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(GLOSARIO LÍRICO DE LOS LIBROS AMARILLOS) Por PEDRO A. MORGADO M u y buenas tardes aldea. Soy tu hijo J u a i v e l n o s t á l g i c o vengo ver c ó m o florece la primavera en tus campos. Juan R a m ó n JIMÉNEZ Pasto- rales E l V J I U T Fuente Pina, la huerta famosa del campo de Moguer, predilecto retiro del gran poeta. ¿RÍAS OS a Z 0 T S. R A ya para un año que lo soñamos... Juan Ramón vuelve... Y vuelve en primavera, para ver cómo la primavera florece en los campos de su Moguer natal. Allí le aguarda toda la belleza quebradiza, difícil- -son trazos del ilustre Pérez Embid, en una bella crónica- -de los campos de Moguer... Luces malvas, pinos verdes, cielo azul... Manchas de viñas frescas bajo la brisa salada Y allí le espera el arroyo; ese arroyo por el que Juan Ramón iba a la Dehesa de los Caballos, cabalgando en Platero y que esta- -dice- -en sus viejos libros amarillos, unas veces, como es, al lado del pozo ciego de su prado, con sus amapolas pasadas de sol y sus damascos Caídos; otras, en superposiciones y cambios alegóricos, mudado, en mí sentimiento, a lugares remotos, no existentes, y sólo sospechados Y allí le espera el redondo pino de la Corona y la medrosa Cañada de las Brujías- Platero qué frío! La fuente del Pinete... E l vallado de los Hornos, desde donde se ve todo el camino de. los Llanos El Callejón dé la Sal... Violeta de cal con sol y cielo azul Las marismas risueñas, ceñidas de oro, con el sol en sus espejos rotos, que doblaban los molinos cerrados El puente de las Angustias, refugio del poeta cuando pasaban toros La colina roja que se levanta sobre la viña vieja de Cobano Y los reposados valles hondos con arroyos, donde se queda el cielo rosa, hasta bien entrada la noche La vuelta del caminó, junto al algarrobo que cierra la entrada del prado, negro todo de sus alfanjes secos contra el naciente, lá roca rote. P 1 charca con pedazos de cíelo amarillo, verde, rosa Y la Puente Vieja, blanca siempre sobre el pinar siempre verde; rosa o azul, siendo blanca, en la aurora; de oro o malva, en la tarde, -siendo blanca; verde o celeste, siendo blanca, en la noche Volvía Juan Ramón- -lo soñamos ya va para un año- Antes, volvió otras veces... ¿Traería, como traía entonces, un tesoro encontrado entre rosas fragantes ¿Vlndría a decirte, ciudad con sol, sentires viejos y lánguidos, o coplas de abril llenas dé pájaros y de sol ¿No recuerdas, aldea, a tú hijo Juan, el pálido poeta que, una mañana de mayo, huyó de ti ¿A dónde vas? le dijo, entonces, la dulce novia... Y él respondió: a don de el cielo esté más alto, y no brillen sobre mi tantos luceros Y ahora, el dolor- -un dolor entrañable- y a íe le retiene lejos; y no vino en AS tonces, ni ha venido aún... rae gustaría- -ha dicho a Massip- -ver las casas donde viví de niño y joven; pero esto es ya imposible Su con 0 48 sagración universal, como poeta máximo, le sorprende agobiado de penas, con las manos yertas de la bien amada sobre el corazón. Y s o l l o z a solo- ¡solo! Esto es ya imposible No: el enorme vacío; Si el gran desamparo que aflige al mágico y doliente poeta, sólo pueden llenarlo y consolarlo su Mogfuer na! AS tal; el paisaje inefable e íntimo de su M o g u e r- soledad sonora que, a fuerza de reflejarse en su alma, se hizo su alma misma... Mi paisaJe es mi alma M i corazón parece un paisaje de campo Paisaje y corazón- primavera y sentimiento Ese arroyo- -dice el poeta- -está en mis bra le presta a su plata el álamo de oro, libros amarillos y está, como en sus li- negro... entre jarales con rosas ¡Arrobros amarillos está todo Platero libro, y yo de las adelfas rosas, que cuando pasa el aire de la primavera, lleva flores fresel propio Platero burrillo, también... Así: El poeta ve pasar, desde su asno cas en sus cristales ¡Arroyo que sé lle- ¿qué asno podía ser éste, sino Plate- vó el retrato de las horas que coronaron la ro un vuelo de pájaros dé sol Ele- vida del poeta con una llama de rosas! La Soledad Sonora La Flauta y el gías Lamentables VI) Asno blanco; verde y amarillo de parras de otoño; asno Arroyo dulce y blanco Pastorales El VaY el pino... Pino blando y fragante, lle IX. que sombreas la entrada dé la casa. tú haEl poeta ve pasar desde su asno, blan- ces fresco el sol, dulce el cielo, te coronan los pájaros con una desatada y eglógica co y dulce la bandada dé pájaros de sol... Bandada... ¿a qué radiante prima- ternura ¡Árbol que sobre el alma suevera vas a entrar? ¿a qué sol vas a can- ñas tu estremecida sombra! Lá Sole dad Sonora tar mañana, mientras yo sigo enfrente dé Y la luna, fuente de plata en el prado esta misma ribera, mirando este camino, del cielo, que se derrama, llorando, en dioyendo esta campana? vinas estrellas (ídem) Luna que, cuan ¡Todo Platero en los maravillosos l i do nace sobre el río, está rosa entre los bros amarillos de Juan Ramón! El arroárboles de oro de la tarde Jardines Leyo... debajo de las frondas, cuando el aura janos Y que el poeta- mira a través abre claros horizontes entre el verdor de de las finas acacias Dulce luna (que) las ramas E l arroyo que va, plateado, tifie de blanco ios árboles Arias Tris soñando entre los verdores de un rico pates Naciente de luna: verde iluminalacio de álamos, lleno de rizos de sol Y al rizar el aire tibio y dorado, la paz ción (que) ahoga el cielo- estrellado... y se de plata del arroyo, aquel palacio se rom- derrama blandamente por el campo Melancolía Tercetos Melancólicos VII) pe, hecho luces verdes en el cristal encanLa luna, la dulce luna amiga y novia tado Agua en él agua se hace la claridad de un lucero, cristal partido... del poeta, todo claridad y atoa de luna... Malvas, rosadas, celestes, las floréenlas del Novia del poeta... He aquí la lírica e inefacampo esmaltan la orilla verde... Y som- ble declaración: Luna dé oro, luna rosa, 1
 // Cambio Nodo4-Sevilla