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A B C. V I E R N E S 16 D E MARZO D E 1934. E D I C I Ó N D EANDALUCÍA. P A G 3. A B C E N BERLÍN l í n día en los campos d e trabajo La del alba sería, o poco menos, cuando salimos en un auto oficial del ministerio de Propaganda. Vamos por un Berlín casi andrajoso, desnudo de belleza y mal vestido de harapos. Paisaje de chimeneas, de tupís y chavolas. E l día sabe a café con leche retostado, a copa de aguardiente y colilla. E l aire, que debiera ser fresco y limpio, con su encaje de nieve y la ternura poética del rocío de marzo, parece borroso, torpe, somnoIiento, como si el cristal mañanero estuviese lleno de vahos sucios y repelentes. Toda la miseria de la civilización enseña aquí, impúdicamente, sus lacras. Peor, sí, mucho peor que el establo bovino, es el establo humano, el de esas multitudes de las cien mil ÍVallecas y los cien mil Cuatro Caminos recaídas en la prehistoria, el palafito y el lodo. Son los campamentos de huelguistas, que ponen cerco a la civilización. A una civilización que sólo supo engañarles con falacias, y ahora, cuando se ve acosada, no sabe desengañarles, devolverles a la vida humilde y frugal de la siembra y la espiga y las sábanas de lino, en donde uno se avergüenza de haber sido malo. E l bien común, la paz y la nobleza de la Patria consiste en un orden justo y armonioso de virtudes civiles y virtudes campesinas. L a aldea es propiedad, tradición permanente, rosario de granos y Padrenuestros, campanas madrugadoras, camposanto e ¡Iglesia. L a urbe es. urbanidad, cortesanía, historia, inquietud artística, variedad de ofi. cios y despliegue de formas. Pero lo que no es urbe ni aldea, el súb- burbio carece de estilo. No hay en él más que hordas promísicuas, descaro y confusión obscena. E n los barrios fabriles de las grandes metrópolis todas las virtudes se degradan en roña. ¡Ciudadanos, ciudadanos! suelen llamarle en los mítines. E n siendo del arrabal, que les llamen como quieran. Pero lo cierto es que hombres de ciudad ni lo son, ni lo pueden ser, ni lo han sido nunca. Son, por desgracia, rústicos resentidos, que se resienten de no participar en las gracias y finuras de la urbe. Labriegos sin corte ni cortijo, sin cortesía ni labranza, caídosde la alta modestia patricia a esa cosa triste que se llama proletario. Prole sin patriarca, orfandad sin patria, tribu sin raíces, miseria moral y material de esas pobres gentes que, al desertar del campo, no han ganado nada y lo han perdido todo. Tenían un hogar, un consuelo materno, un rito de labores y fiestas, de paces invernales y romerías de estío, y hoy tienen un puesto en la cola ante la ventanilla del socorro, un asiento en los parques y un frío terrible que se les mete en los huesos y les pide calor a quien los acalore, a quien les ofrezca fuego de incendios ojocuras o un trozo de paraíso al sol adámico. Reintegrar a esas gentes a su civilización es el gran conflicto de la época contemporánea. Devolverle la tierra y el cielo natal, cambiar su resentimiento en fidelidad, su desesperación en esperanza. Si no se hace esto, se hundirá la civilización y se le caerá a Europa la cara de vergüenza y se nos caerá la cruz de los altares. Drama cósmico de treinta y cinco millones de parados, treinta y cinco millones de agonías. Tragedia que la conciencia cristiana aún no afron tó dice el arzobispo de York, con voz rota. No lo puede afrontar más que el Estado. Y no el Estado viejo, concebido en tiempos felices, y por ello faltó preparación y recursos para una crisis cíclica, constante y permanente, sino este otro Estado concebido en