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ARÍS hace sus mujeres y las gasta. Las gasta de viejas, para decirlo todo. No hace mucho, ustedes lo ¡aben, perecieron, entre las nieves de más ie ochenta laboriosos Inviernos, las Mnmleulables Hachilde y Colette. Yo les hice, ictui, entre nosotros, sin dejar de voltear las campanas de su tránsito, unos férvidos funerales literarios, Todavía pajpitan- -y ojalá sea por muchos años- -Cécile Sorel y Mistinguette, ambas, según nos cuentan, empeíiadas en escribir sus memorias. Mistinguette, que ya las ha concluido, acaba 3 e decir desde su hotelito del cabo de Antlbes que se aburre: No sé cómo llenar- -t n sus palabras- -las horas de mi vida, La fórmula ésta en sus manos: que se ponga, de nuevo, a escribir sus memorias y cuente ahora 10 que antes ha silenciado. Sería un negocio editorial sin precedentes. Porque Francia, en vez de dedicar a sus mujeres, tras de una vida agitada, a la paz del hogar, les sustituye el corazón por un tintero y las pone a escribir. Cuando, ajando el tiempo de una etapa provectisínia, fenecen, no es porque se les seca el corazón, sino el tintero. En España, cuando una mujer de existencia inquieta, aunque ñor inquietante, se retira de su actividad pública, o es para casarse y tener hijos, o sencillamente para engordar. Aludo a las que frecuentaron el alegre y desenfadado mundillo de la frivolidad. Porque, según parece, la frivolidad es un maravilloso filtro vejuvenecedor, o, por lo s i e n os, revitalizador. Prolonga la vida como una mágica panacea. tt ser él primero dé París. La crema social, la aristocracia artística, los arbitros de la elegancia, los potentados del franco y de las caras divisas exóticas, de paso por la ciudad de Mendés- France, se daban cita, indefectiblemente, en el. renacido coliseo del bulevar de Vortaíre- -coliseo, por cierto, un si es no es voltáiriano- entre, las diez y laa once de la noche, para admirar el -r infalible cuadro de la moda compuesto, como és de suponer, por madama Rasimi y, de paso, para no dejarse atrás todo lo iala restante, que en orden a la frivolidad, solían y suelen ofrecer, en París, las llalos tres: del matrimonio Rasimi y del madas revistas musicales, con abundante jadeante Casino de Lyonv Porque madama y frágil anatomía, mucha música jt escaso Rasimi, desde que acaparó la rutinaria indumento, si bien esté confeccionado, existencia de su esposo acaparó asteísmo como digo, por la ex modista lyonesa. la decisión en los negocios de éste. Nada Aquello fué el acabóse. Bajo la ágil, pero se hacia en el Casino de Lyon que no inflexible tutela de madama Rasimi- -la ¿tuviera el consentimiento y, sobre todo, enérgica bondad de que habló el general la colaboración de madama Rasimi. No ruso blanco Kolchack- -aparecieron, por se estrenaba una revista que no fuera primera vez en su joyante teatro, Polaire, vestida, aunque parezca paradoja, por la Colétte- -por entonces no había iniciado avispada modista. Reconstrucciones histósu alegre carrera, tan fecunda, de novericas, reflejos de la moda parisina, invenlista- Marie Dubas, Ráimu, Maurice Che ciones en otros Casos, sutilísimos alardes valtér y Mistinguette, a la qué, en 191? ya de elegancia, todo ello, repito, resuelto cott pagaba la enorme suma de 500 francos intrepidez y primor. Al poco tiempo se por actuación... recogía la cosecha que, con diestra mano y ojo diligente, habla sembrado madama Todavía se recuerda en París, cómo Rasimi. El Casino de Lyon se convirtió en Una fulgurante exhibición de fastuosidad, elegancia y policro. mía, la