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A B C. MIÉRCOLES 14 D E M A R Z O D E 1934. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 2. ción de Víctor Hugo, aquella de que en ocasiones todos los pasajeros útiles han de transformarse en tripulantes. E s a es l a verdad, y lo prueba el singularísimo hecho de que entre las cartas oue he recibido aquí, desde diversos lugares de la Península, no se ha deslizado el inevitable anónimo injurioso. E l silencio de mis buenos bárbaros significa el comienzo de la revisión del proceso, que no me imporia sino en cuanto se relaciona con la reivindicación del fondo de lealtad de nuestro pueblo. P o r de pronto, y en lo que a mí toca, c i catrizaron las heridas, si bien quedan por fortuna sus rastros. D e todo se cura, hasta del mordisco de un perro rabioso. Cuestión de acudir sin tardanza al laboratorio antirrábico. E n el caso mío, al buen humor y al patriotismo. N o teman los conjurados que vaya por ahí con ánimo de venganza. N o se entienda tampoco, sin embargo, que me encuentre dispuesto a ensalzar lo que me lastima en el antiespañolismo y la anticultura, la irreligiosidad y l a ferocidad social, esas plagas de que muere el país. Tampoco, en cambio, entonaré arias de óperas apolilladas. Ciertos sectores de heterogénea derecha no oponen a l a horda sino piquetes de maniquíes, y recuerdan en su actitud l a de los chinitos que a l a vista de los primeros barcos de vapor ingleses, creían emularlos encendiendo en sus juncos unos papeles dentro de un tubo, y así su trágica derrota resultó de tanta comicidad. E n el pueblo descarriado, en la plebe, en la misma horda hay sustancia, y de las m i norías inteligentes y con espíritu de sacrificio, ha de venir la redención de esas masas, como de ellas el salvamento de los menos y los mejores. Regresaré cuando no estorbemos los hombres de buena voluntad. FEDERICO GARCÍA S A N C H I Z Marzo. pular. Pero los hechos acreditaran qae, l á disciplina social y el fomento económico y, la eficacia administrativa, eran incompatibles con el sistema político adoptado. ¿Se logró cuando menos economizar lé ¡vida nacional y reducir a m á s modestas proporciones el tren de vida del Estado? Lejos de lograr, n i siquiera de perseguir ese fin, se evidenció que, allí como en todas partes el parlamentarismo es un sistema político cuya coste no está ciertamente en relación con su rendimiento. Y el socialismo, menos todavía. N o hubo, precisa proclamarlo, entre los dirigentes socialistas de Viena, n i n g ú a genial inventor de enlaces ferroviarios. M a s no faltó quienes idearany llevasen a l a práctica (en una ciudad como Viena, que había visto bajar su población, de m á s de dos m i llones de habitantes en 1914, a 1.800.000) l a construcción de colosales edificios, aglomerados en formaciones urbanas que abarcan barrios enteros. Viviendas para obreros, declaraba el Ayuntamiento. Casas para los socialistas, decía l a voz pública. Blocaos para las milicias marxistas, proclaman los recientes acontecimientos. Exterminada l a organización socialista en Austria, quedan frente a frente las otras dos tendencias señaladas, coincidentes en su sentido antimarxista y antiparlamentario, y en sus postulados autoritarios y corporativos, pero sustancialmente discordes en otros extremos fundamentales. E l punto neurálgico del problema austríaco, es l a falta de viabilidad de Estado a que Austria quedó reducida en el tratado de paz. Asistimos a los trastlotnos que son consecuencia de la descomposición del antiguo Imperio. N i Austria, ni H u n g r í a ni los otros Estados danubianos surgidos o engrandecidos sobre sus ruinas, pueden v i v i r aisladamente con sus propios medies, después de haber sido rota, por los desmembramientos, la unidad económica superior que los agrupaba. Instructiva experiencia para los separatismos de todas las latitudes. P o r ello se quiere ir- -las declaraciones recientes del príncipe Starhemberg lo confirman- -a l a recomposición, siquiera sea en lo P o r todos lados se oía el verano último, económico, de l a unidad destruida. Tarea en Austria, l a misma frase: el próximo i n difícil. Difícil, en l a conciliación de interevierno, tendremos revolución. L o mismo l a ses, una vez creados tantos de ellos nuevos; esperaba el ciudadano de Viena, que el aldeam á s difícil todavía, en l a reconciliación de no del T i rol. Pero no la que acabamos de corazones, después de producido el divorcio presenciar, no l a socialista, sino l a hitleriamoral. na. ¿Estallará o no llegará a producirse l a ctra, la verdaderamente temida? H e ahí la ¿O c u p a r á n de nuevo los Habsburgos el gran incógnita del momento. Como l o es l a Trono siete veces secular? Todos los signos determinación de si l a Monarquía de los son de que, si no se ha producido ya el heFíabsburgos volverá o no a reinar sobre las cho, es por l a conveniencia táctica d e solumárgenes del Danubio. cionar previamente dificultades de orden exU n a cosa aparece como indudable: el porterior. Pero la voluntad dominante hoy en venir de Austria se ventila hoy entre fasAustria, es bien clara. Y bien