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¡LOS INGLESES SON ASI! Jorge Marín EDICIONES DESTINO, S. -L (Continuación. dos, siguen rindiendo culto a lá carne a la parrilla. De menos categoría, son los llamados Chop Houses en los dos ne o tres platos de carne y otros tantos de pescado constituyen todo 1 menú. Sdn muchas también las tabernas tmí a la hora del almuerzo ofrecen un menú a preció ¿jo, y el clásico queso con pan y mantequilla. Mientras innumerables Casas de Comidas que se presentan como cafés, ofrecen bajo lá condensada expresión Mea and 2 vw. un plato de carne, con patatas y verdura. Pero desde hatea algunos años, las grandes cafeterías de empresas, cómo Lyons A. B, C Slaters y Fortes con sucursales por todo el país, han creado a base de producir en masa, un tipo de café- restaurante en los que millares de oficinistas, mecanógrafas y dependientes de comercio pueden comer en un ambiente moderno y agradable, a base de unos menús discretos y a un precio sumamente módico. Para 3 a mayoría dé los extranjeros esos restaurantes distan mittdho de ser satisfactorios. No sólo porque la cocina inglesa es menos sabrosa que la mayoría de las cocinas europeas, sino porqué acostan brados, por lo general, a comer, varios platos, esos menús les resultan sumamente frugales, pero hay que tener en cuenta que la mayoría de esos restaurantes están organizados dé cara al público inglés, hasta el punto de que muchos de ellos soto sirven de comer a la hora del almuerzo. iCor. trariamente a lo que ocurre en la mayoría, de los países del Continente, los ingleses empiezan el día con un buen desayuno. A base de zumo de frutos o cereales con leche, huevos con Jamón o pescado, tostadas con mantequilla y mermelada, y té o café, el desayuno constituye de hecho la primera comida del día. Esa base sólida, justifica el que el almuerzo, tomado casi siempre fuera de casa, sea ligero, y explica el que el inglés se sienta plenamente satisfecho- con lo que le ofre- cen los restaurantes descritos. E l té de alegan que esa indiferencia no justifica un ¿inedia tarde servirá de puente para lkgar mayor esfuerzo, pero uno no puede por a la cena casera que es para muchos la menos de preguntarse si su esfuerzo juscomida misas importante. La costumbre tifica un mayor elogio. varía- ligeramente entes el norte y el sur Desde la termiraaoión de la guerra los del país y entre las ciudades y el campo. ingleses han perdido buena parte de su Pero, por regla general, puede afirmarse insularidad, y con las facilidades para quj si bien los ingleses comen menos, el viajar y vivir en óteos países, aunque sólo hecho de hacerlo más a menudo y a- base sea durante; unas semanas de vacaciones, de alimentes adecuados lo compensa ple- han descubierto que, sin caer en aquello namente. Buena prueba de ello s que el del vivir para comer se puede hacer número de catarías de la dieta media de mucho más agradable ésa necesidad de Inglaterra sé halla por encima del ús mu- comer para vivir En consecuencia, pachos patees que tienen fama de buenos rece haberse despertado de un tiempo a comedores. esta parte, un interés extraordinario por Por extraño que parezca, 1 guerra pro- la cocina. Se publican innumerables libros dujo un oamtoio sumamente favorable en sobre el tema, y en las muchas revistas la alimentación del país, y las medidas dedicadas a las amas dé casa y en las sociales establecidas desde la terminación páginas femeninas de la mayoría de los de aquélla han ayudado a consolidarlo. periódicos, aparecen continuamente arEn primer lugar, el trabajo para todos tículos y recetas gastronómicos. E l que de dio un poder adquisitivo a muchos que no momento, las inglesas no se atrevan más lo tenían, mientras 1 racionamiento y los que con los spaghetti y algún due otro subsidios emoiiminados a mantener los rlsotto tal vez parezca ün pobre esfuerprincipales artículos alimenticios a pre- zo, pero no deja de ser por ello un buen cios bajos, ponían al alcance de todos una augurio. dieta dé apariencia austera, pero cientíPor otra parte, la influencia extranjera, ficamente: adecuada y superior a la que a través del millón y pico de turistas que disfrutaban muchos sectores del país an- anualmente visitan Inglaterra, empieza a tes de ía guerra. dejarse sentir en pequeños detalles. E l co ¡Esto, como es natural, transformó las mer y el beber son cosas que en todas costumbres alimenticias de las clases ba- partes acostumbran a ir estrechamente jas. En muchas aaonas industriales