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(LOS INGLESES SON ASI! Joffp Marín E D I C I O N E S DESTINO, S. L. (Continmclón. una peña iniciada a t o atrás por el Astrónomo Real, doctor Halley, que acostumbraba a bajar cada martes desde el Observatorio de Greenwich, para asistir a su reunión literaria en u n café de la City. Con el tiempo, el club agrupó a algunas de las personalidades m á s famosas del mundo científico, que se reunían periódicamente para degustar la sopa de tortuga y discutir temas elevados. E l mas famoso, por sus orígenes y por ser ¡hoy día el único superviviente de los clubs que carecían de local propio, es el conocido antaño como Literary Club fundado en 1 7 4 por el pintor Reynolds 6 y el doctor Johnson, y que constaba sólo de doce miembros. Con los años, el numero de éstos rué aumentando, pero en 1780 se decidió que nunca pasase de los cuarenta. Esta condición ss ha mantenido hasta hoy día, pero el carácter del club ha- variado en el sentido de que los literatos han dado paso a personalidades famosas en otros aspectos. Hoy, tanto por el limitado número de sus socios como por la categoría de éstos, sé. ha convertido en el club m á s exclusivo del país. No tiene local social y sus miembros, entre los que figura el arzobispo de C a n tertoury, se reúnen para comer juntos el último martes de cada mes. Sus conversaciones son tan privadas, que una vez servida la cena los camareros e retiran para que los comensales puedan hablar con completa libertad. Conocido hoy por su exclusividad bajo el simple título The Club carece de Junta Directiva y el único cargo existente es el de tesorero, ostentado en la actualidad por Sir Owen SMorsheád, bibliotecario del Castillo Real de Windsor. Son, naturalmente, los clubs con local social los que han dejado huellas más tangibles. 1 más antiguo de los existentes es White s que tuvo sus comienzos en una chocolatería de ese nombre que existía en i a calle de Saint James, en 1898. E l juego le dio pronto un gran impulso, pero en 173 un incendio lo des- y por Fox. Este último dejó una huella más profunda en el segundo de los clubs a causa de su fantástica afición al juego. Dotado de un sentido político poco corriente, Charles Fox podía haber llegado a ser uno de los hombres m á s grandes de Inglaterra, pero desperdició sus extraordinarias dotes naturales de la manera m á s absurda. L a sala de juego de Brook s se convirtió en su segunda casa. En aquélla se practicaban duegos de azar y otros en los que la concentración y la inteligencia Jugaban un gran papel, y era opinión general que, de haberse dedicado a estos últimos, Fox hubiera podido llegar a amasar una gran fortuna, pero lo que hizo fué perder la suya y las de sus familiares y amigos. A pesar de ello, Fox se convirtió en una figura tan venerada entre sus consocio que su personalidad destaca aun hoy cerno ninguna otra en Jos anales de uno de los clubs más famosos del mundo, iLa trilogía formada por White s Boodle s y Brook s representa la quin ¡Durante muchos años el número de taesencia de los clubs de antiguo ábolansocios de Wlhifce s -estuvo limitado a go y de rancio historial. A comienzos del unos 80. Bastaba el voto en contra de uno siglo X I X empezaron a establecerse en de ellos para impedir la entrada de un Londres una serie de clubs de objetivos nuevo socio y fueron muchas las persona- y característica bien definidas. Iniciados lidades famosas que estuvieron esperando con el apoyo de miembros adinerados de la aristocracia, como Castlereagh, el duaños, haciendo méritos mientras esperaque de Wellington y Paknerston, fueron ban, para entrar a formar parte del mismo. Estos aspirantes se reunían en una modelados a base de las mejores casas chocolatería de Saint Jamas, que, de he- señoriales de la época, con espaciosos salones, numerosos criados uniformados, cho, se convirtió en un segundo White s hasta que en 1756 se unieron y traslada- buena cocina, mejor bodega y lujosas b i ron Juntos al edificio que, m á s o menos bliotecas con cómodas butacas, donde los reformado, continúa siendo hoy la sede socios podían hacer cómodamente la digestión y adormilarse con un buen libro social del club. en la mano. iPór las salas de White s han desfiOtros clubs, subproducto de las clases lado durante los últimos dos siglos las altas y media adinerada, surgieron en el personalidades más famosas dzt país. Pocentro de la ciudad, Y cuando al final de cos, sin