lógica, dado cistas austrofascistas según los denomina los antecedentes. L a restauración monárquiel jefe de sus milicias, príncipe de Starjhemca en aquella nación, serviría a los tres fines berg) e hitlerianos. Pasaron los tiempos u l que el frente patriótico persigue: a) Afirmatrademocrátieos y ultraparlamentarios, déla. ción de la personalidad internacional de A u s Constitución republicana de 1 9 2 0 Y los tria, frente a los intentos de incorporación a l tiempos ultrasocialistas del marxismo apoReich; b) Robustecimiento de l a autoridad sentado en el Municipio vienes. del Estado, unidad ¿e mando, imparcialidad L a cerrazón de los horizontes nacionales y continuidad de l a magistratura suprema; y l a angustia económica, abrieron los ojos c) M á x i m a integración de, l a n a c i ó n e n el al pue blo austríaco, y le desengañaron de Estado, porque no piceos austríacos, hitleriafalsas paneceas. Importa señalar, no obstannos hoy, habrían de seguir a l a Monarquía te, que el estrago no. llegó allí al orden morestaurada. Y porque el principio unitivo ral y religioso. E l nuevo régimen fué en ele l a institución monárquica, quizá fuese toAustria respetuoso con el sentimiento catódavía m á s lejos, ya que, verosímilmente, a l a lico, profundamente arraigado en el alma porestauración en Austria, seguiría otra 1 H u n g r í a y viniendo a recaer en l a persona del mismo Rey. Procesa de integración y de nacionalización propio de las Monarquías que en nuestra historia resplandece como en l a de ning ú n otro pueblo. Y el proceso inverso, también. mediáíf el d? Ik de l a interrupción de los estudios. ¿C ó m o sustituir a los generosos maestros que allá quedaron? Existe en L i s boa una escuela oficial española. Sí, existe; mas, según parece, allí se enseña que el C i d no fué sino un estafador de unos judíos y que l a gloria del descubrimiento de A m é r i ca no sé debe a España, correspondiendo a los wikings. U n poco entristecido, el emigrado y padre, se consagrará al intento, de reemplazar a los abandonados profesores. Y de noche, en el silencio y a la luz de una lámpara con su pantalla halduda, el chico oye a su papá l a lectura de l a insigne obra de D R a m ó n Menéndez Pidal, que figuraba en el equipaje de l a errante familia. Una página, y su glosa, para l a comprensión infantil y para l a emoción del glosador. H e aquí las nuevas Charlas, señores. Pasa un taxi, y el hombre que esperaba bajo una marquesina lo detiene y lo alquila. Quien dice un auto dice un buque. Mañana, río Tajo adelante, al mar, y válganos el i n genioso y nunca vencido Ulises, protector de la estirpe mediterránea, l a mía. Apresurémonos a declarar que no obstante la invocación que antecede, nada anuncia otra Odisea. Ilícito sería presumir de sufrimientos. Quede esto para los once nul m á r tires que brotaron a l a caída de l a Dictadura. M e lleva a l a orilla opuesta del A t l á n tico el gustosísimo recuerdo de anteriores viaies y las llamadas de corporaciones y auditorios conocidos de antiguo, inolvidables. Con llaneza reconozco que la dramática persecución se resuelve en t u r n é profesional. E n E s p a ñ a mismo, ¿qué hubo sino una barrera de obstáculos? Y he de agradecer a sus organizadores el despilfarro de imaginación que hicieron al escalonar las sorpresas. N o se repitió n i uno solo de los episodios. Unos cohetillos en Zaragoza, una bomba en San Sebastián, la huelga general en Bilbao, aquella proclama en Madrid, y por último lo del Ayuntamiento de Cádiz, ía murga gaditana, como si dijéramos. Bromas aparte, compadezco a mis viejos amigos D Julián Besteiro, D Fernando de los Ríos y D Luis Jiménez Asúa, que en su fuero interno han de sufrir l a humillación de capitanear a tales masas de hombres simplemente zoológicos, ejerciendo de tábanos que enfurecen a l a torada, cuando aspiraban a profetas y apóstoles. N o vale l a pena de tanto birrete doctoral y tanta ideología de iluminados, si luego resulta que cualquier persona nada m á s que comprensiva puede sonreírse con indulgencia al contemplarlos en una deai rada inferioridad. Y Manuel Azaña, por cuyo debut de autor dramático hube yo de interesarme espontáneamente, en aquel tiempo en que nadie compraba sus libros. E n cambio, él ahora se interesa en que acaben las Charlas. Ninguno de esos y otros caudillos ignora la arbitrariedad y la bastardía de su campaña, llevada a cabo con l a atiplada complacencia de los eunucos literarios. Supongamos que yo orientase mis conferencias en este o aquel sentido. ¿H a b í a m á s que rebatirlas con los adecuados conceptos y palabras? Y lo que hicieron fué movilizar en mi honor, ya que no l a Internacional, sí una especie de Interurbana... E n cierto modo, era invitarme a actuar en política. Imposible. Cada vez, por lo menos hasta ahora, que la política se me ofreció como una grandeza, yo no he visto sino lo qu etiene de servidumbre; y me he apartadg de. jfeuÚ 3... en. m i Jhunvjklad, y ampar a Sinjoi- itiva de lamí E m! R E A L! D A D E S E 1 NCOGN I T A S E N AUSTRIA nunca de que a lo ¡as era a ni a trai: observa- Jos D E Y A N G U A S
 // Cambio Nodo4-Sevilla