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Dei y tampoco se da l a paz porque Jesucristo rio. sé la dio a sus discípulos hasta ocho días después de su resurrección; sólo comulga en este día el celebrante, porque está la misa anticipada de la próxima venidera noche, y omitida el poslcpmunio a fin de introducir en su lugar, la, acción de gracias, se termina e l o f i c i o c o m o en los días solemnes, diciéndose las Vísperas y Completas, fuera del Coro, según rúbrica, acabando con la antífona Regina coeli letarc. E l aleluya resuena clamoroso y triunfan- te en el templo. Resucitó, no está aquí. Alabad al Señor porque es bueno y eterna es su Misericordia. L a secuencia que vibra en acentos de dramático duelo entre la vida y la muerte en Cristo, florece luego en un dulce coloquio con M a r í a que tiene la transparencia de canto auroral. pste es el día que ha hecho el Señor: alegrémonos en él; aleluya... Y rompe en místico regocijo el alma cristiana. Mañana, la Pascua señalará l a victoria de Cristo. J. P O L O BENITO. La Semana Mayor Escojo, entre los y a lejanos, un a ñ o del que nos separan muy cerca de los cincuenta, y en cuya Semana Santa acaeció un suceso que conrnovió profundamente a M a d r i d F u é el mismo año del ciclón, y en él también, nació un niño, que a l ver l a primera luz, era ya rey. Como eran tiempos en los que l a religiosidad se manifestaba en forma ostensible, las divinas conmemoraciones en los días solemnes de la Semana Mayor, absorbían por completo l a atención de las gentes, sin distinción d é clases ni de categorías. L a procesión de las palmas se celebraba el Domingo de Ramos, en la catedral y en las (lemas iglesias, advirtiéndose gran animación en las puertas de los templos, con la algazara de los modestos mercaderes, al vocear su mercancía de palmas rizadas v los manojos de romero y oliva. E n tan señalado d í a ocurrió el sangriento suceso que sembró de consternación l a villa. Fundada el a ñ o anterior, como sufragánea e Toledo, l a diócesis de M a d r i d- A l 3 D e panorama que fué... 3 Estampa del- Madrid de ayer A las madrileñitás de ahora, pimpantes y juncales, de cabecitas rubias y destocadas, conocedoras de todas ¡as piscinas, de todos los rincones de l a sierra y. de todos los dancings, va dedicada en estos días- -que ya 110 son de recogimiento- -la presente estampa de una Semana Santa, en el M a d r i d de hace cuarenta o cincuenta a os, cuando sus mamas y sus abuclitas casi todas morenas) lucían su garbo por esas calles, muy, emperejiladas con sus mantillas y con sus ¡láyeles. T a m b i é n a h o r a lucen sus galas las madamitas, realzando su hermosura con las ólondas y adornándose con claveles. Pero el caso es; que... H a n cambiado cu tanto y en tantos aspectos las costumbres, que no hace falta ser muy viejo, para advertir la transformación que se ha operado en todo. E l Madrid actual, es completamente distinto al ante de la guerra, y si a ello se a ñ a d e todo lo acontecido en los tres últimos años, tampoco precisa ser gran- observador, para apreciar! a enorme diferencia. E n aquel Madrid, m á s reducido y más íntimo por tanto, todo era familiar y todo el mundo se conocía. E r a el M a d r i d del pinar de las de Gómez de la esquina del Suizo, de la puerta de Lhardy, de la Correspondencia y del Resumen. L o s- t r a n v í a s de muías y los ripperts. eran 1 a última palabra en punto a locomoción urbana. Existía entonces el teatro de Variedades, así como el del P r í n c i pe Alfonso, y el Circo H i p ó d r o m o hacía. furor la Sociedad de Conciertos y en el mun. do artístico descollaban como primeras figuras con todas las prerrogativas de l a popularidad, Echegaray, Leopoldo Cano, (que todavía vive) Sarasate, Bretón, Monasterio y el maestro Mancinelli. Felipe Ducazcal, se encargaba de que. estuviesen de bote en bote los jardines del Buen Retiro, en las noches estivales, pues, si no vendía las entradas, las regalaba a sus amigos y conste que, todo Madrid, era amigo suvo. E n la crónica triunfaban Ortega M u n i l l a Eusebio Blasco y Urreeha, mientras que Luis Taboada fustigaba a la cursilería andante. He dicho en otro lugar- -y permítaseme 3 a auto- copia- -que eran estos l o s tiempos felices y sin sobresaltos del péndulo y del t a l y- cual porque aquel, con su ritmo acompasado y tranquilo, marchaba en un lado el t a l y en el otro al cual que lo eran: Cánovas y Sagasta: Pereda y Galdós; C a l vo y V i c o Lagartijo y Frascuelo; m i s Fullcr v P a p ú s el coronel Oliver y el capitán Máyet; Lola, l a billetera y el perro P a c o V i c l s a y Bargossi, y otros muchos tales en contraposición con otros tantos cuales Como sus hijas y sus nietas, las mamas y las abuelitas. erán salerosas, pizpiretas y, dicharacheras, de menudito andar y chispeantes decires, aunque aquéllos polisones y aquellos bustos, encorsetados para lucir, el talle de avispa... Pero, en cambio, las. menestralitasno podían i r más airosas con su pañuelos de flecos; y el mantón imprimía más gracia a. las que lo sabían llevar, que estos abrigóles dé ahora, de tela basta y de corte extranjero. 1 En Jueves Santo Composición y dibujo de Manuel Alcázar. mu itiniTCiaan ii; un li i t r o t n
 // Cambio Nodo4-Sevilla