revista París ríe del BaTa- Clan Había en d i c h a revista una. tropa: b u l U c i osa, fragante y gentil y un s a vo i r taire Últimamente acadelicioso, s i n que, ba de d e, J a r este en ningún instante, azaroso valle de resdecayera en chocatricciones otra célerrería y alacridad bre mujer, octogey, sobremanera, ehnaria y pico. Un piarbolando lo que dio co de cuatro años. en llamarse, no sin Fué mucho, sin sercierta razón, el eslo todo, antes de píritu del París de arribar a París, pero entonces, sin resenen París alcanzó ese timientos, ni ruintodo. E s e relativo dades, ni represatodo, dentro de las lias. Un París, capiposibilidades humatal de Francia y del nas. Y lo curioso es mundo, que se perque madama Rasimitía el lujo, el más mi- -nadie la conoextraño y admirable ció por otro nomde los lujos, de vibre- -debió su fama, vir la vida y 4 e sasu poderío y su forberla dejar vivir, a tuna- -toes fortunas través de las más a la par- -al simple desbordadas fantahecho de vestir, o si sías. Yo ere ó, que se quiere, de conpor aquellos días se feccionar los vestiinventó la c o h v i d o s de sus prójimas. Tres supervivientes de I época feliz d madama Rasimi, reunidos en un restaurante da Pám vencia. En lyon- rrlá sugesrtsiCeeHe Sorel, Maurioe Chevaller y la Mistinguette. Madama Rasimi, tiva ciudad de las que desde 1930 dirisedas- -abrió un modesto taller de costura, el primer teatro frivolo de Francia. Y gía una importante firma de costura, pero pronto se impuso por su talento, un día... teatral, apartada, por sus años, del trajín mezcla de buen gusto, de audacia y de un vertiginoso de otros tiempos, quizá porque fino sentido de 4 a comprensión. Desde el París ya no acierta a reír como antes o porprimer golpe dé vista sabia, para sus aden Y un dia, cuando ya la competencia que ahAra llora demasiado para no destros, que luego era para sus afueras, lo entre los esposos vacilaba en deducir, o en- entonar del resto del mundo: madama que mejor le cala a sus cuentas Quizá reconocer, de parte de quién estaba la Rasimi, digo, ha cerrado sus ojos, para stribara en este raro equilibrio el sícreto victoria en la empeñada lucha, si por la siempre, en silencio, tal que una coque e sus triunfos. ü ñ dia, el propietario del dirección de monsieur Rasimi o por las teria más, en su coquetón palacete do Casino de Lyon descubrió, sagazmente, lo ropas de madama Rasimi, el rompimiento Montmartre, la que fué. si volvemos la ¿lúe alentaba, si se le impulsaba atinada- no se hizo esperar. La esposa reunió sus cara, almaciga, signo y ala de estrepitosas mente, dentro del corazón de aquella Joven ahorros, y se dirigió a París, Compró, de y féustlcas alegrías. Este ha sido, dígase y bella provinciana que con unos trapos golpe y porrazo, el desacreditado Pavillon lo que se quiera, el más emocionante y transformaba y daba realce a las más Chínoís lo limpió de telarañas, le pro- menos espectacular de sus triunfos. En ¿anodinas bellezas. Se impuso, ni que decir pinó Unas manos de pintura y lo bautizó todo caso, el más Sincero y confortador: ¡tiene, el hombre de mdiistria, y mónsieüi on un nombre pomposo, onomatopéyico el que le proporciona la bienaventuranza Rasimi, que tal erasu apellido, sé casó y cartelero, que había de resonar en los eterna. con la honesta y prometedóra modista. más apartados rincones del planeta: BaA partir de entonces cambió la suerte de Ta- Clan Y así como el antiguo y modesto A, RODRÍGUEZ D E L E Q Í Í mero de Frkncia, el Ba- Ta- Cian llegó laboratorio de Lyon llegó a ser el pri- i 1 mi Í
 // Cambio Nodo4-Sevilla