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r allí en Eíbaf, en ei seno de íá familia unilateral. Una tarde asistí- ¡asistí, señores! -al proyecto de plan para desencadenar l a guerra en el mundo que elaboraban aquellos mangantes. Largo Caballero no había ido a P a rís a- nada menos que a pedir a las internacionales una presión definitiva sobre las naciones llamadas democráticas para que éstas intervinieran claramente en la guerra de España, a favor, desde luego, de la barbarie roja. L a cosa no podía ser más fácil. S i se negaban, el proletariado ravacholizar í a a esas naciones a fuerza de huelgas, de motines, de bombas y de terrorismo. N o pretendo descubrir n i n g ú n secreto con esto, porque al día siguiente Largo Caballero hacía declaraciones en tal sentido a la Freír- -i de París, un poco disfrazadas; pero sí puedo decir que el que habla de estupor no sabe lo que es eso si no ha visto, como yo, a un grupo de facinerosos- -algunos con mondadientes en l a boca- -intentar la erupción de la mayor catástrofe que vieron los siglos, a beneficio de una partida de asesinos. Así es el frente de P a r í s Mientras se detenía a unos supuestos cagoulards y se realizaba una campaña de Prensa ostentosa y ridicula contra una serie de personas honorables, a las que se acusaba de terrorismo nada menos, Largo Caballero podía deambular tranquilamente por l a ciudad con l a tea incendiaria a la recolección de energúmenos franceses y del mundo. E s esto, aproximadamente, lo que escribía días después Stephane Lauzanne en Le Matin, recogiendo la agresión de E l Estuquista, en defensa de Francia, alegre y confiada todavía ante la invasión de L a H o r d a Aquella partidita de gangsters abandonó el hotel- L o r d Byron- -pronuncíese Hotel Lorbirón -sin haberse dado cuenta, probablemente, de todo el desprecio que había levantado a su paso por él. Y o lo supe, porque habían desaparecido los guardias de la talle y porque una j a nana, como oyera ruido de metales hacia el comedor y preguntase lo que sucedía, se me contestó: ¡E s un recuento de cubiertos! J. M I Q U E L A R E N A meses, trasladado al punto donde fué fusilado. L 1 señorita Casilda de Castellví y Trenor, baronesa de Torres- Torres, hija también de los condes de Laconi, tras varios meses de cárcel, fué igualmente condenada a la última pena, sentencia que sin demora se cumplía. Ambos hermanos apenas si habían cumplido los veinte años. Otra de las familias en las que más se cebó el odio marxista fué en l a del marqués de Tremolar, nieto de la ilustre familia de los Mayans, cuya línea recta lleva el título de conde de Trígona. De esta familia, apartada por completo de toda actuación política y social, fueron asesinados el matrimonio, un hermano del marqués, D Manuel Navarrete Mayans, muy querido de la alta sociedad valenciana, y herido gravemente el hermano m á s pequeño, D Luis. De toda la familia sólo se libró una hija del marqués, ausente de Valencia. E l conde de la Vallesa de Mandor. U n a de las primeras víctimas del Movimiento fué D Enrique Trenor Montesinos, conde de la Vallesa de Mandor, hijo de los condes de Montornés. y casado con la condesa de Noroña. F u é ¿tenido en los primeros momentos, y, sin que pudiera concretarse cargo alguno contra él, pues ni siquiera fig u r ó en l i vida activa de l a política y sólo brilló por sus bondades, fué fusilado, luego de varios meses de encierro, dando muestras de su acendrado espiritu cristiano, y juntamente con el ex diputado a Cortes y ex presidente de la Diputación Provincial, figura de gran relieve del antiguo partido conservador de l a Monarquía D Juan Bautista Valldecabres, y del elocuente orador religioso reverendo padre Santonja, escolapio, que se había distinguido notablemente por sus valientes predicaciones frente a los avances de las ideas disolventes. D Juan Noguera Yanguas, marqués de Cáceres, ex diputado provincial de la D i c tadura, intachable también por su caballerosidad, fué asesinado porque se le encontró entre sus papeles una tarjeta de D José Calvo Sotelo. D Fernando H e r n á n d e z y L a Figuera, conde de Villamar, y viudo de la condesa de Plegamans. Se hallaba en su casa de campo de Venta del Moro, enfermo, y allí le sorprendieron los sucesos. F u é sacado a v i v a fuerza del lecho, martirizado y muerto en pleno campo, enterrándosele después junto a una carretera. H a b í a figurado como d i putado provincial, afiliado al partido liberal y gozaba de generales simpatías. D Joaquín Gómez de Barreda y Salvador, conde de Ovedos. Pertenecía al A r m a de Caballería con el empleo de capitán. Conducido por las hordas de la F A I. al paseo de las Pechinas, se le comunicó l a sentencia de muerte. Pidió el reo unos minutos para reconciliarse con Dios, y aprovechando un descuido intentó huir en zig- zag, pero sus verdugos hicieron fuego. contra S. y le S rieron de gravedad. A ú n pudo ser auxiliado y conducido en un tranvía a l a próxima