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A B C. V I E R N E S g DE M A R Z O D E 1934. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 2. L A AMNISTÍA I N A P L A ZABLE Tres meses van a cumplirse de la constitución de las Cortes. ¿Se tachará de impacientes a los que pregunten qué han hecho los diputados en ese tiempo? Los. elegidos por los votos de las derechas llevaban un programa completo, que era u n mandato, contenido en unos cuantos puntos fundamentales. Fueron ellos mismos los que fijaron ese programa y le enarbolaron como banderín de enganche. Que el banderín estaba bien elegido lo demostró el ser muchos los votos reclutados. Se votó al programa, no a los candidatos. ¿Cómo han respondido y responden los elegidos a los compromisos que espontáneamente contrajeron? H a y un núcleo selecto, el formado por los diputados tradiciqnalistas y de. Renovación Española, que sigue defendiendo con. fidelidad y con tesón todo lo que ofreció defender. H a y otros que han considerado que lo más urgente era mostrarse dispuestos a servir al régimen imperante, colaborando con los Gobiernos y aceptando el Poder en el caso, muy hipotético, de que se lo entregaran. Fuera del Congreso (la bien alfombrada cueva en que se contaminan tantas excelentes voluntades) se ven las cosas de otro modo. L o urgente es dar satisfacción a los deseos del país, manifestados en las urnas. Entre estos deseos figura en primer término la concesión de la amnistía. T a n inaplazable se consideraba que llegó a creerse que los encarcelados pasarían las Navidades en sus casas. E s probable que alimentaran esa esperanza los imismos que sufrían en prisión. Y pasaron las Pascuas de Navidad y es de temer que llegue la Pascua florida y hasta la rosada sin que el proyecto de amnistía salga del atolladero en que la ha metido la conveniencia ministerial con ía candida ayuda de los que sólo por antífrasis merecen ser llamados eficaces Y a sabemos todos que el Gobierno esgrime como armas para la dilación el estado de inquietud y la amenaza de la amnistía vierta sobre la calle un copioso elemento de desorden. Sólo a los- inexpertos podrán impresionar esos argumentos efectistas. ¡V a n a salir dos m i l sindicalistas! se dice. ¡Pues bien; que salgan! Deben salir como los del otro lado, pues la amnistía, para ser justa, ha de ser para todos. Pero esos dos m i l sindicalistas que logren la libertad, como los veinte mil que ya disfrutan de ella, no serán peligrosos si hay un Gobierno con autoridad, energía y previsión que vigile todos sus movimientos. L a amenaza de posibles alteraciones de orden no puede aceptarse como pretexto para aplazar la amnistía. E n realidad, equivaldría a negarla, porque nunca estará el orden tan seguro y tan sosegados los espíritus que no haya lugar a esos temores. Menos puede aceptarse que la amnistía se cambie en indultos parciales y tramitados separadamente. ¡Eso, de ningún modo! P o r que lo que se pretende con esa intolerable, substitución es, primeramente, alterar la esencia jurídica de la medida y otorgar perdón cuando lo que el país reclama es olvido, y, además, rebajar el criterio objetivo a otro, meriguadarnente subjetivo. Claraimen rtiendo la nosnales, y es no o para) nve: nganpre a ti- tubeos... ¡qué siga en el castillo o en l a cárcel... A esto hay que oponerse. Se opondrán, desde fuera del Parlamento, todos los que no quieran que prevalezca la injusticia. Se opondrán también, seguramente, en las Cortes los diputados de los grupos que he c i tado. Quiero creer que se opondrán, cuando la reflexión les haga abandonar la equivocada, aunque bien intencionada táctica que siguen, todos los que arrastraron tras de sí a las muchedumbres entusiastas, más por la bandera que tremolaban que por lo que ellos pudieran significar como abanderados. FEDERICO SANTANDER. TEMAS ECONÓMICOS Inflación y d e v a l u a c i ó n N o es flojo, no, el servicio que ha prestado M Doutnergue a la República francesa, arrancando del Parlamento una concesión que parecía imposible: los plenos poderes. M Poincaré la recabó y obtuvo en 1926, con mayor alcance que ahora: en materia de gastos y en materia de ingresos. M Doutnergue la tiene por breve plazo- -hasta 30 j u n i o- pero solamente para reducir los gastos. Bien es cierto que los ingresos del Estado francés han perdido ya toda elasticidad. ¡N i aun con plenos poderes sería fácil agrandar su rendimiento! A l punto a que las cosas habían llegado, éste era el único camino viable. Exhausta la Tesorería, el conflicto podía surgir de un día a otro. Los primeros meses de cada ejercicio son los peores siempre. Recaudación exigua, gastos crecidos. Normalmente, el déficit provisional se salva con la confianza bancaria. Pero esta confianza supone paz de espíritus, horizonte despejado, autoridad, orden. Supone todo lo contrario de lo que abunda en la política francesa hace meses. M Germain Martín y M Doumergue pudieron manejar el registro