está así a gusto, ¿qué puede importarle al Estado? ¿Que los vascos quieren redactar sus escritos, incluso, claro está, los oficiales en éuskera? ¡Pues que los redacten! Harán con ello- -dice D. Ramón de la Mar- -traición a su historia, porgue, puedo asegurarlo, ni de los tiempos más remotos se conoce un solo documento oficial redactado en- éuskera. Pero si ahora la mayoría de los vascos quiere que se redacten en éuskera, ¿con qué razón puede nadie oponerse? E l Sr. De- la Mar, hablando así, parece contagiado átV m enfutisme y simplicidad del Sr. Azaña. para zafarse (no resolverlo) de problemas tan serios y complicados corno los separatistas de Cataluña y Vasconia. De aceptarse el criterio del Sr. De la Mar, podría llegarse a tal atomismo, que España. no fuese una nación, sino un cantonalismo o conjunto de organizaciones minúsculas más o menos civilizadas, o de tribus sin nexo alguno que los uniera, más o menos inclinados al despotismo y a la barbarie. Hay, sin embargo, en la indiferencia del Sr. De la Mar una confesión que le ha de- hacer simpático a. todo buen español y rabiar de despecho a catalanistas y a separatistas vascos. Dice así: Sin negar las excelencias de la éuskera, ni lo he hablado, ni lo hablo, ni pretendo hablarlo ni que mis hijos lo hablen... En cambio, he procurado aprender y que mis hijos aprendan francés e inglés, además, claro está, del castellano, que es el idioma que en mi casa, como en la mayoría de las de Bilbao, y probablemente de las de V i z caya, se habla. E l Sr. De la Mar no reniega de su idioma vernáculo, pero reconoce que debe arrinconarse, como los candiles, y dar paso a la luz eléctrica. En este caso la luz eléctrica es el conocimiento de los grandes idiomas por su difusión y utilidad para la cultura, viajar y comerciar. Dice el Sr. De la Mar que los vascos no se contentarán con una autonomía igual a la de Cataluña. Quieren la independencia pura y simple. Lo mismo digo yo respecto de los catalanes, hipócritamente autonomistas. Y a se ve lo que ocurre- -escribe el señor De la Mar- -con la absurda autonomía concedida a Cataluña por la idiotez de Azaña; ¡qué podrá saber este pobre covachuelista de estás cosas! L a autonomía de Cataluña no es equitativa. Aparte de otras ven- tajas, de las que ya he hablado, tiene con la autonomía un trato de favor verdaderamente irritante... Pues, a pesar de ello, que sitúa a los catalanes en la situación más privilegiada de España, insisten en pedir la independencia absoluta. Hagamos aquí una aclaración, Sr. De lá Mar: los catalanes que piden laindependen- ciá, por ahora son pocos; que lo desean y se. lo callan, sin dejar de trabajar por ella, son muchísimos. Cuando les convenga y puedan la pedirán a gritos o se la tomarán. De algo les ha de valer el Estatuto. Continúa el Sr. De la M a r Y con los vascos, seguramente, ocurrirá lo propio, por muy amplia y para ellos ventajosa que sea la autonomía. ¡Se les ha metido en la cabeza la idea de ser absolutamente independientes de España y no parecen dispuestos a cambiar de opinión! Con la autonomía, dentro de la unidad constitucional española, no se resuelve el problema. Como tampoco se ha resuelto en Cataluña; la verdad es lo contrario. La parte más interesante del libro de don Ramón de la Mar es la consagrada a averiguar si la independencia de las regiones vasca y catalana perjudicarían o favorecerían a España. L a amplitud de ese estudio y las dimensiones que ha de tener este artículo no nos permiten comentarlo con la extensión que se merece, ni apenas ligera y brevemente. Con números y datos el Sr. De la Mar demuestra que la independencia de las dos regiones ingratas y descastadas favorecía a España. Los grandes favores que de España recibimos constantemente los vascos- -dice el Sr. De la Mar- -se anularían en el instante en que dejáramos de ser