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LOS INGLESES SON ASI! veleros Jorge Marín EDICIONES DESTINO, S. L Continuación, lana tan fina que era casi transparente, el color blanco pasó a competir, en popularidad con eV azul, Mientras los orfebres y ceramistas creatoan tetera tazas y demás accesorios, los fabricantes de muebles ingleses diseñaban la nueva analta de té Y para realzar todo ese aparato, en las casas aristocráticas, se empleaban muchachas llamadas servidoras de té que elegidas especialmente por su belleza, daban más realce a la operación. Emma Kart, amiga de Charles Orenvüle. que fué luego Lady Hamilton y mas tarde favorita de Nelson, empezó su carrera sirviendo té en una oasa dé Edgware Road. pero, como dije, no era sólo entre la clases aristócratas que se había estable ido la costumbre de tomar té. En esos círculos mas modestos de la sociedad Inglesa, que inmortalizó Jane Austen, la vida doméstica empegaba a girar alrededor de la tetera. Para la puritana clase media, la imgestión de enormes cantidades de té era uno de los pocos excesos permitidos. Hasta bien entrado el siglo X I X el té, que hasta entonces no habla pasado de ser una bebida que se tomaba después de comer, se convirtió en pretexto para una comida mas. En aquella época, era costumbre, que aun no se ha perdido del todo, el tomar un desayuno fuerte y un almuerzo muy ligero, y sé cuenta que la duquesa de Bedford, que siempre sentía debilidad a media tarde, fué la que estableció la nueva costumbre de tomar el té con pastas costumbre que se convirtió, fuera de puertas, en el clásico ftve o cteek tea Durante la primera mitad de ese siglo, tuvo lugar otro acontecimiento, que había de Influir considerablemente en el aumento del consumo de té. Fué la decisión, adoptada por el Parlamento en 1833, de suprimir el monopolio existente. Esta medida abrid una nueva era en la que los mercaderes de todo el mundo, y en especial los norteamericanos, entraron a competir en el mercado Inglés. Fué la épo- ca de las emocionantes carreras entre los americanos e ingleses que trataban de traer los cargamentos de té de Oriente en el menor tiempo posible, carreras que se convirtieron en algo típico hasta el día en que el vapor suplantó al ágil (bergantín. (La supresión del monopolio abrió también una nueva era en la producción. Los campos de la India y de Oeüán fueron intensamente dedicados al cultivo del té hasta convertirlos, años más tarde, en los mayores centros productores del mundo. Y con la mayor producción lo que antes había sido casi un artículo de lujo, fué convirtiéndose más y más en una bebida popular. Durante el reinado de la Reina Victoria, el té de la tarde se convirtió en una costumbre nacional, pero esto no excluía el que la bebida continuase siendo consumida a otras horas. A pesar de ello, el siglo X I X no produjo ningún paladín del té, de la categoría del doctor Johnson, tal vez porque la costumbre estaba tan arraigada que no necesitaba ya defensores. En realidad, todas las grandes figuras de la época iusron grandes bebedores de té. El duque de Wellington llevaba gran cantidad de té y una lujosa tetera de plata en todas sus campañas, y se cuenta que antes de la batalla de Waterloo se dirigió a sus oficiales dteiéndoles: Caballeros, el té me ha despejado los ojos hasta tal punto, que ya veo a Napoleón derrotado... Pero pocos pudieron competir con el primer mlnistip, CHadstone, en cuanto a las cantidades Injeridas. Se vanagloriaba de ser el miembro de la Cámara que bebía más té entre las doce de la noche y las cuatro de la madrugada, y su deseo de beber té a esas horas era tan insaciable, que lo resolvió de una manera poco corriente: illenando el recipiente de cerámica con que se calentaba la cama- con tá, en lugar de agua caliente, con lo cual conseguía el doble objetivo de mantener el calor y poder saciar su sed. iComo ocurre con la mayoría de las costumbres importadas de lejanas tierras, la de tomar el té sufrió diversas variantes a través de los años. A l comienzo, casi todo el té era de procedencia china. Era escaso y aro, y esto hacía que se usase en poca cantidad, y que la infusión fuese, por lo general, poco fuerte. Cuando se suprimió el monopolio y empezaron a consumirse tés da la India y de Callan, que poseían mayor cantidad de tanlno, la gente se acostumbró a beber un té más fuerte. Pero, como contra gustos no ha habido nunca nada escrito, no es sorprendente encontrar grandes discrepancias en la manera de temar el té. A Hazlitt, por ejemplo, te gustaba sumamente concentrado; Jerroíd ponía en él tanto azocar que lo convertía casi en un Jarabe; Byron lo tomaba con gran cantidad; de leche; Balzac, que to calificó de boisson fa de et mélancholique se negaba a tomarlo sin coñac. 