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AB C. D O M I N G O 18 D E M A R Z O D E ig 3 4 E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 2. estaba- justificada. H o y no existe duda a l guna, porque el socialismo aparece a nuestros ojos completamente estilizado. E l socialismo se presenta lleno de estilo E s una forma de vida, de ideación, de sentimiento, de procedimiento perfectamente caracterizada, y entonces surge sin remedio el choque trascendental, E l estilo obrerista se enfrenta con el estilo de mi ser. Y el resultado se manifiesta por una irreparable repulsión. E s t e es el fenómeno que hoy se verifica con mayor o menor intensidad y conciencia en todos los hombres civilizados. N o hay m á s remedio que decidirse, según el estilo personal de cada uno. Cuando una persona se siente íntimamente de acuerdo con el estilo de vida del socialismo, n i n g ú n razonamiento conseguirá apartarle de su poderosa atracción. L a s naturalezas afines se buscan y encuentran a través de todos los obstáculos. H a y quien nace para ser socialista y quien no podrá serlo nunca, aunque se empeñe el propio Stalin. Entre estos últimos me encuentro yo, indudablemente. Es verdad que existen personas, que piensan y sienten de un modo confuso. Son las innumerables personas que carecen de estilo y cumplen en l a sociedad el cargo de servir de relleno, como el cascote y la masa en las voluminosas mamposterias. Otros, aunque i n teligentes y cultos, se hallan prisioneros de una doctrina que, en su fondo m á s íntimo, no sienten. Fueron a ella atraídos por un i m pulso juvenil y generoso, y luego no se deciden a desertar por un prurito de pudor o por conveniencia. Se podría señalar a bastantes que están dentro del marxismo con una ostensible violencia de su naturaleza personal. Son vidas contrariadas, que no han sabido tomar partido con arreglo a la autenticidad de su ser y que desentonan constantemente con los otros, con los que se encuentran dentro de la mesnada proletaria como en su propia. atmósfera física y moral. Por tanto, ya sabe usted cuál es mi posición frente al socialismo: la de un n o rotundo e inexorable, que brota del fondo m á s íntimo de m i ser, de l a profundidad de m i instinto y de mi concepción del hombre y de l a vida de l a cultura. JOSÉ M A R Í A SALAVERRIA. res, que ya v a siendo mucha tolerancia este no darnos por aludidos a ciertas insinuaciones del llamado proletariado. ¿N o son tan trabajadores coma un obrero el abogado y el médico, el empleado y el hombre de negocios, el escritor que, como yo mismo, ha mantenido durante muchos años un plan de trabajo de dos o tres artículos diarios para ganar no m á s de lo que gana un linotipista, con mayor riesgo que él y con unas necesidades sociales que a mí me han sido continuamente impuestas como inherentes a poder ejercer l a profesión? Pues gentes así, gentes que para ganar lo poco, han expuesto lo mucho; gentes que no han tenido nunca el amparo ni l a fuerza sindical o corportiva, gentes que han tenido muchos días de desventura económica y de dolorosa incertidumbre, forman l a relación de socios de este Casinu de Madrid, donde unos despistados o unos cretinos creen por lo visto que se reúnen a topar el chocolate espeso del ocio una colección de burguesazos que yiven sobre l a nación una vida insultante y parasitaria. U n poco de comprensión y altura de pensamiento, y un poco menos de vileza y de estupidez para desterrar de una vez ese l u gar común del asqueroso b u r g u é s y del pobrecito obrero N i lo uno ni l o otro. E l obrero- -y de ello debemos todos alegrarnos- -está consiguiendo sus reivindicaciones, en tanto que esa supuesta burguesía, de cuello y corbata, es l a última de todos los Gobiernos y todos los regímenes, l a que no consigue ni sabe pedirlo siquiera ninguna! reivindicación, ni económica ni moral. Y en cuanto a l a otra burguesía o a la aristocracia misma que pueda existir y que existe, naturalmente, en el Casino de Madrid, son gentes que, en su mayoría, tienen sobre una vida de trabajo una vida de casinistas, que produce esa razón social que es el Casino benefactor de la vida madrileña, como no debe olvidarse. E l Casino ha acudido a todas las desgracias públicas de las clases humildes, ha hecho con su elegancia madrileña que no recalca nada de lo que hace, infinitas caridades de todo orden; procura actualmente trabajo a muchos obreros, y uno de los renglones m á s fuertes de su presupuesto es el que establece pensiones para los retiros de sus empleadlos, viudedades, socorros, etcétera. Pocas veces se ha mezclado como corporación en política, y las pocas veces que del Casino de M a d r i d ha salido una voz de censura para cualquier actuación gubernamental fia sido precisamente por defender los fueros del derecho, y en su marcado carácter liberal, precisamente censuró determinadas actuaciones cuando la Dictadura dejó salir de sus salones, no hace mucho, la voz de un ilustre escritor que no en nombre del Casino, sino en su condición de particular, cometió el delito de exaltar a E s paña unida y E s p a ñ a grande. Historia madrileñísima, llena de simpatía y generosidad, es l a del Casino de M a d r i d ese edificio, cara de la calle de Alcalá, que está unido a los mejores recuerdos del M a drid feliz, que no vivía las noches negras del odio