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MADRlEfrSEVlLLA 3 D E MARZO DE 3 934. N U M E R O S U E L T O 10 C E N T S DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O T- R 1 GES 1 MO. NUMERO 9.61 1 REDACCIÓN: PRADO D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES X ANUNCIOS, MUÑOZ QUITE, CERCANA A TETUAN, SEVILLA DEL TIEMPO SENTE PRE- Malos días está pasando la democracia parlamentaria en el país vecino al que romo tributario de una cultura qu sólo ha conquistado aquí minorías, de una cocina que aprovechan los ricos y de una moda de vestir que adulteran l a mayoría de nuestras mujeres, f 1 predominio de l a masonería, A s o ciación de librepensadores vinculada a la política de Gambetta acá, ha sufrido un grav é quebranto. L a misma República que parecía inconmovible, porque había adquirido y a los vicios que aseguran la permanencia de un régimen en las épocas decadentes, empieza a cuartearse. E l francés de buena íe vuelve los ojos de un lado a otro y no encuentra el plantel de- hombres que pueda responderle de los valores morales que ha acumulado una civilización de siglos. L a nación, fatigada de los equipos de profesores y de rábulas elocuentes que l a gobiernan, sin otros títulos que el espaldarazo recibido en las logias, pide a gritos que se la redima de este bochornoso período de escándalos, que ha salpicado con su lodo a casi todas las mediocridades que promiscúan el foro y la tribuna parlamentaria. H a y que convenir, pues, en que han llegado para Francia momentos críticos. D e todas suertes no hay por qué mostrarse pesimista. Todo el país, en el que subsisten vivas dos virtudes, el patriotismo y el carácter, acaba por salir de todas las crisis y por recobrar su equilibrio. ¿Y q u i é n se atrevería a poner en duda las virtudes de ese magnífico pueblo tan acostumbrado al ejercicio de l a r a z ó n? A l a humanidad no la han sacado de ningún atolladero sus irreflexivos, por esta o aquella causa, sino sus idealismos conscientes; aquellos que antes de hacerse realidades han sido aprobados por la inteligencia. L o demás es ¡pasión, vesania. Francia, con todos sus problemas de mayor complejidad que los nuestros y de una m á s dilatada trascendencia, porque su volumen espiritual en el mundo es mucho más grande, nos lleva l a ventaja de conocerse, de saber lo que quiere y de sentirse capaz de lograrlo. Y o no digo que de esta hecha se deshaga de l a democracia, que es un sentimiento con demasiado arraigo en su clase media, pero de lo que se puede responder es de que en adelante ciertos fetichismos doctrinales, que puso en boga la revolución y que han dado de sí cuanto tenían, no seguirán informando las costumbres públicas. Y a se ha iniciado una poderosa corriente de autoritarismo, de sentido nacionalista, que se parece mucho al que ha regenerado a Italia, dispuesta siempre a invadir las alturas del Poder y a no entrar en pactos con la democracia masónica que está conspirando en E s p a ñ a utilizando el candor del Sr. Martínez Barrios para que el régimen vuelva a manos de los Azaña, Jos Casares Quiroga, los M a r celino Domingo y demás fatídicos personajes del izquierdismo ateo. A eso se va con la aquiescencia naturalmente de los socialistas, sin que las derechas, que un momento fueron dueñas de la situación, puedm ya impedir el curso y el desenlace de la tragicomedia. Y se va a eso oorque aquí no su: ede lo que en Francia. Nuestra situación es diferente. Aquí el patriotismo es una provincia de la retórica que todos visitamos alguna vez con la palabra o con la pluma y la inteligencia, o está en un prolongado barbecho, o se usa para todo menos para el Gobierno. M a l andábamos de estadistas en l a última década de l a Monarquía, pero aquellos hombres, comparados con estos pobres diablos de jacobinos que la democracia populachera lia levantado ¡sobre el pavés, adquieren l a talla de los gigantes. N o hay sino examinar lo que dicen én las asambleas políticas y lo que hacen en los departamentos ministeriales. A l paso que van las cosas pronto tendrá el ciudadano español derecho a preguntar: ¿Q u é suma de estolidez es indispensable para que un hombre sea ministro? P e r o no. es eso lo m á s grande. L o peor es el estado de espíritu del país. E n una isla están los que sólo piensan en el retorno de lo que se fué. Ellos no admiten que aquello sea recinquistable por etapas y siempre con el beneplácito expreso de la mayoría del país. ¿N o sería m á s prudente dejar a los muertos que entierren a sus muertos? U n régimen perdura por los ideales que realiza y por las ambiciones que satisface. L o primero en la presente República está ya tan en quiebra que varios escritores han podido hacer la afirmación, por nadie contradicha, de que los monárquicos no solamente trajeron la República, sino que la sostienen. É s o es, que no hay republicanos. Los