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DIARIO CIÓN 70 ILUSTRAGENERAL, DIARIO CIÓN 70 SUSCRIPCIONES X 14. ID PROVINCIA, E L TRIMESTRE: ILUSTRAGENERAL. 49 168 1 D O D E INFORMACÉNTIMOS D E SAN SEBASTIAN. MENSUAL: PTAS. D O D E INFORMACÉNTIMOS I D I D AÑO: ADMINISTRACIÓN: PRADO SUSCRIPCIÓN A N U N C I O S V E L A Z Q U E Z 12, S E V U J L A A P A R T A D O P T A S 42. I D I D S E M E S T R E 84. Lo ¡s que hernias sido soldados c o n o cenaos un sonido inconfundible, capaz, a pesar de su Levedad, de despertar al más rudo dfe la compañía con esa especie da vagidos que preceden al toque de diana, cuando. el corneta ensaya en la boquilla aribes de lanzar su alborada militar. Los que no han sido ¿oldlados no conocen nada de esto. ¡Otto Skorzeny, que es mi amigo, mi gran amigo y camarada, y que es el primer soldado de l a Europa derrotada, es de los que han oído antes que nadie efl vagido ás l a corneta, que va- a tocar generala sabe Dios en qué momento próximo. Con toda la elasticidad dte su inteligencia, de su sensibilidad de europeo de la marca de L e vante y de esos músculos como de cables dfe adero que le han hecho famoso y temible, alzó, can su voz de Sigfrido iluminado, a unía juventud desilusionada, que mascaba, entre ruinas de catedrales y de fábricas, una tfemenda amargura: la de haber visto cómo lie arrebataban de las manos una- Europa harmosa y joven. U n a europa un poco ruda, como una princesa nórdica, pero saludable y honesta; una Juana de A r c o germánica, que también parteció en; l a hoguera, acusada de bruja por unos jueces, y que también ser- á un día exaltada al lugar de honor que merecía en las páginas de la Historia. H e encontrado a Otto Skorzeny en un lugar del mundo hace pocos días. E l paisaje sobre el que se movían sus n o kilos y tu metro noventa y cinco no era el paisaje de su Austria nativa; ni el Saint W o l í a n g See en que se mira el Caballito Blanc o ni las praderas del Helktiral, en qué pacen los Llippizans nietos de los cartujanos de Jerez; ni los altos pinos de Semmtering. Por el contrario: ásperas tierras con esparto; algún cedro o algún pinsapo, enamorados de las altas palmaras; normes magueyes; chumbaras; gentes murenas y menudas, que cantan las canciones en que se aprecia el cuarto de tono, como entre los griegos. Cerca de allí, los camellos tardos, los linces Mitre los tamarindos, acechando el paso de las corzas. A Otto Skorzeny le ha parecido siempre esa una magnífica retaguardia de Europa. Sus amigos se lo hemos oído muchas veces. Y si Otto Skorzeny anda por allí, no es por huir de rada, que no lo necesita, ni nadie le persigue ni le busca, porque no hay motivo. Ancla por allí porque trabáis como ingeniero y porque prefiere trabajar sobre el paisaje que él cree que, seria ballesta de la Cristiandad, catapulta de Occidente. SSn mí último encuentro, muy reciente, con el antiguo amigo, que rescató a M u s so! y desarmó en doce horas al Ejercita hún atfct, Otto Skorzeny, estaba m ¡uy agí- LOS SMS DE tado. Jamás le lie visto así. Probablemente asi se le ha visto muy pocas titeéis, porque en sus legendarias aventuras el glorioso soldada siempre ha sonreído con un aire muy deportivo y siempre ha tenido a flor de labio una frase ingeniosa, un gesto escolar, muy vienes, da una difícil y no aprendida elegancia. Pqro esta vez la cólera se le cristalizaba en los nobles ojos y los velaba con un frío terrible, que. daba miedo, como si avanzaran detrás de ellos legiones de soldados vengadores viniendo desde, los robledales antiguos. De una tkada me dijo lo que quisieria repetir con fidelidad, porque lo juzgo como m mensaje histórico dirigido a un mundo todavía vacilante y en un momento estelar para l a Humanidad. E l mensaje eis bfleive y transmitido por mí pferdterá grandeza: le faltan el gesto y la expresividad. Y