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IÑIGO DE L O Y O L A E N MADRID PormFñEL N estos días, en los que una reliquia insigne dé San Ignacio visita Madrid, parece oportuno preguntar: ¿En qué ¡fechas este trozo del cráneo del Santo, cuando formaba parte del organismo vivo dé Iñigo de Loyola, estuvo ya bajo este cielo y sobre esta tierra accidentada de la villa de Madrid? La afirmación parecerá a muchos novedad. Mas no por serlo carece de fundamento. Lo primero que se Tiene a las mientes al tratar de relacionar a San Ignacio con Madrid es la época de sus estudios de Artes en Alcalá (1526- 1 J 527) Con todo, la visita á Madrid por este tiempo tiene escasa probabilidad. Es cierto que Ignacio, siendo estudiante en París, visitó cju ades tan distantes como Brujas y Amberes, y en el verano de 1531 llegó a dar el salto a Inglaterra en busca de limosnas más cuantiosas qué resolviesen de antemano el problema económico de cada curso. Pero ni Madrid tenía entonces la importancia financiera de Brujas o Amberes ni su breve estancia en Alcalá permite suponer que sé viese obligado a buscar fuera ayuda económica, ni fué entonces, sino años después en París, cuando cayó en la cuenta de que el estudiante necesita todas las horas del día para sus estudios, y no puede mermar su tiempo pidiendo de puerta en puerta su sustento. Hay, sin embargo, otras dos ocasiones en su vida, una en la mocedad y otra a la vuelta a la Patria, al final de sus estudios, en las cuales la probabilidad que aqui falta se convierte en fundada realidad. Sabido es que Migo se educó en Arévalo en casa de los Velázquez de Cuéllar, con los hijos de Juan Veláaquez y doña Mari de Velasco. Mas resulta difícil señalar la residencia de Juan Velázquez a lo largo de estos años. Fué primero contador mayor del príncipe don Juan. Y, muerto éste (6 octubre 1497) pasó, con el mismo caigo, a la casa de la princesa doña Juana. Habiendo estado en Plandes la Infortunada princesa, de 1496 a 1502 y de 1504 a 1506, pasaría allí el contador mayor, cuando menos, algunas temporadas. Que venia entre los de la casa de doña Juana en 1506, cuando regresó de Flandes, consta por carta de Felipe el Hermoso a don Fernando. Al ser jurada doña Juana Reina de Castilla, empezaría Velázquez a ser contador mayor del reino castellano. Ahora bien, si Iñigo entró en casa de Velázquez antes de 1507- -como tengo por más probable- estos años los pasó en Arévalo al cuidado de doña María de Velasco, emparentada con los Loyola por parte de Ouevara y Balda: ya que no es dé creer que, dada su corta edad, acompañase al contador mayor en su ajetreada vida. En agosto de 1507 volvió don Fernando a Castilla y se hizo cargo del reino, en vista de la incapacidad mental de su hila, conforme al testamento de Isabel la Católica. Ignoro la fecha en que él contador Velázquez pasó de la casa de la Reina a la del Rey. En todo caso, puede asegurarse que. lo más pronto en 1508, hay que colocar la aparición del joven Iñigo- -que contaría nnos dieciséis años- -en la Corte, que era yx. la del Bey Católico. Lo cual está en consoTOTícia con la expresión, usad en la Autobiografía y en los escritos de Polanco, de que sirvió en l a Corte del IRey Católico Como desde esta fecha hasta la M DE HORNEDO, S. I a E muerte de don Femando (23 enero 1516) la Corte cambió muchas veces de residencia (Valladolid, Medina del Campo, Segovia, Madrid) bien pudo ser que Ignacio viniese durante estos años alguna vez a Madrid. Algo es esta mera ¡probabilidad sin fecha determinada, y por eso me he detenido en exponerla con la máxima aproximación; pero, afortunadamente, se puede afinar bastante más. Opina el padre Dudon, el excelente biógrafo francés del Santo, que éste, a raíz o poco después del proceso de 1315, formado contra Iñigo y su hermano Pero López, abandonó la casa de Velázquez y se retiró a Loyola. E l padre Leturia rechaza, con razón, tal supuesto; ya que el testimonio de Alonso de Montalvo- -publicado por Fita en 1890 y del que luego hablaremos- no deja lugar a duda, ni cabe suponer que el pundonoroso caballero Iñigo López de Loyola abandonase a su protector en la hora del infortunio. La desgracia de Juan Velázquez fué como sigue: En su testamento- -en el que parece Velázquez como testigo- -dejaba el Rey Católico, entre otros bienes, a la Reina doña Germana nuestra muy cara é muy amada mujer 30.000 florines anuales, qué se habían de sacar del reino de Ñapóles. Su nieto, don Carlos, al ejecutar testamento del abuelo, trasladó Ja carga de Ñapóles a Castilla, situándola sobre las villas de Arévalo, Madrigal y Olmedo, y dándole a doña Germana la jurisdicción de dichas villas. Protestó la villa de Arévalo ante el Consejo Real que tal disposición era contra sus privilegios, y por todos los del Consejo fué acordado, que la súplica se presentase al Rey, que se hallaba en Flandes. El principal mantenedor de la protesta fué Juan Velázquez, alcalde de la fortaleza de Arévalo y gobernador de la villa. Por este motivo, le hallamos con su mujer en Madrid, en el otoño de 1516. Con ellos tuvo que venir Iñigo, pues no es de creer se quedase en Arévalo estando en Madrid sus señores. Como las gestiones no prosperaban a primero de noviembre Juan Velázquez, aconsejado por su mujer, abandonó Madrid y se volvió a Arévalo, e hizo allí- -como cuenta el doctor Carvajal- bastidas y otros aparejos, para se defender que no se la tomasen; y metió allf mucha gente de a pie y de a caballo, ansí suya como de algunos grandes, sus amibos y deudos de sti mujer El futuro defensor del cas 1 Retrato pintado por Sánchez Ooello. A l verlo Felipe II, en 1 M 8 comprobó el parecido con ei Ignacio d Loyola que conoció, en Madrid, en 1 B 36.
 // Cambio Nodo4-Sevilla