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EL CASTELLANO CINE DEL U n a de las cualidades del cine más caras a los aficionados a la buena literatura es su sobriedad verbal. Y no me refiero sólo a la cantidad de los vocablos, aunque precisamente por no poder emplear muchos; ya que el dinamismo obliga al lenguaje a ser exiguo, ae convierta en virtud la necesidad. E l cine, gracias a Dios, no tiene m á s elocuencia que la de los hechos, por donde no cabe en él la torrencialidad espantosa de esos malos discursos hinchados, que másparecen soflamas y arengas de estilo curialesco y que suelen halagar el mal gusto de cierto publico aficionado a las frases detonantes como los salvajes a los collares con cuentas de colores. E l orador loro es siempre el predilecto del auditorio ganso. Pero, ni siquiera la retórica puede darse a sus anchas en una buena cinta cinematográfica. M e refiero a la retórica, claro está, en un sentido peyorativo; cuando es precisamente aquello que hace el escritor vacío para llenar con palabras bien sonantes su oquedad mental; cuando es insincera e inexpresiva, porque mal puede responder a la necesidad de expresar un pensamiento que no existe. Este engaño no prospera en el cine, donde a lo sumo t r a t a r á n de engatusarnos por los ojos y no por los oídos, y cuando a éstos llegue un mentido halago, será de música y no de palabras, que éstas quiere el cine que sean cuerpo y no vestido, substancia y no condimento, realidad y no apariencia. Pero como las películas en idiomas extranjeros han menester ante nuestro p úblico del letrero que traduzca el diálogo, en estas traducciones suele venir el peca- do, qué no es de elocuencia ni de retórica mala, sino de franco disparate. ¿N o habrá modo de salirle al paso, como salíamos antes, en nombre del ornato y de la cultura de la ciudad, lanza en ristre, contra las muestras y los letreros de las tiendas en que se estropeaba ci castellano? A h í es nada- ¡y, sin embargo, es mucho! -que en el letrero venga tan mal traducido el diálogo que el espectador no se entere de lo que pasa en la cinta; lo peor es que llegue escrito de tal suerte, con tales vocablos, que el público, ya de suyo no muy en sus trece en su lenguaje habitual, desaprenda lo poco que sabe y ensucie de falsas adquisiciones su pobreza idiomática. Y digo que el público en general no está muy firme en su burro, porque ni siquiera se ríe de ios despropósitos que lee, y, por el contrario, cabalga muy a gusto en los muchos borricos nuevos que le ofrecen los letreristas del cine. Palabra de contrabando que se nos cuela, palabra que se apropian, para no soltarla ya nunca, los malhablados; ahí están los ejemplos de destacar -ya en poder de literatos de campanillas- estructurar programar influenciar expansionar y otras lindezas por el estilo. Como si fuera poco oírlas y leerlas en artículos y en libros, las vemos en el cine, y ya sabrá calcular el lector que piense y razone por su cuenta qué clase de fetichismo puede originar en los adoradores asustados de la letra impresa la letra luminosa de la pantalla que viene de H o l- líwood. P o r eso importa, decirle al público que Hollywood no es precisamente la Meca del castellano. E n el último film de Lubistch, Un Z a drón en la alcoba, precioso, por cierto, desde el punto de vista cinematográfico, l a redacción- ¿castellana? -de los letreros pasa ya de los límites de lo tolerable. Allí, no sólo se disparata, sino que por ir a buscar vocablos al Diccionario, sin saber ir ni saber leer, se exagera y se tuerce la exactitud y se escribe intrusión, por intromisión, y se da el azote, propinado en el sitio donde l a espalda empieza a cambiar de nombre, su nombre verdadero, pero tan verdadero que resulta una verdadera grosería. E l director de la F o x Films, M r Horen, que reside en Barcelona, suele venir a M a drid a, comer con sus amigos, y en una de esas comidas dijo un día a los críticos cinematográficos que él agradecía todas las indicaciones y que trasladaba a Hollywood las censuras, para que las tomaran en cuenta. Pues bien; traslade estas líneas, haga el favor; a ver si en Hollywood quieren darse cuenta de la adquisición que hicieron con L ó pez Rubio, que cumplió el milagro, con sus letreros castellanos, de hacer buena y graciosa una película mala, como i último varón sobre la tierra, y desconfíen de. una vez de esos letreristas españoles, que olvidaron su idioma entre el inglés de ciertos yanquis y el castellano de ciertos americanos del Sur. Aquí hay gente a quien contratar, y no hace falta que sea un literato precisamente; con un modesto profesor de Gramática basta. P o dría conseguirse algunos muy baratos, y el favor sería doble: para el dómine modesto y para la Casa productora, donde no saben, español. FELIPE mañana SASSONE CERCfí DE de éxito sin precedentes, confirma la insuperable calidad y esmerada elaboración de los productos d e la Perfumería LA ROSARIO E L A B O N A R O M A S DE LA T I E R R U C A (UNA D E SUS CREACIONES) ha sido, es y será el predilecto de las damas de distintas épocas, tanto por su refinamiento exquisito y suavidad de aroma, como por sus sorprendentes efectos en la conservación del cutis, debido a la pureza de sus componentes P R O N A S OELPTIERRUTR PTC. 1,25 E V 4 VA L A R. OJ 7 AÜIO 1 ABONES. COLONIAS. P O LV O i S. A. SANTANDER JABÓN OE AFEITAR U O C- I O H E 5 E XTR A C T O S AT. AS -K m prosa Anwifiatlora.