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EL COLLAH DE LOS BALBÁSES N la reciente y documentada biografía que Cortés Cavanillas dedica a Su Majestad el Rey don A l fonso Xm, hay un capitulo, el segundo, cuyo epígrafe es E l collar de los Bateases y en el que se reitere el origen de esta valiosa Joya. Parece ser que don Ambrosio Spínola, el ilustre militar genovés que consagró su vida entera al Servicio de España, y que fué inmortalizado por Ve lazquez en el célebre lienzo de la rendición de Breda, quiso engarzar en una sólida hebra de plata una perla estupenda que dejó a sus sucesores para que cada uno dé ellos añadiera, otra, más y formaran, generación tras generación, un insuperable collar, que fuera ornamento del cuello de las futuras marquesas de los Balbases Esto es lo que nos cuenta el autor de la biografía, a propósito de que doña María Cristina, la esposa- del malogrado Rey don Alfonso XII, había manifestado en cierta ocasión a sü regió consorte el deseo que tenía de poseer un collar igual al que lucía eá su torneado cuello Sofía Troubetzkoy, la esposa del mayordomo mayor de Palacio, el duque de Sesto, marqués de Alcañices y también de los Balbases, título este último por el que le había correspondido heredar el famoso collar. Pues bien- -seguímos a Cortés- Cavanillas- don A l fonso Xtt, queriendo complacer a su esposa, encargó á su fiel servidor un collar, copia exacta del dé los Balbases, para regalárselo a doña María Cristina, pero a condición de que no se lo entregaría hasta tanto que la Reina no diese a España uní heredero varón para su Corona. Pasó eí $l empo y antes llegó la muerte del Rey e et feliz natalicio, del suspirado varón, por locual dóñá María Cristina no llegó a lucir él collar que tanto había deseado en vida dé; su marido, pues al presentárselo el duque de Sesto, días después del fausto acontecimiento, la desconsolada viuda exclamó: GrACias, Pepe, Pero ya... ¡para qué! v Hasta aquí lo que nos refiere Cortés- Ca- vanillas en su interesante libro. AJiora. bien, debido a nuestras frecuente visitas al archivo del actual duque de Álburquer qué y marqués de los Balbases, suponíamos que entre la rica documentación qué se conserva en dicho lugar habría algún dato que nos Informase sobre la preciada Joya. En efecto, no nos fué difícil encontrar entre los legajos de la voluminosa testamentaría del marqués de Alcañices- -padre del duque de Sesto- y en el apartado correspondiente- a las joyas legadas a sus hilos, una concreta referencia, que dice así: Collar compuesto dé treinta perlas. Intermediado con golillas de rosas de esfera. en los remates dos tulipanes, con un brillante cada uno, y. pendiente de dicho, collar, siete perillas de perlas con casquites de brillantes, todo guarnecido con 151 de éstos y 319 rosas de esfera. De este collar pertenecían al difunto señor marques las treinta perlas y las dos perillas mayores (perteneciendo lo demás a la excelentísima señora marquesa, su difunta esposa, en cuya testamentaría figura) y dichas treinta perlas las regula en 162.000 r- eaies d vellón. No tijuy duda que la anterior descripción se refiere al collar de los Balbases. el cual, en vida de la marquesa, había sido enriquecido por ésta con los añadidos que se mencionan, pero de una Retrato de la marquesa de Alcañioes, por Federico Kadrazo, -e él que. la Muítre dama exhibe el magnifloo coílar a que este articulo e reflefe. (foto V. Muro. manera transitoria, pues ya vemos que en. la testamentaria se especifica claramente lo que pertenecía al histórico collar y lo que era posterior y añadido. Pero además de esta descripción existe algo mas interesante, todavía, cual es la reproducción del collar- -en toda su prístina belleza, pues figuran sólo las perlas- -en el magnífico retrato que de la marquesa de Alcañices hizo Federico Madrazo, conservado hoy en uno de los salones de la residencia del duque de Alburquerque, y que es el que reproducimos aquí. En él vemos a doña Inés de Silva y Téllez Girón- -dama de tan extraordinaria hermosura, qué un diplomático extranjero que la conoció en la Corte, la designó la belleza por excelencia de Madrid posando ante el pincel de Madrazo y luciendo el famoso collar de las treinta perlas y siete perillas. que, por su tamaño y oriente, debían hacer del mismo una Joya de excepción. Seguramente, muchos de los que lean este artículo se preguntarán: ¿y qué fué del collar dé los Balbases? Pregunta que nosotros también nos hemos hecho sin que hayamos podido encontrar una respuesta satisfactoria, pues el destino ulterior dé la valiosísima alhaja es un misterio sin aclarar hasta el presente. Lo único que se sabe de cierto es que Sofía Troubetzkoy fué la última marquesa de los Balbases que lo llevó, y que muerta ésta, mucho, antes que. su esposo, el odiar debió permanecer en poder de Sesto hasta su muerte, a no ser que se hubiese desprendido dé él por un poderoso motivo. ¿Cuál pudo ser éste? ¿Acaso el collar que entregó a doña María Cristina fué el auténtico, queriendo rendir con este generoso obsequio un postrer homenaje a la memoria de su amadísimo Bey? Todo cabria esperarlo por parte de quien tan liberalmente contribu- yó con su hacienda y personal esfuerzo al triunfo de la Monarquía... Pero el caso es que sus herederos no lo recibieron, quedando así rota una tradición de cerca de tres siglos, y desaparecida una presea de inestimable valor, gala y- ornato dé bellas marquesas y testigo honroso de antiguas grandezas. Ricardo WELTAXSX E
 // Cambio Nodo4-Sevilla