es a s í ¡M i r a este n ú m e r o de Das Gewissen L a Conciencia Dice quie dieciocho bravos oficiales del Ejército alemán están condenados a muerte an la prisión efe Landsberg. Seis de ellos van a ser ejecutados. ¿Cuándo? -Dice aquí que ahora mismo, en enero. Entre ellos está mi camarada de armas etl coronel de la Wafvven Peiper, caballero de la Cruz de. Hierro con espadas y hojas de robla: un bravo. F u é condenado en ej proceso de Maltnedy que ha pasado a l a historia de la justicia como un bochorno más. Peiper era completamente inocente. E l hizo la campaña da las Araonas a m i lado, y yo doy mii palabra de honor de que es un caballero. Mandaba la brigada mas brillante de la ofensiva y se portó como quien es: como un s e ñ o r L a princesa de Isenburg parece que hace gestiones cerca de Mac Cloy para e! indulto. Y yo te aseguro y te mago que lo digas en mi nombre y en nombre de tocios los oficiales alemanas que hoy trabajamos para la íutura victoria de lo. aliados occidentales que si el coronel Peiper es ejecutado no moveremos nunca más un dedo, ni abriremos nuestras labios y nos entregaremos a la desesperación negativista. Para nosotros, si! Peiper muere, todo se acabó. E s a sierá la se nal para nuestra dispersión, para nuestro licénciamiento de las filas de Europa. L a condena de Peiper y de sus cámara das es ilegal. Primero, porque el tribunal de Malmcdy era incompetente y recusable; segundo, porque han pasado tres años y no se pisarte tener a dieciocho prisioneros de guerra tres años en capilla, y, finalmente, porque la República federal no reconoce la existencia de la pena d? muerte. Pero, sobre todo, esto denotará la imposibilidad. de establecer ning ú n diálogo histórico con el pueblo, que pretende regir al mundo. Nosotros estamos de buena fe, hasta con relativo entusiasmo, a su lado v dispuestos ayudarlíes. Y lo repita S i Peiper m u e r e los americanos pueden estar seguros de que no colabora remos ni un instante más. Todo acabó para nosotros... U n enorme silencio, como, un silencio sideral, cae detrás de estas palabras tremendas: ¡Todo acabó para nosotros! Para suscribirse a A B C llame de usted a l teléfono número a dfe l a 3268 g, ocho Administración, diez dé de l a m a ñ a n a la tarde Es imposible decir lo que esto tiene de irremediable cierre. U n enorme ciclo, dentro del cual nace cuanto de harinoso lia hecho el hombre a partir da las penumbras rupestres, periclita y se apaga. Detrás de él se abrirá una nueva gran noche, en la que sólo nacerán ideas sombrías. N o es una frase cualquiera de un drama romántico, nepresentiado por un gigante rubio. Si un día Otto Skorzeny y sus- cámaradas (Guderian. Manteufel) pronuncian el todo se acabó hay algo que acaba efectivamente: acaba una idea del destino de Europa, bajo la que el viejo coritintenta escribió páginas que empezaron en un observatorio a las orillas del Vístula, áondt Ccpérnico sentía en sn corazón el ruido de la tierra girando alrededor del sel; siguieron en Crakovia, donde se presentía la ¡tita de poniente, camino de las tierras vírgenes, y acabaron en la soledad de un laboratorio, on que un s abio modesto descubría la gerrnanina contra la terrible soñera del trópico. P o d r á discutirse esta idea de E u ropa; pedirá encontrarse que. una idea más estética, menos práctica, es más agradablí y más cómoda. Pero si Skorzeny y sus afine; pronuncian el corisumátum es cierto, de toda certidumbre, que se producen bajas irreparables en Ia. escuadra. de los espíritus encargados de la guerra de Occidente. U n Occidente que no v a del Oder a Liszra ¡z, rino dal Oder a Manila, vía A t lántico. Mas hav algo que a este Occidente le tiene de la mano: Dios, que detendrá la de quien tenga que firmar la senteí cia contra Peiper y sus cinco camarada I. VÍCTOR D E U Misino
 // Cambio Nodo4-Sevilla