embargo, consiguieron sentar en las guerra napoleónicas, gran número, de ellas sus reales como esa figura extraordinaria que fué el Beau Brummell, el ex miembros del ejército se encontraron en Londres sin acomodo ni lugares adearbitro de la elegancia masculina de cocuados de diversión, los distintos servimienzos del siglo X I X l a ventana princios fundaron también sus propios clubs. cipal de la planta bada del club se convirtió en una especie de vitrina, en la que A l ser derribada Carlton House los clubs Invadieron Pall Malí y empezaron a crear el dandy y su camarilla se exhibían día tras día; su monopolio ra tal, que por su número lo que ha dado en llamarse Clüb- iLand o tierra de los clubs. los demás socios antes se hubieran atreY a mediados del siglo pasado se habían vido a sentarse en el Trono de la Cáconvertido en un factor ¡que amenizaba la mara de los Lores, que a usurpar uno de esos sillones de la ventana. Bu presencia vida no sólo del aristócrata, sino del joera tan obvia desde. la calle, ¡que sus ven de la clase media que por su posición, sus atributos y los requisitos soamistades, especialmente, las femeninas, ciales de la época, podía pasar como un saludaban hacia la ventana cada vea que gentleman pasaban por delante del edificio. Para poner fin a ello ee decidió, después de muDlsraeli y Thaekeray, dos hombres de chas discusiones, que en el futuro nadie la clase media que llegaron a lá fama, saludaría desde la ventana del club y los han descrito en sus obras lo necesitado dandies permanecieron tras ellas impeque estaba el Londres de su Juventud de cablemente vestidos y con sus sombreros lugares donde matar el tiempo con cierta calados. amenidad. Londres, a pesar de su nume ¡El hecho de pertenecer al mismo club rosa población, era, ál parecer, una ciudad bastante aburrida, y los clubs ofrelndicatoa, por regla general, que los socían, si m á s no, la oportunidad de abucios tenían cierta comunidad de ideas políticas. Pero cuando P i t t se hizo socio rrirse en compañía. Se llegaron a convertir de hecho en verdaderas fortalezas de White s su enemigo político Fox ge dio de baja y pasó a engrosar las filas masculinas, en lugares de asueto donde las reglas de- la etiqueta podían dejarse de Brook s iniciándose así una rivalidad entre los dos- clubs, que duró vario de lado. Uno de los dibujos m á s famosos de años. Otra de las disensiones famosas qua tuvieron lugar en White s fué provo- Rowlahdson nos muestra el local de Brook s con sus socios tumbados en las cada, años más tarde, por la restricción en el fumar, que dividió a los socios en sillas, con sus sombreros puestos y en actitudes que distan mucho de ser elegan fumadores y no fumadores y fué la causa inicial de que, bajo los auspicios tes, fin las épocas vlctorlana y eduardiana los modales y el porte eran mucho más del Príncipe de Gales, que figuraba entré los socios fumadores, se fundase un señoriales, pero en los clubs se dejaban de lado muchas reglas de la etiqueta y nuevo club, el iMarlborough a l que pacada uno tenía derecho a ignorar a Jos saron muchos; ¡de los descontentos. ¡La rivalidad entre White s y Brook s demás y encerrarse en su torre de marfué transitoria y de. carácter puramente fil sin necesidad de tener que mostrarse sociable con nadie. Ejemplo típico de esto político y fruto en gran parte de la semilla sembrada en uno y otro por Pitt nos lo da el Marlborough Club, fundado (Continuará. truyó por completo. Pero el fuego le sirvió de gran publicidad, pues el propio Rey y el Príncipe de Gales, acudieron personalmente al lugar para animar a los que luchaban con las llamas. Por si eso fuese poco, el pintor Hogarth lo inmortalizó en uno de sus cuadros, y no es de extrañar que Whita a resurgiera a l poco tiempo en la misma calle con mayor fuerza y prestigio que antes. Las llamas, sin. embargo, no purificaron sus actividades. E l juego continuó siendo uno de sus. mayores atractivo Walpole, en sus fascinadores comentarios sobre esa época, describe cómo el conde Chesterfleld se pasaba la vida en White s jugando y pro- digando rasgos de ingenio. Según aquél, el noble señor le decía a su hijo que todo socio de un club de Juego tiene que saber hacer trampas, pues de lo contrario acabará mendigando. Inconsistencia que le recuerda el dicho de Fullsr: Üñ padre ique pega a su hijo por renegar y reniega a su Vea mientras le pega, le hace más daño Con el ejemplo que con el castigo. f
 // Cambio Nodo4-Sevilla