pocos auténticos que pueden mostrar una hpja. de servicios limpia no están en el Poder ni en el Parlamento. r EL AUTOGIRO E n un archipiélago, el más extenso de nuestra Geografía política, acampan las fuerzas de la revolución; socialistas, anarcosindicalistas, sindicalistas y comunistas. Ocupan tiendas separadas, pero bajo una misma bandera. ¿Cuántos son en total? L a c i fra debe ser aterradora. Y los elementos de orden, ¿dónde están? Forque un país no se compone exclusivamente de señoritos, de proletarios y de estudiantes revoltosos que hacen su aprendizaje de estadistas disparando ladrillos sobre la fuerza pública. ¿Dónde estám esas otras clases sociales que. se rigen por principios coherentes, sensibles a los dolores y humillaciones que padece E s p a ñ a? Y si existen en alguna parte, ¿qué piensan de esta situación trágica e ignominiosa? ¿Q u é sacrificios están dispuestos a hacer por el patrimonio común, esto es por el honor nacional, por la fe heredada, por la familia, por la sociedad, ñor la justicia? E n todas las casas que yo frecuento oigo, la misma pregunt a Y esto, ¿cuándo se acaba... M i respuesta no v a r í a Y usted, ¿con qué y cómo contribuye a que se acabe... MANUEL BUENO. Suelen decir los aviadores ingleses que desde el día en que el francés Bleriot atravesó con un aeroplano el Canal de ia M a n cha, el acontecimiento más importante en la historia de la Aviación es la aparición del autogiro del S n L a Cierva. Para el público en general, que no conoce las razoncs. de los aviadores para entusiasmarse con el invento del Sr. L a Cierva, lo que le maravilla es ver despegar el autogiro en tan escaso trecho, aterrizar todavía en menos espacio y, disminuir la velocidad en vuelo, hasta que en algunos momentos se suspende inmóvil en el aire, como si no fuera más pesado que e aire. N o cabe duda de. que un aparato semejante será susceptible de numerosas aplicaciones, lo mismo para los trajines de l a paz que para los guerreros. Pero para l a E s p a ñ a espiritual, el invento del Sr. L a Cierva tiene una importancia que no depende de. sus aplicaciones ni de su utilidad, sino precisamente de lo que hay en esta obra de pura especulación, casi de puro juego. P o r que no se trata de la invención de un era pírico que a fuerza. de manejar un aparato cae un día en la cuenta de la posibilidad de manejarlo, cambiándole un tornillo. E l señor L a Cierva se ha sacado su autogiro de la. cabeza más que de l a experiencia. Y esto es lo importante. Su invención es la de un físico- matemático. L a de un hijo de nuestra gloriosa Escuela de Ingenieros de Caminos, la de un hombre que tuvo durante varios años la ocasión de dedicarse a las puras especulaciones de la física- matemática y que ha conservado el hábito de pensar deductivamente como el matemático, y que sólo por necesidad desciende al pensar inductivo. Nos vemos favorecidos diariamente los con innumerables cartas, en que lectores de A B C exponen iniciativas y observaciones, muchas de ellas oportunas y plausibles. N o s i é n d o n o s posible materialmente contestar a tan copiosa correspondencia, rogamos a nuestros comunicantes que reciban con estas l í n e a s nuestra disculpa y no interpreten a d e s c o r t e s í a la falta de respuesta particular. E l Sr. L a Cierva suele decir que ló que favoreció su invención fué que en los años de la gran guerra, que es cuando la estaba incubando, no se publicaban libros de A v i a ción, lo que le obligó a concentrarse en su propia manera de enfocar el problema, pues de haber conocido lo que entonces se hacía en el mundo acaso se hubiera quizá dejado arrastrar por la corriente general, que sólo resolvía con la velocidad el problema de l a estabilidad del aeroplano. E l Sr. L a Cierva suele añadir, modestamente que de haberse planteado el problema de buscar la estabilidad por otro camino que no sea el de la velocidad, cualquier ingeniero hubiera adoptado su misma solución. L o que no dice el señor L a Cierva es que el genio consiste precisamente en plantearse los problemas de un modo original. P o r de pronto, el hecho de que realizara su invención precisamente porque no se publicaran libros que le. sacaran del camino emprendido es en sí rñismo preciosa lección. ¡Cuántas veces, en estos, dos siglos, no habrá renunciado el a l m a e s p a ñ o l a a su. pensamiento original y creador por seguir abyectamente las direcciones extranjeras! Pero todavía más importante es el hecho de que el invento sea obra de un físico- matemático, y no de un empirista, porque fué nuestra ausencia en el movimiento intelectual que creó esa ciencia matemática por la forma y física por el contenido el único fundamento positivo de que haya podido hablarse del atraso de España. Grandes matemáticos los tuvimos siempre; también. grandes físicos. E n el mundo de las Ciencias Morales y Políticas,