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Inauguración del nuevo domicilio social de Renovación Española. tradición de pueblo de mendigos? H e aquí una obra de patriotismo, a la que debemos de cooperar todos. U n pueblo como el nuestro, que tiene una aptitud tan relevante para fingir- y caracterizar miserias, que puede ofrecer una antología de lamentos y de llantos que no le brotan de su propio dolor, cor r e el riesgo de convertirse definitivamente en un pueblo miserable. FRANCISCO D E C O S S I O F RA II LEÍ N DOLLFUSS Signo de los tiempos! ¿No la habéis visto en las fotografías que han publicado en estos días todos los diarios de E u r o p a U n a niña de tres o cuatro años, encantadora, liudísima, roda vestida de blanco, por dentro y por fuera; por dentro, con la deliciosa inocencia ingenua de su edad; por fuera, sin duda por el luto de una madre que. le falta. N o necesitaba ir de blanco para que todos supiéramos que esa pobre n i ñ a no tenía madre. De haberla tenido, ¿hubiera ella consentido que se paseara una niña de esa edaci por el dolor y a tragedia de una ciudad ensangrentada? No. Eso sólo se- le puede ocurrir a un hombre. Y esó está mal. Francamente mal. Despiadadamente nial. Hubiera sido Dollíuss, no el canciller, sino él jefe hereditario de un Estado, y ni aun así tenía derecho a sacar a una nina de la edad de su hija a contemplar el espectáculo que a ia fuerza habrán visto en estos días sus ojos inocentes con espanto y terror. Espanto y terror, que no podrán borrarse de la memoria de Fraülein Dollfuss, aunque llegue a centenaria. No. N o tiene disculpa ese gesto del m i núsculo canciller austríaco. ¿Qué ha pretendido con él í Demostrar su serenidad, su sangre fria? Es evidente que la ha tenido, y de ello puede enorgullecerse, pero sobraba ese alarde innecesario. L a misma serenidad hubiera demostrado recorriendo V i e na en plena revolución, y dejando a su hija en sujjRuarto de juego, con- sus muñecas y sus juguetes. ¿Quería con ese gesto prepa- En un magnífico piso de la calle de Villamtcva. número 4, se han inaugurado los nuevos locales de Renovación Española. Gentes de todas las clases sociales asistieron al acto, llenando por completo los amplios locales. El párroco de la iglesia d- c Santa Barbara, D. Cipriano Nievas, bendijo aquéllos. Una magistral conferencia del Sr. Gotcoechea (x) retvvo la atención de la concurrencia y fué subrayada con formidables ovaciones. (Fotos Zegrí. rar a su hija para un porvenir incierto de sangre y de lágrimas? Inútil pretensión. Los seres humanos no lograrán j a m á s entrenarse para el dolor. Y los niños, menos. L o único práctico, lo único cristiano en estos casos es ahorrarles el mayor tiempo posible de sufrimientos. ¿T e m í a quizá caer herido o muerto lejos de ella: ¡Egoísta ternura... ¿Y si eso hubiera sucedido? ¿Le hubiera acaso compensado el poder estrechar última vez contra el pecho el cuerpo frágil y menudo de su hija, de la trage dia que hubiera vivido para siempre esa pobre n i ñ a? ¿Y si hubiera sido lo contrario? S i hubiera sido la sangre de su deliciosa pequeñuela la que hubiera visto correr el canciller, ¿se lo habría Perdonado j a m á s? ¡Pobre Fraülein Dollfuss! ¡Pobres todos los niños a quienes les ha tocado serlo en estos tiempos! Tiempos de odios, de violencias, de amarguras y de dolor... S i los hombres no estuvieran locos y envenenados por un siglo largo de doctrinas disolventes, si miraran un poco hacia el fondo de sus almas y dejaran brotar el manantial de ternura humana que aun los peores ¡levan dentro, pensando en vosotros, en todos vosotros, ricos y pobres, poderosos y humildes, pero niños todos, todos sagrados, puede que sólo con eso se llegara a una tregua de paz y de sosiego en nombre de la ternura divinamente humana que vosotros represenfais. HONORIO MAUKA
 // Cambio Nodo4-Sevilla