españoles. Estos favores son de tres clases, a saberí Concierto económico, frecuentes concesiones en metálico que hace el Estado a Vasconia y, ante todo y sobre todo, el arancel de Aduanas. Eri virtud- del Concierto económico los vascos pagan al Estado contribuciones mucho más reducidas que los demás españoles. E 1 Estado les favorece con subvenciones que no son despreciables. Entre otras, y de las últimas, la de cinco millones de pesetas que debe recibir la Junta de Obras del Puerto de Bilbao; al Ayuntamiento de Bilbao no hace mucho se le concedieron cuatro millones de pesetas para escuelas; al coste de nuevos puentes contribuye el Estado con cuatro millones de pesetas; en primas de navegación, con otros cuatro millones al año; con otros cuatro millones para mejoras en los puertos de Bermeo y Ondárroa, y otras y otras muchas gangas que pesan sobre los españoles que no quieren separarse. Párrafo aparte: cuando quebró Crédito de la Unión Minera, para pagar a sus acreedores le faltaban 6o. millones de pesetas. Estos 6o millones se cargaron a los españoles y los vascos cobraron. ¡Y aún son separatistas! Lo natural sería que ante ese favoritismo, en Cuenca, en Andalucía, en Galicia, etc. salieran separadores. Y no salen... Pero el beneficio extra de los vascos lo constituye los Aranceles. Gracias a éstos, en Vasconia se han creado numerosas industrias, que viven de tarifas casi prohibitivas. El monopolio arancelario les garantiza de posibles pérdidas. Esta ganga la paga el resto de los españoles. Por medio del Arancel- -dice el Sr. De la Mar- -el Estado PROHIBE que los españoles compren en otros países lo que nosotros producimos, y obliga a los españoles, a los que aquí consideramos como verdugos de Vasconia, y sólo para que los vascos podamos comer, ¡no me cansaré de repetirlo! a que nos paguen precios más elevados que los corrientes en el resto del mundo. Vasconia independiente se convertiría en un país humilde que sembraría patatas y comería patatas pues separada de España, ésta no protegería sus industrias. Los españoles comprarían mucho más barato en el extranjero. ¿Qué perdería España con esto? Muy poco. L a pérdida del mercado de Vasconia carecería d importancia ante la. espléndida e producción agrícola v í a Península. Es de saber que por cada millón de pesetas que Vasconia compra a España ésta compra a aquélla cuatro millones. De la protección que España dispensa a la industria vasca salen perjudicadas las demás regiones, contra cuyos productos, en natural reprocidad, le; extranjeros levantan ba. -ras arancelarias. España- -escribe el Sr. De la Mar- -saldría ganando mucho con la independencia de Vasconia. Ganaría tanto, que, si mirara serenamente esta cuestión, impondría esa independencia, aunque los vascos no la quisieran. El Sr. De la Mar, liberal e individualista, se declara partidario de la independencia de los vascos, puesto que éstos lá quieren, con lo cual España hacia un gran neeocio; ¿Qué perdería? Unos kilórnptrr; de territorio y unos miles d habitantes. ¡Bah! Eso es cuese tión de estadística. En cambio, la situación económica de España mejoraría. Pongamos un paradigma: A un padre se le quieren marchar los hijos de casa; es ¿oloroso, pero si los hijos le dan disgustos y además le arruinan, que se vayan enhorabuena. Este es el caso de España con Vasconia. L a solución es que aya. Lo mismo, según el Sr. De la Mar puede decirse de Cataluña. Si ésta se quiere ír, que despliegue velas, y viento en popa. Desde e- l punto materialista con que don Ramón d la Mar ve los problemas nacionae listas d Cataluña y asconia, t, l vez tenga e razón; pero sobre la materialidad del problema hay valores morales de tal naturaleza para las naciones, que, de no tenerlos en cuenta, no pueden vivir con dignidad. r r r ADOLFO M A R S I L L A C H
 // Cambio Nodo4-Sevilla