sombrío, sin necesidad de recurrir a lirismos afectados. L a Cámara se dejó persuadir, bien que a regañadientes. P o r un lado, votó el Presupuesto a marchas forzadas y en globo; por el otro, autorizó economías por decreto. Pero para lo primero hubo 460 votos favorables; para lo segundo, sólo 380. L o s socialistas, opuestos a lo uno como a lo otro, hicieron presión sobre los irresolutos. Así, lo que para casi todo el país ha sido un triunfo del buen sentido para los socialistas constituye una página afrentosa atentatoria a las esencias republicanas y a la soberanía popular E n el débate de la Cámara salió a colación nuevamente el fantasma de la devaluación monetaria. N o pasan quince días seguidos sin que alguien, con autoridad oficial, proclame la intangibilidad del franco francés. Fué hace pocas semanas, a raíz de su asamblea anual reglamentaria, el Banco de Francia. Fué posteriormente el propio monsieur Doumergue, haciendo de la solidez del franco cimiento de l a política que Francia necesita en la hora de ahora. S i n embargo, los adversarios del franco no cejan en su campaña. Unos, desde fuera; otros, dentro. Estos últimos, solapadamente; aquéllos, a tambor batiente. Entre los de fuera, citemos a míster Wat ter Lippmann, el famoso economista norteamericano, que en el New. York Herald, anuncia la devaluación del franco, o voluntaria o forzada por los acontecimientos. R e batiendo su pronóstico, ha escrito palabras muy jugosas M Fréderic Jenny, paladín- -como la casi totalidad de los técnicos franceses- -de la estabilidad monetaria. A decir, verdad, tiene difícil explicación el empeño americano en que Francia abandone su actual paridad monetaria. S i esto sucediese, y con Francia se situasen los demás países de gold standar, desaparecerían gran parte de las ventajas que la depreciación proporciona a los Estados de moneda averiada Dijérase que M Roosevelt sueña con ser, imitado por Francia, por motivos psicológicos más que económicos, o acaso, por me ro afán de amor propio... N o es ciertamente por ahí, por donde acechan los enemigos seriamente peligrosos del franco. Como tantas otras veces, el peor enemigo es el de dentro. E n este caso, es. l a política de halago a las masas, de indisciplina financiera, de hostilidad a la deflaciótt estatal. O deflación presupuestaria o devaluación monetaria había dicho con muy! buen sentido M Herriot cuando tomó el Poder después de las elecciones de mayo de 1932. L a primera se ha conseguido en medida escasa; y por eso se está al borde de la segunda. Que preocupa menos de lo que pudiera pensarse. ¿Inconsciencia? ¿Optimismo i n sano? (Cualquiera sabe! L a anterior dey. ¿n luación hizo mucha p pa; especialmente entre los rentistas. Pero como en Francia no se conoce apenas el rentista puro y más o menos, todos los que cortan el cupón v i ven principalmente de otras rentas variables- -de trabajo comercial, agrícola, -r y en esta clase de ingresos la caída del franco fué neutralizada suficiente y aun excesivamente y por otro lado, las clases sala riadas y empleados de! Estado, han multiplicado sus haberes por un coeficiente másl alto que el de encarecimiento de l a vida, jes lo cierto que la perspectiva devaluatoria casi hace cosquillas en el paladar averiado de i m portantes núcleos sociales. E l l o es explotado; por M León Bium y los socialistas, coa miras políticas interiores, y por el comercio de exportación, paciente de horrible c r i sis, para saludar en la depreciación del franco poco menos que una panacea redentora de las estrecheces actuales. A nosotros nos produjo viva impresiónoír a M Paul Reynaud, ex ministro de H a cienda y destacado miembro del centro, estas palabras: Si viene la devaluación, ¡que no sea con inflación! L a Cámara prorrumpió en aplausos extentóreos. Esto significa que la idea devaluatoria comienza, ai abrirse camino. Y que quienes hasta haca poco la repugnaban con indignación y en absoluto, la toleran, aunque con cuenta gotas! y a condición de que sea una devaluación; sin inflación. Así son las últimas conocidas: la inglesa, la norteamericana, la checoeslovaca. S i n duda, los males de la inflación soa descomunales. Francia los sufre hoy todavía. E l problema que está por resolver es si cabe rehuirlos por mucho tiempo, con una moneda depreciada. L a experiencia inglesa nos dice que sí. Pero no hay dos experiencias iguales. S i Francia intentase la suya, jugarían prestamente algunos factores autóctonos. E n especial, la tesaurización privada que recientes estadísticas evalúan en 30.000 m i llones de francos. ¿Qué pasaría con esta masa de billetes si Francia abandonaba el gold standard? L o más probable es que saliesen al mercado. Y entonces surgiría la inflación, velis nolis, i Y eso sería en Francia una auténtica y profunda revolución! ara susorioirse a l l a m e u s t e d al t e l é f o n o d e la A d m i n i s t r a c i ó n ro 32.689, d númec diez I a mañana a o c h o d e ja n o c h e