1 1 contenido podía variar según, los gus 2 tes, pero la forma de tomarlo se veía su- peditada a menudo a unas reglas de etiqueta que variaban según las épocas. En las tea partics de comienzos del siglo XVÉtH, cuando una lady había to mado suficiente té y quería deshacerse de su taza, no tenía más que golpearla con la cucharilla o colocar ésta horizontalmente sobre la tasa para que el gentleman más cercano se aprestase inmedia- taimente recogérsela. Otra forma más gráfica de indicar que no quería más té. consistía simplemente invertir la taza sobre el plato. En Escocia, donde la costumbre de beber té se puso de moda al ser introducida por la duquesa de York, no se consideraba correcto, en las reuniones sociales, el tomar una segunda taza hasta que todas las ladies presentes habían terminado la primera. Con el fin de evitar el que se mezclasen las tazas en la segunda vuelta, las cucharillas se hallaban debidamente numeradas para que cada invi tado pudiese identificar la suya. Era costumbre también el dejar la cucharilla en la taza, después de agitar el azúcar, pues, por extraordinario que parezca hoy día era osa corriente el echar el té en el platito y beber directamente de éste. ¡A través de las novelas de la época victorlana pueden apreciarse muchos de los cambios sociales que la ya extendida costumbre de tomar el té fué provocando. El más notable sin duda fué la aparición del Tea Shop el salón de té público, que no sólo desplazó por completo a los cafés, sino que influyó grandemente en las costumbres de la época. En la primera mitad del siglo XIX, las sociedades dedicadas a combatir el alcoholismo vieron en el té un aliado poderoso. Procuraron estimular su consumo entre las clases modestas, en la esperanza de que haría disminuir el de las bebidas alcohólicas. Para ello acostumbraban a organizar periódicamente Tea Meetlngs a los que asistían hasta 2.500 personas y en los que, ss tratase de lo que se tratase, se servía invariablemente té en grandes cantidades. Estas campañas y el atractivo que los Tea Shops ofrecían como lugar de reunión a bajo ptecio, desplazaron hacia ellos a muchos de los que acostumbraban a frecuentar los nefastos Gin Palaces las tabernas en que se vendía ginebra a bajo precio y que producían verdaderos estragos entre la gente pobre y mal alimentada del pato, (En pocos ofios los salones de té sé multiplicaron. No había barrio, por aristocrático o modesto que fuese, que no tuviera uno o más Tea Shops en consonancia con él. Con la resultante, que a últimos da ese siglo, la gente joven, escapando de la rigldess y el ceremonial de las visitas en casa, empezó a usarlos como lugar de reunión. Por regla general, esos establecimientos no servían más que té, pastas y en algunos casos sandwiches. Pero la expansión y competencia entre las varias empresas que, organizando el negocio en gran escala, abrieron sucursales en las calles más importantes, no tardaron en ampliar sus servicios. A raíz de la primera guerra europea, muchas mujeres sustituyeron a los hombres en los trabajos de oficinas y fábricas, y en lugar de almorzar en los pubs como la mayoría de aquéllos, empezaron a hacerlo en los tea shops que servían de comer. En éstos, como es natural, la cerveza se veía desplazada por el té. En ningún momento perdió el té las posiciones conquistadas, A los pocos años, su consumo ya no se hallaba limitado al hogar y a los tea shops sino que invadía loa lugares de trabajo. De cuatro a cinco de i $i tarde, la taza de té aparéela en las salas de los Consejos de Administración, en los pupitres de los oficinistas, n las mesltas de las mecanógrafas, en los bancos de trabajo de muchos obreros y, ni que decir tiene, en las dependencias del Estado, en las que los carritos de té iban pasando de sala en cala, y las tazas, de mano en mano, como un expedienté más. Cuando vino la guerra mundial y el Gobierno, además del racionamiento, tuvo que establecer una prioridad en la Importación de ciertos artículos, el té fué considerado casi tan de primera necesidad como la gasolina. Después de todo, esta (Continuarán
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