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ABC. MIÉRCOLES 21 D E M A R Z O D E 1934. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG. E l primer comandante de Elcano me invita a pasar a su cámara. S u recepción es francamente cordial. El prestigio de A B C me rodea, m i popularidad periodística se acredita por doquiera, gracias a la difusión de este rotativo. -C l a r o su nombre literario era para mí muy conocido. Crea que tenía ganas de conocerle personalmente... Hablamos de varias cosas. M e presenta a varios oficiales. Y seguro de contar con muchos nuevos amigos me retiro del buque. Las autoridades civiles y militares del país, la buena sociedad chilena, las instituciones y personalidades españolas de Valparaíso y de Santiago de Chile, representaciones valiosas de diversas naciones hispanoamericanas se apresuran a saludar y agasaj a r a los marinos españoles. Banquetes, bailes, saraos, fiestas diversas constituyen un programa agotador. L a Embajada de España, con Rodrigo Soriano a la cabeza, se traslada a Valparaíso. E l nuevo embajador, que ha logrado rápidamente atraerse todas las simpatías respetuosas y sinceras de propios y extraños, preside por derecho y por amor todas las mejores fiestas en honor de los tripulantes de la herniosa fragata. U n sólo pensamiento animó al elemento oficial y a 3 a colonia: enaltecer a l a Patria. N o es extraño entonces que España resulte ensalzada, dignificada y unificada en una ambiciosa aspiración: su felicidad. E L B A C H I L L E R ALCAÑICES. ¡Valparaíso. TEMAS ECONÓMICOS Una interpretación socialista Meses atrás comentamos la enemiga desatada entre los parlamentarios franceses, contra los priximic (almacenes precio único) Entonces se trataba de una adición fiscal que la Comisión de la Cámara había insertado en el presupuesto y que el Senado echó por tierra. Posteriormente la cruzada pretendía exterminar esos establecimientos con bríos más agudos. L a Cámara, por medio de un artículo de la ley de Presupuestos, por el actual ministro de Hacienda, consiguió que se prescindiese del editamento, con la promesa de promover una reforma legal. ¡Y, en efecto, la Cámara ha conocido, discutido en una sola sesión y aprobado por casi unanimidad (con dos votos en contra únicamente) un draconiano proyecto de ley que, entre otras cosas prohibe la apertura de nuevos tnagasins a precio único, e impone a los existentes cortapisas y obligaciones tales que difícilmente podrán subsistir. E l hecho así está. L o que hoy quisiéramos destacar es la casi absoluta unanimidad habida en la Cámara francesa. U n a Cámara surcada por profundísimas disensiones de conducta e ideología, ¿cómo y por qué llegó ahora a tan pleno acuerdo? E n concreto: ¿Por qué los socialistas se han pronunciado contra esa forma de venta? A nuestro juicio, en esa actitud de la minoria socialista, secundada por los escasos comunistas del Palamento, hay una verdadera revelación doctrinal psicológica. Los socialistas, en efecto, al pronunciarse contra los almacenes de precio único, no han pensado en el interés de los consumidores, sino en el pequeño patrono A h o r a bien; los obreros son consumidores, no patronos. L a conclusión es neta. el socialismo francés favorece con sus preferencias al patrono artesano, olvidando al proletariado cien por ciento. N o creo que sinceramente se pueda rebatir esta interpretación. Dígase lo que se quiera, quienes más. se benefician de estas ventas a precio único y bajo, no se olvide, son la clase obrera, y, en cambio, sufren perjuicios con ello los pequeñas patronos, o sea en parte la clase media. Por consiguiente, el socialismo francés ha estimado más el servicio de. la clase media que el de la proletaria. Y no se arguya que ese patronaje medio sostiene grandes masas obreras, porque lejos de ser así, el pequeño taller se caracteriza por el exiguo empleo de la mano de obra, que casi siempre es familiar. Las estadísticas demográficas oficiales de Francia referidas a 1926 acusan, sobre una población activa de 21,3 millones de habitantes, en la Agricultura, 4,8 millones de patronos y 2,3 de obreros, y en la Industria y el Comercio, los servicios públicos, tos domésticos y las profesiones liberales, S, 4 de patronos contra 6,9 de obreros, habiendo aparte 2,7 de empleados. N o cabe mayor desemejanza entre la Agricultura y el resto de la economía. E n aquélla, el número de propietarios excede del duplo del de obreros. E n ésta, el número de obreros es casi un quíntuplo del de patronos. Aquellos propietarios claro es que no son terratenientes en gran escala. Puede asegurarse que, el 95 por roo son clase media; esto es, modestos labradores. Pero estos obreros no son totalmente proletariado cien por ciento, n i mucho menos. L a estadística no da el dato, ni podría darlo; pero tenemos por seguro que gran parte, de ellos, figura entre los ocho y diez millones de franceses que perciben rentas moviliarias. L o que resulta a l a postre es que ambos términos extremos se encuentra en un término medio ponderado. E n l a A g r i cultura reina el bienestar, pero no. el latifundio; en la industria predomina el proletariado, pero no la miseria. L o que tales números enseñan es patente al más lerdo, a saber: que las clases medias acrecientan i n cesantemente su volumen social, razón por la cual cada vez son más endebles las fórmulas marxistas puras, basadas en un supuesto que no se d a la proletarización, el neosocialismo, de modo singular el de Marcel Dear Marquet; Pero, a juzgar. por la. votación que comentamos, tampoco pasa desapercibido al socialismo ortodoxo de Blum. A aquél, de un modo franco; a éste, de un modo taimado. Quieren atraerse, a. toda costa á las clases medias. E s o es todo. Y es mucho. Eso significa, por lo menos, una confesión de i m potencia por parte del proletariado neto, para realizar la revolución social. 