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(Continuación. Sólo encontró a gente de cierta edad, que apenas podían tenerse en pie. Desde nacía días se había acabado la comida en 1 refugio. El refugio Anhalter. Heide, Wustmann, stroh y los ayudantes habían sido enviados al refugio Anhalter, donde se había instalado un puesto de socorro. Habían perdido la- noción del tiempo que llevaban allí, en aquella oscuridad rasgada por la luz de uñas velas. No había luz, pero la radio funcionaba. No había luz ni agua potable. l a ventilación había dejado de funcionar. Nadie podía salir a la calle. Hombres y mujeres hacían sus necesidades sin moverse de sitio y el largo corredor de la entrada se había convertido en una pestilente cloaca. Las granadas estallaban sin cesar y nadie se atrevía a abandonar el refugio. Pero cada vez iba llegando más gente: heridos leves que llegaban por sus propios medios y heridos graves, que eran traídos en brazos. Al principio fué habilitado el primer piso, luego él segundo y más tarde, en vista de la continua afluencia de heridos, también se tuvo que desalojar el tercer piso, y los refugiados fueron obligados a recluirse en los dos últimos pisos del refugio. Ija radio continuaba funcionando. Sonaba la música. Fritzsche, Naumann o quien fuera acababa de terminar su último discurso, transmitido por la emisora del Werwolf No; era ÍJoebbels quien acababa de hablar. El ministro había cesado de mandar, y ya no tenía más órdenes que dar a sus colaboradores. Qoebbels había cogido a su esposa y a sus cinco hijos y se había metido en el más hondo refugio de Berlín, del que ya no había de salir más: Pero su voz continuaba sonando en el refugio: Bajo las ruinas de nuestras ciudades han quedado definitivamente enterradas las llamadas grandezas de la clase media del siglo XEC. El enemigo, que quería aniquilar el porvenir de Europa, sólo ha conseguido aniquilar el pasado, y con ello se ha cavado su propia fosa, la fosa donde ha ido a parar todo lo viejo y caduco... Esa destrucción ha hecho una gran limpieza. La revolución no tiene fin... una voz surgida de la nada. La única consecuencia de una vida fracasada, de unos planes imposibles, de una espantosa destrucción, de la muerte de millones de seres humanos, de la desaparición de innumerables tesoros de la cultura y de la civilización, era para el ministro una filosofía del nihilismo. La revolución permanente... Puerca guerra! Después de la emisión del Werwolf se dio música de baile: una polka pasada de moda, instrumentada con saxofón y batería. Los individuos que, a través de una muralla humana, iban arrastrando cadáveres hacia la calle, y que por cada viaje recibían dos cigarrillos, estaban a punto de caer desfallecidos. Un niño gritó en la oscuridad. La luz de una vela sostenida por un sanitario cayó sobre la mano de un operador y sobre el abierto pecho de un herido tumbado sobre una cama. Los disparos de la artillería pesada resonaban en el refugio. E l joven Wíttstóck llegó corriendo y dijo: Ha sido retirada la enseña de la Cruz Roja que había sobre la puerta y las paredes del refugio. En la radio sonaba una voz de mujer: Limpiamos la casita de nuestra Orna... Aquello era demasiado. Wustmann había sabido contener sus nervios en el frente del Vístula y en Odessa; pero ahora no pudo contenerse más; su rostro se contrajo. Cogió un palo, se abrió paso entre la gen- EDICIONES DESTINO, S. L te del corredor, irrumpió en una habitación del refugio y destrozó el aparato de radio Pero nada podían las protestas de los dueños, del aparato, pues los disparos del enemigo arañaban las paredes del refugio, Y ¿qué significaban aquellas protesUcomparadas con los gritos de los herido qué rio podían ser socorridos, con los ronquidos de los agonizantes, con la actitud de los jefes de patrulla que irrumpían en el refugio y convertían en nuevos reclutas a enfermos heridos, tullidos, hambrientos, ancianos y niños? Aunque sus habitantes todavía respiraran, gritaran y mantuvieran la esperanza, aquel refugio ya no era más que una gran tumba, un osario. En Berlín había un osa- rio junto a otro. Un osarlo en el Zoo, otro en Friedrichshain, otro junto al Tirpitz, y todos ellos, bajo el enrojecido cielo de