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ABC. DOMINGO 18 D E M A R Z O D E 1934. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 3 EL MORO D E L A GORRA V E R D E Frecuentemente, aunque con menos frecuencia de la necesaria, por evitar tenacidades, hemos señalado en Marruecos omisiones y atención poco escrupulosa. H o y ya que tenemos este periódico minúsculo, pero más grande que nunca, queremos decir en él que se ha dado un buen paso en Marruecos. S i es norma de los periódicos que padecieron alguna injusta interrupción recoger al aparecer hechos salientes, para que no haya solución de continuidad en el reflej o de la vida, anotemos en el A B C de hoy la vuelta a Marruecos del coronel C a paz. S i n esto no estará completa l a colección. Y o declaro que he padecido cavilaciones cada vez que veía a Capaz fuera de l a órbita de Marruecos. Recientemente le encontré en l a calle de Alcalá, y yo, que no comprendo a Capaz en la calle de Alcalá, le p r e g u n t é ¿Dónde estás ahora? -E n Canarias. ¡E n Canarias! ¿Q u é tendrá que hacer en Canarias este moro de gorra verde? -pensaba yo. ¿P o r qué salió de Marruecos Capaz? Y o no lo sé, ni lo puedo sospechar. N o se me alcanza n i que un comisario de Marruecos, n i un presidente del Consejo estén tranquilos, sabiendo que Capaz está en Canarias o en l a calle de Alcalá. Sólo la ignorancia de Marruecos puede dormir sin inquietud. L o m á s delicado de una pacificación es hacer olvidar l a guerra. E s darse cuenta del carácter, del espíritu, de l a tonalidad psicológica del invadido. E s hacer que de vencido pase a convencido. E s por lo menos, hacerse perdonar con actos comprensivos, atendiendo a l a mentalidad del indígena. Esto, un europeo lo consigue con una preparación y una adaptación al país que no se improvisa. E s necesario sentirse un poco m a r r o q u í para comprenderlos y preverlos. Y no buscar una influencia directa, sino i n termediaria. Decía Bonaparte a Kleber en sus. instrucciones: Es imposible pretender una influencia inmediata sobre pueblos que nos tienen por extranjeros. P a r a dirigirlos, es preciso utilizar intermediarios. Y contesta K i g n o n en su programa colonial: U t i l i zar los jefes indígenas es todo un arte Cierto. Y es todo el secreto de l a práctica del Protectorado. M a s para utilizar los jefes indígenas hace falta primero conocerlos, saber de su prestigio, de su influencia y qué hay de útil en sus condiciones. De esto saben pocos y de esos pocos destaca Capaz. L o acreditó en aquella marcha sobre Gomara, que, sin disparar un fusil, con su presencia y su conversación, mandó moros, y atrayéndose moros, captando voluntades, hablándoles en su lengua, este moro de l a gorra verde conquistó para E s p a ñ a él sólo cabi- las en rebeldía. Y y a terminada l a campaña, por Sanjurjo y Goded, como jefe de Estado Mayor, Capaz organizó el campo para, l a paz, con ese arte de utilizar los jefes de que habla Kignon. Y cuando sonó esa hora, que sonó en España, de desorganizarlo todo, Capaz salió de Marruecos, y l a ignorancia de lo que es práctica de P r o tectorado durmió sin inquietud. Y o no conozco al comisario actual. Y desconozco, por lo tanto, qué afición le puede tener a Marruecos; pero por l a reintegración de Capaz a los asuntos indígenas, vengo en conocimiento de que se ha orientado pronto y bien. Y espero nuevas pruebas de orientación, que son también necesarias, como espero cada día del ministerio de la Guerra una adecuada combinación de mandos militares. I orque así como hacía daño ver a Capaz en l a calle, ¿quiere decirnos el ministro de l a Guerra qué hacen en la calle de Alcalá, queremos decir desplazados de su sitio, unos militares de todos conocidos, lo que evita mención, por sus grandes servicios? ¿N o es hora de organizar lo que está desorganizado, roto y contrahecho? G. C O R R O C H A N O HA S A L I D O E L SOL Y o no sé qué idea tendrán del pudor político los jefes socialistas. Empiezo a sospecharlo. Pero de lo que estoy seguro es de que si yo fuera dirigente socialista, estaría a estas horas tan avergonzado, que presentaría irrevocablemente ante mi propia conciencia mi dimisión de hombre público para dedicarme en adelante a tareas más modestas y menos espectaculares. N o se puede fracasar más ruidosamente en menos tiempo y con motivos más fútiles. Todos recordaréis los antecedentes. Desahuciados del Poder por la voluntad nacional, interpretada por el Poder moderador y refrendada con toda claridad por las urnas, en vez de aceptar patriótica e inteligentemente este fallo y prepararse para que fuera revisado a su debido tiempo, el Estado