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J efecto, es tan estrecha y rigurosa, que sé mede medir en sacrificios, en miseria o en ágrimas de los pueblos, lo que hacen o lo que no hacen sus gobernantes. Así es posible que, hombres llevados por Su origen, por su vida o inclinación de espí r i t u a estudiar lo que le falta a la gran masa de sus conciudadanos, resignada e impotente para elevarse por sí misma; a considerar 1 c que esa masa necesitaría para llevar una vida aceptable, dentro de una medianía dis, creta, tengan formado un concepto distinto, ípero más humano, de la colectividad naciona y trabajen desde lo alto d d Poder sin descanso, con ahinco, con rabia... para que una mujer no tenga hambre o para que no llore un niño. Í comentario, peio sf quiero dejar consignado un hecho: E l primer presupuesto liquidado por Salazar, lo fué con déficit aterrador; a ios cuatro años ha liquidado con superávit, a pesar de rabet comprado en dicho, a ñ o un barco de guerra, pagado al contado. JSada más. JÓSE S I M Ó N V A L D I V I E L S O Lisboa, marzo 19,34 1 CORTES Y TESORO L a expeciencia personal de estos tres meses no ha hecho sino corroborarme en la tesis, que hace años vengo manteniendo, de que el régimen democrático conduce fatalmente a la bancarrota de los Estados, j a la penuria de los pueblos. Con ello no digo que un r é gimen de Dictadura o de Monarquía no parlamentaria no haga otro tanto, pero entonces es que h a b r á incurrido de propia iniciativa en una política equivocada, y caído en la tentación de multiplicar innecesariamente sus instrumentos burocráticos. E n el caso de la democracia, en cambio, el proceso es fatal. Por lo menos, hasta ahora no se ha encontrado el modo de suspender su curso. Cada uno de los 4 0 diputados, venimos a ser como un; máquina extraer dinero- del Tesoro, en beneficio de los electores m á s i n fluyentes. L o s m á s influyentes podrán serlo las masas obreras, o fabricantes sin trabajo, o los alcaldes de localidades necesitadas de obras públicas, o asociaciones de funcionanos menesterosos de mejoras, o simplemente electores individuales necesitados de destinos que les proporcionen el cotidiano pan. E l resultado es siempre el mismo: l a presión al Gobierno para sacar dinero con que satisfacer estas aspiraciones. E l diputado m á s eficaz, es el que m á s dinero saca, el que m á s contribuye a recargar el coste del Estado. E l l o ocurre, y tiene que ocurrir en todos los países de régimen democrático, es decir, de Parlamento por sufragic universal inorgánico. Y así se ha llegado en todos ellos a una situación que es, poi sí sola, la revolución social, pero una revolución social en beneficio exclusivo de la burocracia. E n su discurso sobre el Presupuesto, mostraba d señor Chapaprieta, que los ingresos totales de la Nación española son anualmente de unos 20.000 a 22.000 millones de pesetas. E l Presupuesto absorbe uno; 5000 millones, perc como además lr este hay que agregar los arbitrios, y las cargas municipales y provinciales y el impuesto indirecto que supone la protección arancelaria, puede decirse, sin exageración, que un español, sin haber entrado en E s p a ñ a en la guerra y sin gastos extraordinarios hasta hoy, paga aproximadamente l a mitad de sus ingresos por contribuciones directas e indirectas N o sé si nos consolaremos positivamente con el hecho de que lo mismo ocurre, poco más o menos, a todos los ciudadanos de países regidos por el sistema parlamentario. E s posible que la apreciación del Sr. Chapaprieta sea algo exagerada. Pongamos que no sea la mitad de nuestros ingresos, sino la tercera parte, lo que el Estado se nos lleva. Pues esa era la cifra de Alemania. De los 8,5.000 millones de marcos oro que cons- L a conquista de! Estado y la defensa de las posiciones de orden- -La tempestad revolucionaria que agita Él mundo y amenaza los fundamentos del orden social, impone como necesidad urgente el disponer del Poder público, la conquista del Estado y la defensa intransigente de las posiciones de orden. P a r a quien tiene amor a su patria y a los principios fundamentales de nuestra civilización, esto está hoy por encima y al principio de todo. Pero la posesión del Estado, que es condición indispensable ipata salvar a la Nación de l a ruma total y del desorden, no es factor suficiente de renovación matfctial y moral, ni puede, por s: solo, garantizar la estabilidad en d futuro de la obra realizada Esta ha de afirmarse en la reforma de la educación. E l respeto a la tradición no es la esclavitud al concepto tradicional- -M e atrevo a decir que estamos demasía 8o sujeto a la memoria de nuestros hóroes -nunca bastante querida n i venerada con exceso- -demasiado esclavizados a un ideal colectivo, que g i n siempre en torno a glorias pasadas y a inigualables heroísmos. Nuestro pasado heroico pesa demasiado sobre nuestro presente. Sólo nosotros tuvimos un Vasco de Gama, un Juan de Castro, un Alfonso de A l b u querque, los triunfos y las glorias fulgurantes de la India; pero tras de nosotros, los comerciantes ingleses, incomparablemente menos ilustres, crearon para Inglaterra un gran Imperio. S i queremos permanecer enquistados a las concepciones de los tiempos heroicos, correremos el riesgo de aparecer como una nación de parados ante un mundo nuevo, que no nos