y mU unidas. Sobre el particular, los ingleses ñeras del Norte, la cocina era práctica- tienen también su idiosincrasia. En los mente inexistente. La alimentación fami- ¡banquetes y en las mesas de la gente puliar se hacía a base de fish and chips diente las comidas se han visto siempre pescado con patatas, comprados ya fritos, rociadas con buen vino; el ingléá medio, pan con margarina y té. Las nuevas con- especialmente cuando come fuera de casa, diciones económicas abrieron nuevos ho- acostumbra a acompañarlas con cerveza; rizontes culinarios, pero la costumbre o la gente modesta, en cambio, lo hace con la apatía han hecho que, por lo general, sendas tazas de té. Con lá resultante, que el pedir un vaso dé agua en algunos resno se, sacase todo el partido posible. Es indudable que, por término medio, taurantes (como no fuese para tomar una los ingleses comen más de lo que comían, aspirina o bicarbonato) era, hasta hace pero no hay duda que podrían comer me- poco, algo inaudito. La afición de los tujor de lo que lo hacen. Desde que se su- ristas norteamericanos al agua helada ha primió el racionamiento, motivado por la hecho, sin embargo, que ésta apareciese guerra, disponen absolutamente de todo en los mejores restaurantes como un sínlo que se requiere para comer bien. Basta toma de buen servicio. Otra cosa que sorprende grandemente dar una vuelta por cualquiera de sus mercados para darsa cuenta de la infinidad a los extranjeros, es el poco pan que code productos alimenticios, procedentes de men los ingleses. A este respecto hay una todas las partes del mundo, qué con sólo anécdota que, como dicen los italianos, una preparación adecuada harían honor se non é vera toen trovata Se cuenta a las mejores mesas. Basta contemplar que la gerencia de un famoso restaurante las exuberantes Carnicerías, pescaderías y londinense se enorgullecía tanto de poder tiendas de comestibles del país, para apre- servir todo lo que sus clientes deseasen ciar las innumerables posibilidades que comer, que ofrecía diez libras al que piofrecen. Y, sin embargo, el fin no hace diese algo que no se hallara disponible. Un día un excéntrico decidió aceptar el justicia a los medios. En todos los países existe, por supues- reto y muy serio pidió una tostada con to, un cierto paralelismo entre el nivel ojos de murciélago. E l camarero, sin inculinario de los restaurantes y el de las mutarse, anotó la orden, y se dirigió hacasas particulares, especialmente por lo cia las bien surtidas cocinas. A l cabo de que a la cocina nacional se refiere. Pero un rato, volvió con un plato de ojos de en Inglaterra se hace difícil dilucidar la murciélago y acompañado del maltre influencia del uno sobre el otro. La, rea- Este se dirigió respetuoso al cliente y enlidad es que lá mujer inglesa no siente tregándole un billete le dijo: Sir, ha gauna, gran inclinación hacia las labores nado usted las diez libras. ¡No tenemos domésticas en general, y la cocina en par- pan! La anécdota, verídica o no, refleja ticular, pues le resultan engorrosas y poco esa costumbre inglesa de no considerar atractivas en comparación con las múlti- el pan como parte indispensable de la ples actividades que su independencia y comida. Hasta hace poco, el pedir Un sela mayor igualdad de sexos le ofrecen gundo panecillo provocaba invariablemente la sorpresa del camarero inglés. Hoy, fuera del hogar. Las inglesas que cocinan lo hacen más en muchos restaurantes, cuando se dan por necesidad qué por afición, y en con- cuenta de que el cliente es extranjero, la secuencia, procuran simplificarla en todo cestita de Pan es dejada discretamente lo posible. Í 31 orgullo que cualquier mujer sobre la mesa. de la clase media, sea española, francesa IHay un aspecto, sin embargo, en el que o italiana, siente al preparar un plato que Jos ingleses no sólo no tienen hada que es elogiado por la familia, es sólo com- aprender, sino que podrían dar lecciones parable a la satisfacción que siente la in- a la gran mayoría de los extranjeros: es glesa cuando, con- un poco de. carne o pes- la forma de comer. Existen, por supuesto, cado y la ayuda de varías latas de con- unos principios tácitos que son comunes serva, consigue improvisar, en poco tiem- a la gente de buenos modales de todos po, un plato que merece la indiferente los países, pero lo que sorprende en Inaprobación de los suyos. Muchas inglesas glaterra es el alto grado de educación Continuarán
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