Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
(Continuación. que. Al borde de la espesura, a diez o quince metros sobre sus cabezas pasaba una vía de tren. Entre las vías se veían varias filas de soldados tendidos boca abajo. Aquello era el frente, el frente del Oder; la segunda línea donde se había retirado la famosa división Kurmark L a linea era delgada, muy delgada, tanto que había sitio suficiente para los recién llegados de Spandau. Entre cada dos soldados de la división Kurmark fueron colocados cinco recién llegados. Fueron repartidos fusiles. Los oficiales mandaron disparar a las nubes de polvo y a las sombras que entre ellas se arrastraban. Pero aquello resultaba muy difícil, pues las sombras se movían con gran rapidez y de improviso. Supieron que se encontraban en Lietzen o en las cercanías de Lietzen. Lietzen y sus alrededores era frente de combate y las nubes de polvo contra las que disparaban, tanques rusos, y las sombras que entre ellos brincaban, soldados. ¡Hurra! Aquello fué demasiado. L a hondonada y el bosque ofrecían un asilo seguro. A l guien se levantó de la hilera y salió corriendo. Otro le siguió inmediatamente. Y luego corrió otro más. Los recién llegados huyeron hacia el bosque. U n oficial gritó: ¿A dónde vais? ¡Quietos! ¡Quietos! ¡Volved en seguida! Pero los de Spandau parecieron no oír la orden y continuaron corriendo. -i ¡Quietos o disparamos! ¡Volved a t r á s! Algunos hombres se echaron a tierra y luego continuaron corriendo. Unas f á f a gas de ametralladora pasaron sobre sus cabezas. -No hay nada que hacer, capitán. No hay nada que hacer- (dijo a Boehlke el ayudante del batallón- Solamente hay un camino para Heinersdorf y por ahora no está transitable. Sí; ya lo veo. -No comprendo cómo han podido pasar por Heinersdorf y mucho menos cómo han conseguido atravesar Müncheberg. Nosotros creíamos que Müncheberg estaba ocupado por los rusos. Y lo está. -Seguramente sólo han ocupado el Norte de la ciudad. (Creo que únlcamentei hay allí algunas avanzadillas. Con un Tigre podríamos atravesarlas con relativa facilidad. No creo que eso sea un gran problema. Todavía estamos a tiempo de emprender la retirada. Las avanzadillas, sin embargo, van engrosando por momentos y cada vez será m á s difícil llegar hasta Berlín. -Sí, y es probable que al final seamos cogidos en la ratonera. Todos, desde el general hasta el último soldado, nos vamos a quedar en esta trampa. E l general no hace m á s que telefonear y siempre recibe la misma respuesta: el frente debe resistir. Y a ha visto usted en qué condiciones estamos combatiendo. Nuestros hombres están tumbados sobre las vías. Y íambién ha visto qué clase de refuerzos nos acaban de enviar. ¡Vaya héroes! Pero, de todos modos, aguantaremos hasta donde podamos aguantar. Y aguantaron... Era una de las mejores divisiones del frente del Oder. Una d i visión qué dos días antes, cuando el cumpleaños del Pührer, había sido mencionada en el Cuartel General por su extraordinario comportamiento. -Ha sido un momento crítico; sobre todo cuando los nuevos han escapado ante los tanques enemigos. Pero los viejos no se han dejado impresionar por ello. Los tanques han tenido que volver grupas. E n el Este hemos visto muchas escenas como ésta. Nosotros aguantamos, E D I C I O N E S D E S T I N O S. L. pero, ¿qué ocurre a nuestra espalda? Los rusos han irrumpido por el Norte y ya casi están ante Berlín. Lo único que podemos hacer es retirarnos hacia la capital. Pero la orden no acaba de llegar. -E n estas circunstancias no nos queda más remedio que esperar la orden de retirada- ndijo el capitán Boehlke- -y hasta cue llegue la orden tendremos que empuñar las armas. Casas que se venían abajo, cataratas de piedras, surtidores de escombros. L a atmósfera estaba llena de polvo y el polvo parecía arder. Desde lejos- -desde Fürtenwalde y Wriezen, desde Oranienburg y Hermsdorf, desde Wildpark- Werder, desde el campamento Maybach 1. en Zossen- -parecía como si la cola de un gigantesco cometa caído se hubiera precipitado sobre la capital. E l Blocksberg parecía un i n menso globo de gas iridiscente. E l Blocksberg, el Kóterberg, el Huy... Y en lo hondo del infierno, en medio de un aquelarre, el tullido celebrante invoca el maleficio, y nadie de los que se aventuran en el