tiempos de derrota, de depresión e infortunio, concebido precisamente para eso. Cuando nació el liberalismo, enfant terrible niño mimado de la vieja Europa, Inglaterra era- -y todavía lo es, aunque ve- 25.98? nida a menos- -una rica lady. E l niño mima- breza. Su jornal es tan escaso que casi no do viene al mundo en sábanas de holanda, es jornal. E l Estado los mantiene, los visencajes franceses y algodones de. Manches- te y los calza, como una Orden. Orden de ter. Las más bellas ilusiones lo acunan y las caballeros teutónicos, colonizadores de Pruhadas más bellas lo amadrinan. Sus precep- sia. tores le enseñan un lema fácil, sentencia de Me siento a la mesa con una brigada de heredero y señorito con rentas: Laisses faire, trabajadores y me dan ganas de bendecir la laissez passer. Es decir, ahí me las den to- comida en latín. Es un rancho de legumdas. Por su origen, por su educación y sus bres con cien gramos de carne entre un costumbres, le es muy difícil al liberalismo ha- montón de patatas. Pienso en aquel soldado español; -Cieza de León- -que trajo del Perú cer nada contra el mal, como le s imposible al socialismo hacer nada para el bien. E l pri- el tubérculo. Quizás a él, en las largas jormero se inhibe ante la dolencia, el segundo nadas del Cuzco a Lima, le supiesen las la extiende, al decirle al enfermo que no se papas de una misión como me saben a mí es ¡deje curar porque el médico es Un burgués, tas del campamento. que premedita su muerte. Uno, aumenta los Ahora, a trabajar en las obras públicas, guardias; otro, encona la herida... únicasa que les destinan para impedir comEntonces, ¿qué? ¿Entonces? Esperad voy petencias con la economía privada. Los de a deciros un camino. Marcho por él, a través Schonwalde desecan lagunas. Les veo parde la tierra de Prusia, tan fea la pobre. tir a paso rítmico, gimnástico, una, dos, tres, Atrás quedan los campamentos del ocio; en- sobre la tierra de marzo, helada y dura. E n su porte y su atuendo entran todos los elefrente está el campamento del trabajo. Schonwalde. Unas barracas de madera, mentos de su estilo. Su uniforme es mi poco donde la profusión de símbolos enriquece la de soldado; sus armas, picos, palas y azainexpresiva modestia de las paredes. Desnu- dones; su delgadez, tan casta ¡su delgadez dez evangélica y liturgia cálida, llena de y su fe y su porte humilde pudieran ser de imágenes corpóreas, de banderas, retratos y novicios. Por militares, por aldeano y por atributos. No entra ningún frío por aquí. creyentes llevan la alegría y la canción en A lo que menos se parece esto es a una los labios. Milicia, aldeanía y monacato son capilla protestante, aburrida y helada. Y o tres nombres distintos de uno sola civilizadiría, incluso, si esta cruz que pende en to- ción verdadera. das partes no fuese un signo racista, yo diA correr de nuevo, a correr leguas y lería, incluso, si esos brazos retorcidos, ence- guas, en dirección al Báltico. Se siente, en rrados en círculo se abriesen a los cuatro estas soledades, el error dé la vieja polítipuntos cardinales, que Schonwalde parece ca prusiana abandonando su territorio para una iglesia católica. Una misión de aque- irse a las comarcas más densas del Oeste y llas que con unas tablas así, una campanita del Sur. Así se convirtió Alemania en una húmeda, unos hábitos pardos- -el hábito hace formidable potencia industrial. Así se quedó al monje- -y muchas disciplinas y triples y después en los huesos. Su grandeza trajo, cuádruples votos, alzaban los españoles. Por- en parte, esta miseria qué Hitler ha hereque también estos que trabajan en las llanu- dado. Miseria