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DIARIO ILUSTRA- DO. AÑO TRIGÉS I M O S E G U N D O. 15 C T S N U M E R O F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D. TÓRCUATÓ L U C A D E T E N A ABC B E C O U E R Y LAS E L E O CIONES P r ó x i m a s fechas del mes nacional de febrero. E l día 16 parece que serán las elecciones. A l día siguiente se cumple el centenario del nacimiento de Gustavo Adolfo Bécquer. Resulta que el gran poeta nació inoportunamente el 17 de febrero de 1836, porque la justa celebración de esta fecha, además de que, probablemente, pasará inadvertida en el fragor de la lucha electoral, está, a ú n después, pendiente, como todo acontecimiento del espíritu, de lo que salga de las urnas. Popular y naturalmente aristocrático al tiempo, Bécquer responde con su corazón, con su generosidad, con su confianza y su melancolía al más típico estilo liberal que hoy no quiere o no sabe comprenderse. L o liberal y jerárquico ha perdido terreno de i n fluencia en España, porque, en fin de cuentas, es una doctrina que desde lo político a las artes responde a acentos netamente espirituales, mientras que el extremo comunista, y aun en cierto modo el extremo fascista, obedece a los imperativos rígidos de lo económico, del materialismo sobre las puras razones del concierto espiritual: a f á n de grandeza y comprensión de miserias. E l ala derecha del socialismo español, 1 ala del socialismo reformista, liberal, acaba de fracasar, con su jefe, D Julián Besteiro, diputado de mayor votación por M a drid en Jas elecciones de 193. E l triunfo de Largo Caballero es el triunfo de las d i rectrices revolucionarias de Moscú. L a actitud de la amenaza oriental sobre los gustos y perfiles de la civilización occidental, netamente europea, está bien clara. L a próxima lucha electoral decidirá para nuestra traspasada e infeliz España una de estas dos tendencias: la europea, liberal, evolutiva, o la asiática, dictatorial, revolucionaria; la orientación espiritual o la orientación rnarxista que propugna Ja muerte de las esencias espirituales. ¿Podremos, en lo sucesivo, hablar de Bécquer, del amor de los poetas, de la continua invocación, de Dios? Caeremos en la noche salvaje y cerrada del marxismo, del culto biológico, del amor libre y de la negación sistemática de los derechos del alma, de la sublime esperanza de la fe? Esta vez no se les plantea a los españoles unas simples elecciones políticas. Se les plantea, y así, en todo su horror han de comprenderlo todos, una elección más grave a ú n que entre la vicia y la muerte. Las mujeres que amáis serán- -contra el amor- -de todos. Los h i jos que alegran vuestro corazón aprenderán a odiaros. E l pequeño ahorro, que a fuerza de trabajo y sacrificio, reservasteis para nuestros seres queridos, os será arrebatado. L a Cruz será pisoteada y recibiréis algo más terrible que la muerte: el continuo salivazo a vuestros m á s sagrados ideales. Eso es lo que vais a resolveí vosotros mismos, españoles, el día 16 de febrero, un día antes del centenario del nacimiento de un poeta. Dios quiera que podamos celebrar el centenario a Bécquer. No dejes. Señor mío, Jesucristo, de tu mano ni a los qu, e, ciegos, se vuelven ahora contra, ti. CESAR GONZÁLEZ- RUANO DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O TR 1 GES 1 MOSEGUNDO. 15 C T S N U M E R O ¿PARA O U E T A N T O S? Se comenta frecuentemente el nombramiento de gobernadores, de alcaldes, de jueces municipales y de otros auxiliares de l a administración pública, achacándole la i n tención de falsear el sufragio. Pero no se dice nada de otro mal mucho más grave para la esencia del Parlamento. Sólo la fuerza de un convencionalismo largamente practicado puede explicar que nadie proteste, ni aun parezca advertir la anomalía a que vamos a referirnos y que, prácticamente, invalida: y destruye, el carácter de la institución. E n teoría, el pueblo, en uso de su libérrima voluntad, después de examinar las condiciones que Fulano y Mengano reúnen para defender sus intereses, conocer sus necesidades y legislar en su remedio, las elige de entre el común como candidatos, lleva sus nombres a las urnas y les atribuye derecho para representarlo en las Cortes. E n realidad no es así. E l pueblo no elige a nadie, el pueblo nunca sabe a quién va a elegir. Muchos periódicos se quejaban hace pocos dias aún, de que no se conocían las candidaturas, y algunos citaban amargamente nombres de ciudadanos meritorios que no serán incluidos en ninguna combinación. Otro diario, La Nación, estudiando las listas de los candidatos, vaticinaba que el próximo sería un Parlamento de imbéciles Entonces, ¿es que hay