Infierno, para allí besar el trasero de una asquerosa divinidad y acercarse a ella siguiendo los pasos de una danza ritual, puede volver atrás sin haber quedado herido en lo más profundo de su humanidad y sin haberse convertido en un gato, en un lobo, en un cerdo o en otro animal cualquiera. ¡El Jefe del Cuartel General de la Luftwaffe entré en la habitación del general Koller. E l general Koller tenía los ojos muy hundidos. Las noches de insomnio y mucho más que ésas, las reprimendas sufridas en el refugio del Pührer, parecían haberle agotado. Las riñas continuas y la constante amenaza de muerte hablan acabado con su salud. Ante el dilema de permanecer todo el día en el despacho del Führer o de enviar allí a un representan te suyo, decidió mandar al capitán Christian. De aquella manera la responsabilidad quedaría repartida. Había pasado otra noche, pero ¡qué noche! ¡Qué locura! E s taba absolutamente agotado y necesitaba, por lo menos, una hora de descanso. Sin embargo, antes debía atender al jefe del Cuartel General; la gasolina se había acabado en los aeródromos. Una columna de tanques de gasolina había sido detenida por unos agentes motorizados de las S, S. quienes se llevaron cuanto pudieron. ¿Cómo querían que volaran las escuadras sin gasolina? Bueno, al fin y al cabo, aquella misma situación ya se había producido en Busia. No había, pues, que admirarse demasiado. Koller miró al jefe del Cuartel General de la Luftwaffe como si lo viera a través de una gruesa pared de vidrio. Eran las cuatro y cuarto de la mañana y Koller se estaba durmiendo. Pero hizo un esfuerzo para permanecer despierto. ¿Qué decía? ¿Havel? ¿Potsdam? ¿Que el camino hacia Wildpark ya no estaba asegurado? -l ¿Qué está usted diciendo? -L a defensa de Berlín ha sido fijada detrás de Havel, al otro lado de Potsdam- -informó el comandante- Una parte de nuestro Cuartel General ha quedado ahora más allá de la linea de defensa y no puede ser asegurado. (Pues debemos asegurar la defensa nosotros mismos. ¿Con qué, mi general? E l último batallón de la división Hermann Góring ha sido puesto a la disposición de Steiner. (Así, pues, ¿quiere usted decir que los rusos pueden presentarse de un momento a otro ante nuestra puerta? -He colocado a unos motoristas en los puentes y carreteras que conducen a Wildpark- Werder. Eso es todo lo que podíamos hacer. ¡Bien; asi los rusos no nos pillarán de sorpresa. -Quizá podría trasladarse nuestro Cuartel General, mi general. To nos darán la conformidad para eso. No, esa conformidad no podía ser dada. En aquellos momentos el Pührer tenía otras preocupaciones. Por segunda vez en veinticuatro horas se celebraba en el Blocksberg. E n el tabernáculo hay humo y podredumbre, y el monstruo que esa noche pretende apagar la luz del mundo se llama Steiner. E l escuadrón que aquella noche salió del campamento Maybach I, cerca de Zossen, y que iba al mando de yin teniente, formaba parte de la guardia del jefe supremo del Ejército. Tras la llegada de los últimos informes, según los cuales el mariscal Koniev había irrumpido en L a u sltz y cuyas vanguardias ya estaban m á s allá del Spreewald, el mando había decidido emplear la última reserva en el sector de Luckau, que en aquellos momentos estaba seriamente amenazado por los rusos. Se trataba de un escuadrón de doscientos cincuenta hombres, dotados de armas pesadas de Infantería, que tenía que luchar contra centenares de tanques y un cielo lleno de aviones. Eran las seis de la mañana cuando el capitán de Caballería Boldt recibió la orden de marcha. A l otro lado del teléfono se encontraba el jefe del escuadrón, primar teniente Krankel, que dijo: -Ante nosotros han pasado unos cuarenta tanques. Atacaré a las siete. Dos horas después, Krankel volvió a comunicar: -Nuestro ataque ha sido rechazado con grandes perdidas. Más tanques enemigos en dirección Norte. Las reservas se habían agotado y ya no había armas para hacer frente a los cazas rusos, que no cesaban de describir grandes círculos sobre el Cuartel General, en el que trabajaba el capitán de Caballería Boldt. ¡Tanques rusos en Baruthl E l parte fué transmitido a Berlín, a l refugio del Pührer. E l parte, empero, no fué contestado. Tampoco llegó la orden de evacuar el Cuartel General. E l Pührer (Continuará.
 // Cambio Nodo4-Sevilla