entenderá. De aquí que se deba dar a la Nación y a su vida colectiva una directriz nueva, aprovechando las formids. foles condiciones de la raza y neutralizando algunos de sus principales defectos. U n a mentalidad nueva h a r á resurgir a Portuga Estudiar con duda y realizar con fe -Nosotros tenemos, podemos jurarlo, un propósito ú n i c o engrandecer la patria y serv i r el interés nacional. S i n cerrar los ojo? a la razón- ni a la experiencia; aprovechándonos de lo que otros han probado y de las lee ciones aprendidas en nuestro propio país durante la conturbada época que nos pr- ícedió, y sin asegurar que todo cuanto en detalle establece nuestra nueva Constitución sea lo mejor. E n la transformación política y social a que estamos aFictiendo y que estamos viviendo, mientras atendemos a preparar, en medio de un mundo convulso, el futuro de nuestra patria, nemos que atender, como no sea posible, a este difícil dualismo, estudiar con duda y realizar con fe. N i un comentario siquiera Ahí queda, no sé si bunnri o malo, el retrato, o más exactamente, el boceto de retrato del jefe del Gobierno portugués, hombre huraño, refractario a la, interviú, y a todas las formas usuales de la popularidad. N o he de ponerle- -Dios rae libre- -el m á s liviano titeen, los ingresos anuales de la nación germánica, el Reich, -los Estados, los. M u n i cipios y los seguros sociales, se llevaban en 1932 m á s de la tercera parte. Verdad que, para podei sostener su aparato burocrático, Alemania había tenido que declarar una bancarrota que ha arruinado a los portadores de sus títulos de la Deuda. E n otros países se hacen las cosas con más finura. E n Inglaterra no está permitido a los miembros del Parlamento presentar proposiciones que envuelvan aumentos en los gastos. Esta iniciativa es- monopolio del Gobierno; pero el Gobierno ha de hacer, frente a sus compromisos electorales, que generalmente le obligan a presentar proyectos de lev, como las reformas sociales, pensiones a los viejos y a los desocupados, que implican insoportables aumentos en los gastos. Y a hemos visto que la experiencia Roosevelt, para remediar con auxilios del Tesoro los daños derivados de la a n a r q u í a económica y de la libre concurrencia, ha tenido que liquidaí el último presupuesto, con un déficit de m á s d siete m i l millones de dólares. E l fin ae todo ello es siempre el mismo, Por de pronto la bancarrota d d Estado. Digo por de pronto. Luego tiene que venir ¡algo peor, porque cuando se deja de pagar; a los acreedores del Tesoro, y a no es posible apelar a los empréstitos voluntarios, y la penuria general puede llegar a ser tari grande, que y a no haya manera de sacar a l pueblo los recursos necesarios para sostener la burocracia. A s í ocurrió cuando, la; decadencia d d Imperio Romano. Como fallió dinero con que costear d sostenimiento de las legiones. se autorizó a, los. legionarios para que se quedaran con. las tierras que guarnecían. E l día er que falten los recursos con. que sostener a los enjámbresele empleados públicos, h a b r á que pagarlos con la propiedad de las industrias, de los. comercios y de las tierras que el. Estado embargue para cobro de las, contribuciones, a menos que los propietarios de esas industrias, comercios y tierras, encuentren antes U manera de poner freno al incremento de los gastos públicos. 1 Para la mgiene intima, es ta m jor mas económica compresa femenina de celulosa qui Pürgica, P A HOTEL MOMT- THñBOR P o l! 4 t rué MONT- TABOK Ampliado eo 1932. 180 habitaciones. 100 baños. aiIlNCÍAJESPASSÍiA 3 ¿L a e n r o n t r a r á n? Seria la, única manera de saivaí el régimen democrático en el mundo. Y es claro que no es misión mia redimir la democracia, pero antes que hombre de partido, oy amigo de la verdad, y ella me dice que solo podría salvarse en el caso de limitar d Parlamento su propia soberanía para crear algún órgano encargado de ordenar los gastos públicos de tal manera. que fuera imposible aumentarlos, tanto a los d i putados como al propio Gobierno, por lo menos sin previo dictamen que mostrara l a imprescindible necesidad de los aumentos. Ignoro si ton ello se conseguirla r e í i c n a r el constante incremento de los gastos. E s posible que no. M á s a ú n es probable que no. L o probable es que ya sea tarde para todo, pero si fuera posible salvar la democracia, seria indudablemente por medio de algún organismo que sirviera de escudo a l Parlamento y al Gobierno contra las presionas que se ejercen en favor de los aumentos de. los gastos. De ahí el interés que en estas semanas se l a concentrado en torno de las posibles funciones del, Consejo Ordenador de la E c o n o mía. E s que e ha vislumbrado que pudiera servir para amparar a los industriales contra las alteraciones arbitrarias de los aranceles, que so los supuestos de su existencia; que también pudiera utilizarse para ordenar la prelación de las obras públicas, cuyo cost ha subido er. veinte años de go millones a 900 millones de pesetas y que, acaso, su misión fundamental consistiría en evitar la introducción de nuevos gastos sin previo dictamen. Pero es claro que si solo se trata de emplear a unos cuantos funcionarios, la Comisión de Presupuestos ha hecho perfectamente en suprimir a l Consejo sus recursos. gAMIXÓ. DE MAEZ 311 Í
 // Cambio Nodo4-Sevilla