contra la cual lucha- -justo es ras de Brandeburgo, arenosas y encharcadas decirlo- -con un brío, un coraje y una pasión como la planicie jesuítica también se le- como se habrá visto dos o tres veces, a lo vantan a toque de corneta, van y vienen en sumo, en la Historia. Prusia, en verdad, es demasiado arenosa escuadras, comen una pobre y digna escudilla, y se obligan voluntariamente a renun- y lacustre para mantener millones da homcias difíciles, a obediencia, castidad y pó bres. Por mucho qué se la mejore, siempre será mala. Pero el nacionalsocialismo hace bien en desecar, pantanos, enbauzar ríos y l i quidar aguas palúdicas. Y aún haría mejor si, olvidándose de Austria- -la tentación EMPRESA SAN MIGUEL del Mediodía- -no pensase más que en la SERVICIOS DIARIOS marcha hacia el Este. Como estos trabade que, con una S E V I L L A A R O N D A jadores un Rhiniuch y desmadejadogran mochila y sol débil a la esSalidas de Sevilla para Morón, Olvera, palda, se cruzan conmigo en la carretera Alcalá del Valle, Setenil, Cuevas, Villamaryerta. tín, Algodonales y Ronda, a las siete de la mañana. Salidas de Ronda para Alcalá y E l campamento de Rhiniuch tiene todo lo Olvera, a las 2,15. ídem para Algodonales, dé Schonwalde, y además jin gran salón de Villamartín y Sevilla, a las 3,30. Salidas de conferencias. En él, cuando el aire se enOlvera para Morón y Sevilla, a las 6,30 de fría y se emborrona de noche, las brigadas, la mañana y a las 4,30 de la tarde. de retorno de la labor, Oyen por la radio la Salidas de Morón para Sevilla, a las 7,15 voz de los misioneros. Discursos de Goey 8,30 de la mañana y a las 6,30 de la tarde. Salidas de Sevilla para Morón y Olvera, a bels, de Ley y de Hitler... las cuatro de la tarde. Salidas, de Sevilla De Hitler. Ahora, de vuelta a Berlín, es sólo para Morón, a las 5,30 de la tarde. cuando voy a deciros la verdad. Estos dosPara m á s informes, diríjase a las agencientos mil hombres, y tatitos cientos de micias de la Empresa: en Ronda, Pi y MarJes más, eran desertores. Desertores de la gall; en Olvera, calle Llana; en Morón, platierra, que abandonaran, atfaídos por la múza de la Libertad; en Sevilla, Placentines, 53. Teléfono, 24736. sica de las sirenas fabriles, más. perversas aún que las occeánidas. Paira resistir a las sirenas del Mediterráneo ios marineros de EMPRESA D E AUTOMÓVILES Ulises encontraron un conjuro: Cantar su R A F A E L PIAZ PAZ misma canción, sólo que al revés. ¿Quién le enseñó a Hitler, romántico, el conjuro anServicio diario de viajeros tiguo? Porque todo su secreto consiste en Desde Sevilla a Arahal, Marchena, Puebla oponer, al canto de las luces de la ciudad, de Cazalla, Osuna, Aguadulce, Estepa, Heel dulce lamentar de los pastores a las tierrrera, Puente Gíenil, Lucena y Cabra, con salida de Sevilla a las 7,30 de la mañana. nas estrellas virgilianas. Estrellas del creDesde Sevilla a Arahal, Marchena, Puebla púsculo, que el Señor manda puntuales, para de Cazalla y Osuna, con salida de Sevilla que las aldeas puedan colgarse del cielo por a las dos de la tarde. el humo, y E l pueda tenernos a todos de su Desde Sevilla a Arahal, Puebla de Cazalla, mano. Osuna, Aguadulce y Estepa, con salida de Sevilla a las cinco de la tarde. Y a van hacia un pueblo, entre nieves, Desde Sevilla a Arahal, Paradas, Marchecon cuatro casuchas pobres y una mujer senna y Puebla de Cazalla, con salida de Sevilla tida al borde del camino, la rueca en los a las 5,30 de la tarde. dedos, el corazón saltando. ¡Id, y que Dios Oficina y parada en Sevilla, Avenida de os guíel la Libertad, 70 (Puerta de Jerez) teléfono v 1 EUGENIO M O N T E S