algún país en el mundo que no distinga la imbecilidad o que, distinguiéndola, seleccione a los que sufren esa desgracia para que formen la mayoría en un organismo que le ha de gobernar? N o L o que ocurre es que los Parlamentos- -seg ú n la forma al uso- -no suelen representar al pueblo, sino a una oligarquía. Unos cuantos señores- -a veces uno sólo- -pactan, examinan nombres de amigos y los imponen. V o t a d a éstos -ordenan. Y no hay más solución que votarlos. S i los izquierdistas proponen a un idiota, la masa izquierdista depositará aquel nombre en las urnas, porque otra acción equivaldría a dar el triunfo a las derechas. Y si las derechas proclaman a un necio, los derechistas entregarán su papelito con los apellidos del necio al presidente de la Mesa, porque si se inhiben o si votan a otro que no sea aquél, se exponen a ayudar al éxito de las izquierdas. Pero los jefes casi nunca buscan talentos, sino amigos; buscan esos seres de escasa inteligencia, gran capacidad adulatoria y poco aptos para administrar por sí mismos las ideas, a los que se les llama incondicionales De tal suerte, en las Cortes, cada partido viene a ser, con frecuencia, una unidad seguida de ceros, y la oligarquía subsiste. E n rigor, un Parlamento son, nada más, diez o doce personas. Y o no comprendo para qué se vota a tantos sujetos. Bastaría llevar a las urnas en toda España esos diez o doce nombres y colocarles un exponente que significase el resultado obtenido y que les diese fuerza proporcionada en sus deliberaciones. L a Patria ahorraría dinero, tabarras oratorias y azucarillos. Y el resultado sería igual. W. F E R N A N D E Z F L O R E Z PASQUINES Las elecciones d a r á n éste o el otro resultado; pero antes de verificarse han tenido ya un gran é x i t o un gran éxito de público como dicen en el mundo del teatro. L a gente se agrupa en los cantones de las calles a ver la novedad del d í a a leer los carteles de propaganda, a comentarlos, y en último extremo a rasgarlos con vigorosos tirones de rabia. Estamos en la edad del pasquín. ¿Quién se acuerda de las antiguas elecciones generales, con sus pucherazos y sus diputados cuneros Entonces reinaba una mezcla de sencillez y de picardía que, no sabemos si para bien o para mal, ha pasado a la historia. H o y nos hemos americanizado, o alem anizado, y hacemos la propaganda electoral a la moderna, debiéndose anotar, como caso curioso, que el bando de las derechas se muestra el más modernista, -el m á s inquieto y americanizado de todos. ¿Por qué será, sin embargo, que de todo el instrumental reclamista que nos llega del extranjero lo que principalmente hemos adoptado es el pasquín? Cuestión de raza y de latitud geográfica, sin duda. Para un pueblo vehemente y de impulsos ejecutivos, el pasquín responde como nada a las necesidades más íntimas. Es un sustitutivo de los ademanes airados con que el hombre meridional confirma sus discusiones de café o de plaza de mercado. Discusiones que acaban en disputas; disputas que terminan en garrotazos. E l pasquín, de ese modo, equivale en el plano intelectual de la propaganda política a la piedra o el garrote en manos del fanático analfabeto. Esta moda del reclamo cartelero, aplicado a la política, a algunos les produce molestia o irritación. H a y muchos que se llaman progresistas y adelantados y que en el fondo dé su alma son unos tenaces conservadores. ¿Qué se va a hacer cuando la corriente del tiempo llega con el ímpetu que ahora? Los rascacielos invaden la ciudad, los altavoces se iluminan con luz eléctrica, los obreros beben en la taberna cock- taü, y el jefe político de los tradicionalistas se dirige en avión a un mitin de cincuenta mil espectadores. N o hay fuerza que pueda contra esta americanización que invade el mundo, y que no respeta los países más típicos y refractarios. E l Cairo está ya erizado de rascacielos, Constantinopla se moderniza a paso de carga, R o ma es un émulo de Norteamérica y A l e mania. E l gángster chicaguense toma carta de naturaleza en todos los rincones del mundo. ¿Progreso? Pero no es poco progreso que digamos esta libertad y legalidad del pasquín. Antes el pasquín era una cosa fraudulenta, criminal como una puñalada y que se castigaba con la cárcel o la horca. H o y no es delito, sino una función ciudadana como otra cualquiera. Una leyenda que a unos hace reír por lo inocente, y a otros exaspera con una ira inconfesable. Pero lo interesante es que se haya llegado al uso de arrojar rótulos contra la conciencia del adversario, en lugar de piedras contra l a cabeza de quien no piensa como nosotros. JOSÉ M S A L A V E R R I A
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