insensato y las predicaciones i n fames. Piensen, quienes a ú n puedan pensar, l a b á r b a r a e injusta pedrea del corazón de la calle de Alcalá madrileña. F a r o bueno y limpio de l a vida cotidiana, j a m á s equivocó a un náufrago esta entidad españolísima, que salvó tantas veces al humilde y al necesitado, y que supone hoy un lujo mínimo y conmovedor de unos cuantos españoles: refugiar el descanso de Jos días de trabajo para pedir a Dios, de tertulia en tertulia, de corro en corso, que no deje a este Madrid nuestro, popular, bueno y gracioso, de su mano segura y misericordiosa. CÉSAR G O N Z Á L E Z R U A N O ABC E N N U E V A YORK Civilización sintética LA PIEDRA E N E L C O RAZÓN D E LA C A L L E DE ALCALÁ Sin que aquéllos que conocemos l a historia del Casino de M a d r i d podamos comprenderlo, el madrileñísimo Círculo de la calle de Alcalá ha sufrido en estos días el at que poco congruente de unas turbas que han apedreado y tiroteado su edificio. No es l a primera vez que ocurre, pero es preciso intentar llevar al convencimiento de esas mismas masas equivocadas, que debe ser l a última. S i n duda quiénes han concentrado su odio de clases en el Casino de M a d r i d ignoran l a tradición excepcional de este Círculo. Difícilmente se encontrará, sin menosprecio n i detrimento de sus similares, un Casino cien una historia de un estilo liberal más inequívoco y expresivo. S i ha pecado de algo para quienes tienen de los Clubs una idea hermética, selectiva y rígida, cuyo ideal se cumple en otros Casinos extranjeros y aun en algún Casino nacional, es precisamente de eso: de liberal democrático y en una paque. no otros) or otra parte humano, mesencillo hasta ital. os socios del ¡e viven de la 2 pzan del mede trabajado- Hace poco m á s de un a ñ o los labora torios de la Universidad de Colgate, después de hacer el análisis cuantitativo y cualitativo de l a música, determinaron las propiedades estomacales de l a misma. P o r entonces, también un profesor de l a Es? ueU da Sanidad de Johns Hopkins U n i v e r s a consiguió obtener el amor sintético, tratando á los individuos por el manganeso. A h o r a la Escuela de Medicina de l a Universidad da California y el Institute of Psychoanalysis de Chicago anuncian, casi simultáneamente, el hallazgo de dos medios infalibles para cutar ciertas enfermedades del aparato digestivo E 1 doctor A C Ivy, profesor de Fisiología de la Universidad californiana, evita y ¡cura l a indisgetión, haciendo a los individuos despreocupados; enseñándoles l a filosofía del q u é m á s d a y del m a ñ a n a E n su estudio llega a la conclusión de que cuanto m á s irresponsable es un hombre, menos trastornos gástricos padece; y que las indigestiones son, en l a mayoría de los casos, el reflejo patológico de un alto sentido de responsabilidad. Misten F r a n k Alexander, director del Institute of Psychoanalisys, ha disertado ante la American Psychopatic Association sobre un tema análogo Personalidades y reflejos gastrointestinales, y deduce de sus observaciones clínicas que la úlcera péptica, la colitis y l a atonía del intestino se curan con unas cuantas dosis de caricias, y, en casos agudos, sometiendo al paciente a un tratamiento riguroso de ternura, o sorprendiéndole con un buen, regalo. Para el Sr. Alexander los trastornos orgánicos no determinan l a personalidad, ni siquiera influyen en ella, sino que es ésta, el carácter, el temperamento más o menos emocional, la causa de todos los males. L o s pacientes de úlcera que el profesor A l e x a n der ha tratado eran amables, generosos, abnegados y sentían en todo momento l a necesidad de un cariño maternal. Como esta clase de afecto va asociado desde l a primera i n fancia al acto de l a alimentación, al no poder, satisfacer esa demanda de cariño, el estómago se ve sometido a los mismos fenómenos dinámicos y químicos que tienen lugar cuando ingerimos alimentos. L a irritación producida por l a excesiva repetición del proceso digestivo ocasiona l a úlcera. U n paciente del doctor Alexandre se curo al poco tiempo de casarse con una mujer de tipo maternal Otra clase de personalidades tratadas en la clínica del Institute of Psychoanalysis fueron los enfermos de colitis mucosa y, de extreñimiento crónico Los primeros requieren un largo período de ternura y paciencia. Los otros, en cambio, responden en seguida al tratamiento No hay que tomar a chacota las pres cripciones de los doctores ley y Alexander. Si admitimos como verdadera la tesis de que el manganeso pueda convertirse en emoción, habrá que aceptar la recíproca; que la emoción pueda, en desquite natural, hacer de alcaloide. Unos transforman los metales en amor; otros convierten el cariño en una droga. Aquéllos nos preparan una música capaz de digerir piedras, y éstos descubren en el afecto propiedades cicatrizantes hemostáticas, astringentes o laxantes, según los casos. L a cuestión es alterar el orden de las cosas; convertirlo todo en producto de laboratorio y preparar al hombre para una civilización sintética, que corrija todas las deficiencias de la pobre naturaleza. Porque éste parece ser el único objetivo de la ciencia norteamericana, y, si Dios no lo remedia, lo con seguirá en un futuro muy oróximo. MARGARITA D E M A Y O I Z A R R A Nueva Y o r k 1 J
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