1 señora diputado servir de solaz al g u e r r a ro? Y cierno no quería pensar, volví a leer, y Nietszehe me d i j o E n el momento de tomar estado debe hacerse esta preguntad ¿crees que podrás conversar con esa mujer, hasta la vejez? Y yo me pregunté a míj mismo: ¿Qué hubiera sido de mí, si mej llego a casar con esa señora, que desde la! primera entrevista pensó en deslumhrarme ¡con su sabiduría y su energía? E l l a no que- i rrá quererme; querrá discutir, disputar. Nun- ¡ca hubiera podido llamarla mi mujer; en redo casó m i señora Sentí frió y miedo, y no comprendí- al pronto, la necesidad de expresar estas verdades desagradables. P e r o Nietszehe me aclaró: Todas las verdades! que se callan se tornan venenosas A h i pues como yo callo los nictnbres- -porquqj esas señoras existen- -me sigo envenenando Desde entonces estoy creando! valor para de- ¡c i r sus nombres en voz alta! y en letras dé! molde. Pudieran matarme s i los digo; pero! si callo- moriré envenenado. Y un día losli diré, qué remedio! Que me maten es sóloj probable; que me muero es seguro, y, en to- dos los casos, es preferible exponerse a ser, asesinado, que dejarse morir. j Escritas las últimas líneas, m i vanidadi sospecha que he expresado un pensamiento de actualidad. Hasta empiezo a creer quei tengo la obligación de pensar por mi cuentaí y de escribir algo sobre esta huelga, que me ha dejado unos días sin periódico. Y abandono el volumen de Nietszehe; Pero no sá qué escribir, porque no puedo darle la razón! al obrero, porque no l a tiene, y me parece; abusivo y absurdo quitarle lo que no tiene ¡Porque yo quiero al obrero, y muchoís de! ellos no podrían negarlo, que unos y otrosí! sabemos recíprocamente a lo que saben nues j tros cigarrillos respectivos. Y o lo quiero! porque nos ayudamos a ganarnos un pañi; que él no heredó, n i yo tampoco. Y yo fe; invito a que respete conmigo a quien, h a biéndolo heredado, pena y porfía por con- servarlo para sí y para otros, y en los tierna pos que corremos conservar y acrecentar unjbien, suele ser casi más difícil que crearlo. Y o admiro, y quiero, y respeto, al obrero, porque suele hacer lo que yo rio s é pero aspiro a que me quiera él también y met respete, porque yo sé hacer lo que él no: sabe. N o deseo su mal, sino su bienestar, que es mío también, y aunque le considerara uní instrumento o una máquina, no me pondría! a destruirlo, para corregir; sus defectos, que tan mala corrección a golpes me parecería un suicidio. Y yo no quiero suicidarme; pero no quiero tampoco que l a máquina me triture. Mas, claro está, qrae no le considero máquina, sino hombre, mi prójimo, m i semejante y mi hermano. Más aún, igual a mí, N o tengo ningún inconveniente en admitir; que todos somos iguales: lo único diferente es el sitio de cada uno, nuestro sitio, distinto para cada capacidad, y nuestro sitio es lof que nos habla a cada uno de nuestro deber, que es siempre antes que nuestro derechos Y para predicar con el ejemplo y no salirme de mi sitio, dejo de hablar de lo que no s é porque no basta sentirlo, sino entenderlo. Y ¡como mi sitio no es el del pensador, para que alguien me ayude y piense por mí, vuelvo al librito de Nietszehe. y MÁXIMO. A PALO SECO Tiene razón el maestro Salaverría: leemos pocos libros, vivimos a prisa y el libro pide reposo y quietud, acaso porque tiene. aspiraciones de eternidad, y a nosotras, irreflexivos y dinámicos, que queremos vivir sin pensar, porque si pensáramos no quisiéramos vivir, nos parece más cómodo y más práctico leer solamente en l a hoja volandera del periódico las noticias actuales, muy peco l i terarias porque más que del hervir de las ideas nos hablan del vaivén de nuestro pan. H e podido comprobarlo ahora, en estos dias en que la huelga de los obreros de A r tes Gráfk s me obligó a volver a buscar en el libro viejo la satisfacción del buen vicio de leer. Resulta que ya no leo un libro. Como aquel Jacinto Galión, de La ciudad y las sierras, de E c a de Queiroz, vagué un gran rato por mi biblioteca- ¡a cualquiera cosa llaman chocolate las Pat. ronasJ- -sin saber por qué libro decidinme, y al fin y a la postre na pude irme a la cama con un diario, porque ese día no se habían publicado periódicos. Busqué el volumen más chiquito para volver a acostumbrarme y era una recopilación de pensamientos de Federico Nietszehe, publicado por la colección M i crocosmos. Leí y comenté para mi capote: E l fe- robre debe ser educado para la guerra y la mujer para solaz del guerrero. Todo lo demás es locura. Y pensé- -la manía de la actualidad- -en aplicar en seguida la sentencia. ¿Podría esa P o r un momento imagino que él lo escri bió asíj a fragmentos, y quiero olvidarme de que son trozos sacados y escogidos de sit obra total, y quisiera yo también escribir así, a peda. citos. Pero no como, pongamos el ejemplo de un compañero ilustre, las gre, guerías de Ramón Gómez de la Serna, que son el fruto de largas meditaciones y observaciones y de un constante ejercicio de la! sensibilidad; sin escribirlo, sin pensar, a lo que saliere, en parrañtos cortos e inconexos, como orador con disnea, que pierde el hilo por tomar aliento, según escribo ahora: en-