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EN TORNO AL NAUTILÜS Las armas antisubmarinás OCOS buques de guerra hay tan vulcapa de ocho o diez metros de agua basnerables como el submarino. -Nave- taba para ponerlo a salvo de los más pogando en superficie, es escasa su rederosos proyectiles de artillería. Para loserva de flotabilidad, su protección casi grar su destrucción, la explosión había de nula. Cuando se sumerge, inunda los lastener lugar próxima a él, en el seno de tres y se desprende de la susodicha reserlas aguas, preferiblemente por debajo. Así Los minutos que el enemigo invertía c u va, igualando su peso al del volumen de nació l a carga de profundidad, con fuer- congratularse de su éxito eran aprovechaagua que desaloja. Esta maniobra le perza explosiva suficiente para originar una yor distancia posible entre él y sus persemite navegar con flotabilidad indiferente, sobrepresión que quebrase total o parcialdos por el submarino para poner la mapero le coloca en una situación precaria, en mente la estructura del submarino. guidores. la que np puede soportar una vía de agua La carga de profundidad, con tener en Pero volviendo de lo anecdótico al tema de cierta consideración. E n un submarino su historial el hundimiento de muchos que nos ocupa, y refiriéndonos al Nautilos efectos de una vía de agua se agravan submarinos; era un arma imperfecta, de Itís no dispone éste, que se sepa, de n i n por la presión. Esta aumenta con la promucho más ruido que nueces. Se lanzaba gún medio que lo inmunice contra la acfundidad, en una proporción aproximada al azar, proporcionando mucho mayor susción de estas armas; es de carne y huede una atmósfera por cada diez metros, de to que daño. Susto, desde luego, todo; lo so, como cualquier mortal. Cierto que posuerte que una vía ligera a cota periscópicual no deja de tener su importancia, tansee un casco robusto para soportar la preca superará quizá la capacidad de las ta, que hoy se sigue empleando como comsión de las aguas, pero debe de ser tan bombas de achique á cien metros. plemento de otras armas más eficaces, pero sensible al trmitrotolueno como el que menos estruendosas. En la superficie, la mayor parte del casmás. co se halla sumergida; en inmersión, todo E n la pasada guerra los Instrumentos de E l grado de invulnerabilidad de que él es obra viva. L a menor herida en su eslocalización se perfeccionaron y. empezadisponga se lo debe, como todas sus restructura dará lugar a una entrada de ron a emplearse armas qué requerían puntantes cualidades, a la ligereza de sus agua. Para contrarrestar ésta se dispone de tería, aunque aun rudimentaria. Una de piernas. Pero es esta ligereza la que- le potentes bombas de achique y un servicio ellas, el erizo está formada por dos dohace vulnerable a la más temible de las de seguridad interior, cuya misión es tacenas de cargas que, lanzadas por la proa a r m a s antisubmarinás: el torpedo seponar la brecha abierta para minimizar en del buque atacante, caen en una elipse guidor. lo posible aquélla. En tiempo de paz, si el sobre la última posición detectada del subtorrente de entrada es grande, el submamarino. Estos pequeños proyectiles esta- Es ésta un arma sntisubrnarína que no rino sopla y salé a precisa ni tan. siquiera ser apuntaflote para aumentar da. Basta con lanel rendimiento de zarla en las proxisus b o m b a s E n midades del submaguerra, la cosa val i n o él lo hace ria: la salida a sudeispuiés t o d o perftcie constit u y e Orientado por un un riesgo. Simultásistema de gobierno neamente a la vía acústico, expl o r a de agua se suelen las profundidades, producir otras avebusca su presa y, rías de muy diversa en hallándola, se índole que dificulabalanza fiero sotan el gobierno. E l bre ella, obediente soplado parcial d e al mandato acústilos lastres, p a r a co (los ruidos del compensar el excepropio submarino) so de peso introduEn busca de su precido, es maniobra sa sube y b a j a de inciertos resultaasustando a su pados, que puede oriso más d un carginar burbujas de dumen Huidizo, pea i r e delatoras, o Asi captó un objetivo ¡nales si momento de explosión de unas cargas de profundidad lanzadas por un destructor. (Feto Associated Press. ga fuertes virajes si bien hacerlo aflorar alguna vez falla y i n voluntariamente. persiste tozudo hasta que muere matanHan sólo por percusión, pero basta geneConviene no perder de vista que el mantedo, llevándose á su presa consigo a los ralmente con uno para hundir al submanerse oculto es la mejor protección del abismos. rino. Luego, al pasar por encima, la faena submarino. E l objeto principal de las primitivas ar- se remata con unas pocas cargas de proNada es capaz de desviar a este torfundidad. mas antisubmarinas era forzar esta salida pedo de su blanco; nada, excepto cualquier La versión inglesa del erizo se llama a flete. L a carga dé profundidad, en su ruido más poderoso que los de éste. E l tor calamar y emplea tan sólo tres cargas, versión primitiva, no era sino unos cuanpedo es veleidoso y sigue los mandatos del de mayor potencia, que caen en un círcutos ¡kilos de explosivo contenidos en un que más fuerte le grita. Para eso, el Naulo reguladas a distintas profundidades. barril metálico, a los que u n mecanismo tilus lleva unos dispositivos de lanzamienNinguna de estas armas da garantía de hidrostático se encargaba de- hacer exploto por los que dispara pequeños torpedos destrucción. Esta es muy probable y, por tar. Hasta su aparición en la primera gue- -los voceras que podríamos llamar en lo menos, ocasionan al submarino averíaS rra mundial, era el cañón el único m dio graves, o bien pérdidas en los lastres de para atacar los submarinos. Estos, por un el argot naval- cuya misión es salir combustible, cuyo rastro facilitará su u l atavismo disculpable, preferían atacar, a emitiendo, fuertes ruidos que atraigan al terior localización. E n estas circunstancias, su vez, en superficie, al cañón. Muchos torpedo. Una especie de peones de brega la caza sé transformaba en sañuda carfueron pasados por ojo ensartados en la que acuden al quite de su amo en peligro. nicería. E l submarino, herido y desangrán- E l noblote torpedo titubea un instante, y roda de su presunta víctima. Luego surdose, aguantaba hasta que una carga lo gieron los famosos buques trampa, que luego, picando el anzuelo, se va tras los remataba o soplaba, ofreciéndose para el desenmascaraban su inocente apariencia voceras que se lo llevan lejos, haciéndodegüello final. Esto permitía, cuando mecon una salva de artillería, lo suficiente lo explotar, o hasta que, sin resuello, finanos, a los más avispados de sus tripulanpara hundir al submarino que se había liza en el fondo su efímera y estéril existes abrir una escotilla y tirarse al mar con arrimado con exceso para ño marrar la tencia, pasaporte directo al campo de concentrapuntería. ción; cosa poco grata, aunque siempre preEn vista de esto, el submarino se volGuillermo G. DE iALEDO ferible a quedarse criando algas allí abajo. vió más cauteloso. Una vez sumergido, una 1 P E n ocasiones, los submarinistas alemanes practicaron con éxito una astuta añagaza, consistente en dar indicios falsos de hundimiento. A l verse acorralados, estallándoles cargas por los cuatro costados, disparaban un tubo lanzatorpedos en el que previamente se habían depositado algo de combustible mezclado con objetos tan varios como gorros de marinero, enjaretados, salvavidas, etc. Unos cuantos burbujones de aire, seguidos por la aparición en la superficie de aquellos restos, evidencia del naufragio, d i o a muchos comandantes la seguridad de haber logrado un hundimiento,
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