casa ¡de socorro, pero sobrevivió poco a sus he ridas. D Fernando Dasí Fernández, conde de -Daya Nueva, capitán de Artillería. Deseendiente de la ilustre familia de los marqueses! de Dos- Aguas, pertenecía a la guarnición de Barcelona, al ocurrir el alzamiento en esta ciudad y fué herido en la plaza de Caí taluña y hospitalizado. Restablecido de susi lesiones fué condenado por el Tribunal M i litar en juicio sumarísimo, como sus demá- sj compañeros de aquel desgraciado aconteció miento, fieles todos ellos a. los grandes idea- les por la Patria. D Fernando Manglano y Cucaló de M o n tul! marqués de Cea. Pertenecía al A r m a des Caballería, con el empleo de capitán y se hallaba en la reserva acogido a l a ley de Azaña. E n los primeros momentos fué detenido y trasladado al barco convertido en prisión, y allí estuvo hasta que se le sacó para fusilarlo. E r a hijo de los barones da Llaurí y Terrateig, hermano del barón de Carcer, y estaba casado con la hija menor de los marqueses de Serdañola. D Juan Sanmillán Miquel, marqués des Benicarló, ingeniero, asesinado por las hordas marxistas de Madrid. H a b í a actuado brillantemente en su carrera. S u palacio de Valencia fué convertido en local de la presidencia del Consejo de ministros, en cuanto el Gobierno se trasladó a dicha ciudad, y su residencia veraniega de Benicarló ha sido uno de los puntos predilectos del presidente de l a República para sus enlaces entre Ca taluña y Valencia. D Fernando Núñez Robles, conde de P e s i tagua, primogénito del marqués de Monlortol, fué detenido, encarcelado y muerto en Albacete. D Pedro Burriel García Polavieja, mar qués de V i l l a Antonia. Sobrino del inolvi dable general Polavieja se había distinguido: por su competencia en el Cuerpo de A r c h i veros a que pertenecía. F u é detenido y ase sinado en Madrid, y detenidos también, lar ga temporada en la cárcel su esposa e hijqf primogénito. L a persecución se extendió principalmente a los hiios de los aristócratas titulados, y ¡entre los que rindieron tributo a l a muerte. podemos citar: don Enrique y don Rafael Ros Selva, hijos mayores del marqués del Torrefranca, el segundo de los cuales asistió; a l a boda del. infante D Juan, y con. la ba ronesa de Torrrs- Torres representó a lal región valenciana, vistiendo de labradores) a la antigua usanza; don José Valero de P a l ma, hijo de los marqueses de este apellido i don Manuel Manglado Valdés, hijo del ba ron de Vallvert y heredero de este título, yj don Antonio Piniés, primogénito del barón! de la Linde. 1 (El Fugitivo. i -y DEL CAMPO ROÍ O VALENCIANO Los aristócratas valencianos asesinados T a m b i é n en Valencia l a aristocracia fué blanco preferente de las hordas marxistes, a pesar de que esta clase social en la región valenciana vivía sin ostentación de ninguna clase, y siempre dispuesta a cooperar en toda obra r u é redundase en beneficio de. las masas obreras. H e a q u í a continuación, un suscinto relato de las víctimas caídas al odio marxista. U n a de las familias más terriblemente castigadas ha sido la de D Enrique de Castellví, conde de Laconi y marqués de la illanueva, concejal que fué del Ayuntamiento en el período de l a Dictadura y de un monarquismo muy acendrado. F u é detenido en uno de los cuarteles, al ser asaltados éstos por las turbas del Frente Popular, y conducido al paseo de la Alameda, para ser fusilado. Su serena actitud despertó l a admiración y l a piedad de un rojo y fué de momento absudto. E l l o le permitió esconderse, pero meses después fué descubierto por un grupo de l a F A I. y ejecutado, juntam te con el teniente señor Rivera, que estaba en el mismo escondite. S u hijo p r i mogénito, D Enrique de Castellví v Trenor, vizconde de San L u r i alumno del Cuerpo de Ingenieros, fué detenido en casa de sus padres y conducido a un barco, habilitado ¡como prisión, y de allí, a l cabo, de trea También murieron por Dios y por la P a tria, vilmente asesinados, don José ValterraJ C o r b í don José Corbí y Rodríguez Pater na, caballero de A l c á n t a r a don Vicente F r í gola Noguera, ingeniero; don Luis Trenor y Pardo de Donlebú, hijo de don Leopoldoy y don José Luis Almunia, crítico de arte de? La Vos Valenciana, y cuyo hijo primogé nito, el marqués de Tejares, oficial de A r t i llería, ha muerto heroicamentet en uno dei los frentes. N o- pretende el articulista haber agotado la lista de los aristócratas valencianos m á r tires de la Patria y que en el cielo habrárí recibido la recompensa de su sacrificio. Po sible es, ¡D i o s no lo quiera! que en esa! lista falten algunos nombres, y también puliera darse el caso, aun cuando esto es más! dudoso, que con el tiempo apareciese vivo alguno de los que hemos dado por muerto, ¡O j a l á que así suceda! E l período de anar quía y confusión en Valencia ha sido tan grande, que toda sorpresa en un sentido j en otro ha de tener explicación lógica. VÍCTOR S Á N C H E Z
 // Cambio Nodo4-Sevilla