Berlín, se levantaban como ciudadelas de la muerte, y en todos ellos había gentes que todavía mantenían viva la esperanza y que todavía debían sufrir mucho más. ¿Qué dices? -Han quitado el emblema de la Cruz Roja que había en la entrada del refugio, y también han quitado los emblemas que había en las paredes. ¡El Chofer Stroh amplió la noticia. -ME 1 jefe de las fuerzas ha ordenado que se retiraran las banderas de la Cruz Roja. Mee que el refugio no puede ser neutralizado porque es un refugio de combate. Wustmann se dirigió hacia la puerta. Todavía tenía el palo en la mano. E l capitán médico, un médico, el sargento primero y algunos sanitarios, rodeaban al comandante de ias fuerzas acantonadas en el refugio Anhalter. El comandante sólo tenía un brazo y una pierna, su cabello era negro y estaba bien engomado, y sus ojos brillaban de un modo particular. Defendía su tesis con violentas palabras. -Lo digo por última vez; este refugio es un refugio de combate y forma parte del sistema conjunto de defensa. ¿Qué es lo que usted defiende, teniente coronel? ¿Hacia dónde dispara usted? Estamos en medio de la ciudad y estamos rodeados de viviendas. En algunas millas a la redonda no hay más que casas. El teniente coronel sabía muy bien lo que estaba defendiendo: ra una de las calles que conducían a la Cancillería; es decir, al refugio del Führer. No hizo caso de la comisión de protesta. Telefoneó y, con todas sus fuerzas, gritó en el aparato: iTiene usted que hacerlo, tiene usted que hacerlo, tiene usted que hacerlo! Y a fuerza de gritar acabó de olvidarse de lo que su interlocutor tenía que hacer. Echó una mirada a su alrededor, pareció recordar algo, y dijo: ¿Dónde están los aviadores? Debe usted enviarme inmediatamente á los aviadores. iLos tanques rusos se están acercando a las paredes del refugio! Luego se volvió hacia el capitán médico y a los sanitarios y les dijo: Apártense ustedes de aquí y ocúpense de sus asuntos. Los heridos y los paisanos serán evacuados del refugio. ¿Evacuados? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Van a ser evacuados bajo esa lluvia de hierro y fuego? -Es igual; daré la orden para que el refugio sea inmediatamente evacuado. -4 Esto es un crimen- rito Wustmann, al tiempo que intentaba abalanzarse sobre el teniente coronel. Los demás le cogieron y le obligaron a volverse atrás. ¡Esto se castiga con la pena de muerte, doctor. El doctor Heide era incapaz de pensar nada. Luego, cuando con las tijeras recortaba heridas y con las pinzas extraía trozos de huesos, se le cerraban los ojos. Nos bebemos la casita de nuestra Orna. La, casita, la casita hasta l a primera y segunda y tercera hipoteca. La baronesa trató de mantener una actitud correcta, pero el apuesto oficial de las S. S. que era un consumado bailarín, la apretó hacia él. Oficiales de las S. S, ayudantes de Hltler y Bormann, oficiales de la escolta, secretarias, la cocinera, la señorita Manzlaly. derda Christian, la esposa del general de la Lufwaffe, Erhárd Christian, y unas telefonistas; todo el mundo bailaba, Hacía calor y la atmósfera estaba teñida de azul a causa del humo de los cigarrillos. Las mesas, que habían sido arrimadas a lis paredes, estaban llenas de bocadillos. Había cigarrillos, licores y café. Y cuando una granada estallaba sobre el cemento armado del refugio, los vasos tintineaban sobre la mesa. La radio dejó de funcionar. Alguien trajo un fonógrafo y discos ingleses. Música Hot dijo. Sonó la melodía de Tiger Rag Un oficial de Marina trajo un disco con una canción marinera: Y o quiero a una chica y no s 5 por qué. M i chica fuma, mi chica bebe. Oh rake her, oh shake her, oh wake that girl vlth the blue dress 011. La escena se desarrollaba en el segundo piso del refugio de las S. S. Bajo las calles de Berlín había muchos refugios de las S. S. que a través de largos corredores comunicaban con el refugio de Hltler. Todos estaban construidos con cemento armado y en ellos había un excelente sistema de refrigeración y ventilación, y una artística instalación eléctrica. Y cada refugio era como un mundo, con habitaciones para la tropa, con cocinas, comedores, lavaderos y dormitorios. En el refugio había casi mil personas (Continuará.
 // Cambio Nodo4-Sevilla