Mayor del partido socialista, mal fisonomista, desconocedor a fuerza de ser internacional de las caracte- t t SE 6080 S i ü í ü O S PARA ACCIDENTES BEL TRABAJO ENTIDAD PATRONAL ASEGURADORA Nakéns, 4. -Teléfono 23445. -Sevilla. Por acuerdo del Consejo de Administración, y en cumplimiento de lo que prescriben los artículos 19 y 20 del Reglamento de esta entidad, se convoca a los señores mutualistas para celebrar Junta general ordinaria el ¿í a 2 6 del corriente mes, a las CINCO lloras de su tarde, en su domicilio social, calle Nakens, n ú m 4, para presentación de l a Memoria Balance del ejercicio de 19 33, elección de vocales coa arreglo al Reglamento y d e m á s asuntos a exponer por los señores mutualistas. SEGUROS MUTUOS PARA ACCIDENTES D E L TRABAJO Por el Consejo d Administración, E l Gerente, Manuel de la Oliva y Fernández. rísticas españolas y de la masa que preten den dirigir, echó mano de la caja de los truenos y pretendió meter en un puño, a fuerza de amenazas, los corazones de veinte millones de ciudadanos. L a s frases más truculentas, las predicciones más terroríficas, los presagios má sangrientos, fluyeron de los labios socialistas en mítines y discursos. Y llegaron hasta los escaños que ocupan en el Parlamento. L a fiera se despereza. Afilaba sus garras, sacaba punta a sus dientes, un poco embotados por los dos años de. consumo de carne de presupuesto, paralan- zarse al destrozo de una burguesía aterrada, cuya obligación consistía en esperar encogida la llegada de la hora roja. Hasta los más pacíficos de entre ellos se contagiaron de esta ferocidad inexorable. Los escasos, pero nutridos escaños de l a minoría socialista, parecían un escaparate de Dantones y R bespierres, cuya sola vista ponía espanto en el ánimo más templado. M á s de una i vez hubo de antojárseme el inmenso dosel rojo que ampara a l a presidencia de la C á mara una enorme guillotina que, al caer, decapitaría simbólicamente a toda- la burguesía española, en la persona del Sr. A l b a afortunada encarnación física de ella, eoa su barbilla y su chaquet, símbolos trascendentales de la equidistancia entre la aristocracia y el proletariado. L a mise en scene era perfecta. E l espectáculo podía principiar. Y he aquí que todo este aparato térro: -fleo se viene al suelo con estrepita Y se hace añicos en el mayor de los ridículo; De pronto, de la noche a la mañana, sin previo aviso, sin explicaciones de ninguna cla e, el tigre se convierte en gato de Angora... el bulldog, en faldero, y el demonio, se nace carmelita... De aquellos escaños que sólo partían rugidos y amenazas, salen ahora unos discursos malífluos y gubernamentales. Algunos de ellos muy estimables, por- crto. E l Sr. Prieto, el flamante aristócrata del. Carmelo, ya no anuncia la revolución social. Ahora habla, no sólo como ex ministro, sino como futuro ministro, que es m u y s i g nificativo. E l Sr. Bcsteiro hace verddr- er? s ¡equilibrios para no negar a Carlos Marx ¿E l único que sostiene el tipo de esfinge b i liosa es el Sr. Largo Caballero. Sin embargo, un observador sagaz tiene que notar por fuerza una mejoría dentro de la gravedad! de su faz hermética. E l Lenín español se humaniza. Se comprende que estudia para abuelo. ¿Qué ha ocurrido para que sobrevpnga este cambio tan brusco? Pues ha o c r- i o o esto: que ha habido un hombre, un español, de los que van quedando pocos, que. consciente de su derecho, se ha negado a dejarse atropellar en la persona de un obrero, tan respetable y tan digno de p r o t e g e n como cualquier otro. Y se ha cruzado con todas sus consecuencias en el camino de ur. a, revolución, que no conquistaba más posiciones que las que cobardemente se abandonaban por los que estaban obligados a defenderlas. Pía ocurrido que ha habido un ministro de la Gobernación español antes que nada, dispuesto a hacer respetar el derecho de ese hombre. Y ha ocurrido, que un pueb o como el de Madrid, harto- ya de una t i- j n a odiosa, se ha puesto en pie y sin alharacas, ni jactancias, pero con firmeza, ha dicho: ¡presente! Y ha ocurrido, en fin, que unos obreros engañados y traicionados han abierto sus ojos, han comprendido cuál era su verdadero enemigo, y han gritado: ¡basta! Y han roto unos carnets que tenían algo e grillete. Y los nubarrones densos que envolvían por los cuatro costados el horizonte político de España se han disipado coiro por encanto y ha salido el sol y ha empezado a verse un poco de luz entre tanca t i niebla. 1 1 1 Esto es lo que ha ocurrido. Nada más y nada menos. Y ahora ya sabe E s p a ñ a cómo se desbarata una revolución de opereta. HONORIO MAURAS
 // Cambio Nodo4-Sevilla