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SI L O HUBIÉSEMOS HECHO SIEMPRE ASI P control de- la carretera. ¡El primer año de guerra todas las precauciones eran pocas) íJn cabo y una pareja de la Guardia Civil detuvieron nuestra marcha para cumplir minuciosa vigilancia. por lógica, nos hacían perder tiempo. El Comandante, haciendo uso un. poco de ARAPTRiASEANDO a aquel célebre- -Pues, ¿y cuándo les da por quererte su autoridad, rogó al cabo se diese la masargento mayor- -allá en la época enmendar el modo de ser? Cuándo va yor prisa posible en el cumplimiento de de Narváez- que en un mal trance usted a hablar en serio, don José -me su cometido. El cabo, muy cortés y subormilitar hubo de exclamar en tono refle- dicen muchas veces estos ejemplares de dinado, oyó respetuosamente a su Jefe, xivo: la fauna patria- a los que les suelo res- pero siguió con parsimonia su celosa labor. -Hay que dejar a la memoria un ponder: ¿Que hable en serio? ¡Si nada Nuestro lafe de expedición mostró un momento, en su lugar descanso porque hay que me guste tanto! Pero si yo ha- pcquillo mis. su impaciencia, reiterando blo en serlo, ¿me va usted a entender, de nuevo la. urgencia del viaje; a lo que de lo contrario... ¿éh? Y ahí venimos nosotros a parar: a que amigo? Porqué se dan casos... Salvo que el cabo, sin movérsele un músculo de la hay que dejar la memoria, los recuerdos, usted- orno otros muchos- -llame hablar cara- -bien enmarcada por el charolado las anécdotas un momento, en su lugar en serlo a llevar la conversación por ca- barboquejo- -repuso: minos de su personalislmo interés... Y si Perdone usted mi comandante... TeY, a tai fin, apartándonos un poco del está usted convencido de que hablando yo nemos que cumplir con exacta rigurosicamino real... dedicaremos este recuerdo en serio, no me va a entender, ¡seguro! dad la misión que se nos ha encomendade hoy a otro tema más cerca de nosotros, Entonces... ¿a qué viene ese deseo capri- do... Y quizá, Ror no haber hecho antes choso? ¿Para- -al decir andaluz- -reírse así estas cosas, estamos viviendo hoy las pero de parigual interés. Y, para ello, oigamos a dos dilectos ami- de mí o conmigo? ¡No! horas amiargas que vivimos. gos, don José y Pepe, que, como el invier- -Magnífica teoría, si señor. Ninguno de los cuatro no va de crecida, se reúnen en un rincón- -Cuando tengas en tu vecindad uno de nuestro coche supimos qué ocupantes de replicar... de una moderna cafetería estos hombres serios- pour rlre al El cabo habla terminado su informaÁ don José y Pepe siempre- es grato pitando! No sé gana nada con esas com- ción. El comandante, llevándose la mano oírles, pues han acordado, en sus breves pañías... derecha al borde dé la visera de la godiálogos, dar espaldas a todo lo que puerra, dijo: ¡Gracias, cabo! ¡Hasta la visda ser tema trascendente o de medita- -VY mira... del bagaje de mía recuer- ta! ¡A sus Órdenes, mi comandantet ción, que no callenta el cuerpo, pero dos salga hoy este sucedido que té apun- repuso el cabo, cruzando el brazo a la enfría el alma... Realmente: ¿para qué adentrarse n la té antes... Erase al primer año dé nues- usanza castrense, sobre el primer tercio preocupación de un presente intranquilo tro Glorioso Movimiento... Teníamos pe- del fusil. ¡Y salimos de allí a velocidad de o de un futuro miedoso? Es mucho más rentoria necesidad de llegar a Valladolid vértigo! parón el del cabo! ¡Eh, don- ¡Buen agradable y más cómodo no pasar de la a primera hora de la noche... Habíamos salido de San Sebastián en un coche rá- José? Con muchísimo respeto superficie de las cosas... ¡Magnifico! Los temas frivolos, los asuntos triviales, pido que conducía un heroico comandan- dad, para aplicarse ¡Y de uña ejemplar! siempre el cuento! son gratos y rientes... Pechar con temas te de Infantería, tristemente desaparecido, de fundamento... (Nunca! Sólo de pen- y, sin embargo, temíamos llegar tarde. Manuel MERINO Coincidimos en Vitoria justamente en sarlo comienza uno a sentir hasta calor (Ilustraciones de A. Boué. el momento en que se iba a cerrar el asfixiante... ¡Mira, Pepito 1- -decía don José- ¡Nos la ponen como a Fernando VHt... Estamos a la puerta de Lhardy, ¿esto qué quiere decir? AI 1 T 3 1 A) -Quiere decir: que de buena gana se tomaría usted una coplta de Jerez... Precedida de un caldlto confortador. -Pues para luego es tardé... Y... lalegría, Pepito! ¿No quedamos en eso la otra tarde? -En eso quedamos. ¡Abajo el tremendismo! Y... ¡arriba el limón! ¡Hoy está usted alegre, don José! -Ya sabes que es difícil verme dé otra manera... Conoces mi teoría... -Sí... que la seriedad no es ni más ni menos que el fracaso dé la alegría... ¿No es eso? ¡Exactamente! Mira, hijo... Esas gentes, a quienes las otras gentes han dado en llamar serias, son personas que quisieron ser alegres y fracasaron en el intento... Y claro, no pudiendo ser alegres, se hicieron serias a la fuerza... Por lógica, pues, son unos fracasados- -a su manera, claro está, pero fracasados- -y, como todos los fracasados, tienen un sedimento de amargura que no les aguanta ni su propia sombra... -Sin embargo... -Lo que hay que ser en la vida es formal, nd serio. ¡Huye de la gente seria, Pepito! Porque no olvides que con la cara seria se hacen las mayores granujadas de la tierra y, en cambio, con la cara- alegre ¡se haceh las cosas definitivas de la vida! Mira... riéndose, ganaron nuestras juventudes la guerra de Liberación. Mejor que yo lo sabes tú, que formabas en sus filas y recordarás... ¡cómo caían para siempre nuestros muchachos, con la sonrisa en los labios! ¡Una verdad como un teinplot... ¡Lo ves! Huye de lo serio- ¡teoría de engañabobos! de lo tremendo, y no salgas de tu órbita graciosa y rlente. ¿La gente seria? ¡Al diablo con ella! -Sí... Son poco gratos.
 // Cambio Nodo4-Sevilla