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pengas, suma fabulosa de aquella época. Durante la primera guerra europea en Austria un partido francófilo. Esto parecerá absurdo, y, sin embargo, hada más cierto. L o presidía el onde Karoly, luego desterrado en. París. Se perdió la guerra, cayó la Monarquía, sin que se sepa como, y un buen día despertaron los húngaros bajo una República que no habían buscado. A l perderse la guerra, gritó el conde K a roly en pleno Parlamento: ¿Lo veis? Esta exclamación le valió ser nombrado presidente de la mueva forma de gobierno. (Encajada la terrible experiencia de la derrota, quiso Karoly durante las. deliberaciones que prepararon el Tratado de Versalles sacar el mayor partido posible de su pasada fraíieofilia. Y es que amenazábase a Hungría con reducirla a menos de la mitad en favor de Rumania. Karoly luchó, porfió, amenazó por su parte... y no consiguió nada. Y entonces ideó una venganza espantosa: las organizaciones rojas estaban contenidas o alejadas del país. Pues bien: les abriría paso Ubre para que invadieran a Europa. U n nuevo, y legendario- don Julián. Lo llevó con gran secreto. E l resultado fué el que proyectó: despertáronse, los húngaros y vieron, con el susto consiguiente, que los ministerios, centros oficiales, cuarteles, tranvías, etcétera, se ornamentaban con banderas r o jas. E l conde Karoly huyó por temor a los suyos, y Bela K u n asentó sus reales en el palacio levantado para el Emperador Francisco José. OLa experiencia comunista fué, como en todas partes, catastrófica. Se acabaron él orden, el trabajo y la paz. Moza etes de quince años les arrancaban las Insignias a los militares qué, congestionados por el esfuerzo de la contención y sin fuerza moral para impedirlo, porque se veían aislados y desbordados, contemplaban mudos el despojo. Los obreros comunistoídes no trabajaban, diciendo que había llegado la drioh, cuyo rostro era fammar en toda suya. Autorizados para habitar en las casuerte de revistas. M húngaro Frledrich, sas de los señores, compartían las habitaídolo de la juventud, reunió a unos cenciones con los dueños y se hacían t r a t a r tenares de atletas fuertes como robles; los como aristócratas. Puesto que nadie t r a aimó de pistolas y díó un golpe como el bajaba, pronto Se careció de todo, incluso de César Borgia en Sinigaglla. E n un de pan, M dinero, no iservía ¡para nada; lioche desalojó a los socialistas, quienes, se ivolvió, pues, a los primitivos tiempos en realidad, opusieron escasa- resistencia, de la permuta. Y so él que tenía algo que puesto que comprendieron que su hora no permutar. había llagado... o que había pasado ya. IPor lo demás, el deportista tuvo buen áiver Beía K u n- qué el edificio comusentido: una cosa es regir a un grupo de nista se ie venía abajo, citó a sus jefecijóvenes que pega patadas a una pelota de llos, a quienes increpo dicléndoles que en cuero, y otra gobernar un país. Se limiHungría no había pan, ni zapatos, ni carbón, n i veágUenza. ¡Había que trabajar! tó, pues, a dejar en franquía el paso a los conservadores que, desde entonces goberLos jéíecillas 1 contestaron qué Bien naron én Hungría, y él se volvió a su los obreros comunistoides respondieron: Club, donde seguramente las victorias no ¡Trabajad vosotros! L a realidad última serían tan fáciles como la victoria política es que nadie trabajó, que vino la desmoque acababa de coronar. ralización y que a ésta siguió el caos. IDsspués, y hay muchos años dé por Una paliza de- Rumania, que copó unos medio, volvieron las hordas, convirtieron millares de soldados rojos, le hizo ver a a Hungría en satélite de Moscú, hicieron Bela K u n que su reinado había concluido. como que se iban y volvieron, y ahora Otra mañana se levantaron los ciudaaseguran que no se van, porque Hungría danos de sus léenos y se encontraron con está dentro dé la zona de influencia que él uáto de que ya áó había banderas K K- las potencias le señalaron después de la jas en ¡ninguna parte. Y a no eran comuultima guerra mundial nistas; eran socialistas. ¿Qué había acon- t ¿Qué habrá quedado de Budapest? S i tecido? Que Bela K u n después de ciento toda alma honrada crispa sus puños ante treinta y meo días de comunismo frusuna ciudad convertida en ruinas teñidas trado, había huido y que los socialistas, de sangre, no menos los crispará el que, que estaban al acechó, al advertir que el además, tuvo la fortuna de conocerla y Poder estaba sin amo, se adueñaron de él vivirla en sus días de esplendor. Quien como de un bien mostrenco. Y henos a tenga alguna idea sobre los húngaros, d i Hungría socialista rectamente o por referencia, sabe que son ¡Pero la posesión fué efímera: no duró sencillos, trabajadores, valientes, cumplisino tres díass. tín martes por la mañana dores de la pala ra dada, buenos católidespertaron los húngaros convertidos en cos y patriotas. E n lucha terrible con una bestia descomunal, afirman que de todos ¡conservadores! ¿Cómo se explica el nuelos sacrificios que se hacen por. íá Patria, vo susto? Partiendo del hecho de que los tal vez el de la vida es el menos imporhúngaros, en su mayoría católicos, estatante. Lo importante es el sacrificio mist u í hasta la coronilla de tanto izquiermo; es decir, el ejemplo. Podrá o no podismo sin prestigio ni dignidad. E n tales drá ayudárseles; no lo. sabemos, auncre lo casos ocurre a veces que el más simpádeseamos fervorosamente; pero la pagina tico, popular y audaz, triunfa fácilmente. está escrita. ¿Quién podía ser ese ciudadano? M presidente de un equipo de futtool. Fué FrieA. J O. Puente de Elizabeth.
 // Cambio Nodo4-Sevilla