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UN PERIODISTA DEL SIGLO XIX GUSTAVO ADOLFO BECQUER Y LA FERIA DE SEVILLA OR un deslumbramiento fácilmente comprensible, el lector medio, cuando se cita la obra becquerlana, piensa casi instintivamente en las Rimas las ¡Leyendas las Cartas literarias a una mujer o las tituladas Desde m i celda E l Gustavo Adolfo Bécquer periodista pues lo f i é y de calidad- -es ignorado casi siempre por el gran público, sin tener en cuenta que, considerado en este aspecto, no es posible olvidarlo a la hora de enjuiciar la totalidad de su producción. Después de la conocida anécdota que costó a Bécquer su puesto- -escribiente fuera de plantilla, con tres m i l reales de sueldo- -en la Dirección de Bienes Nacionales, puede decirse que comenzó el quehacer periodístico del poeta. E l Mundo periódico que no publicó más que dos o tres números, fuá, posiblemente, el primero de los que cobijaron sus trabajos. Años después ingresó en la redacción de E l Porvenir donde tutvo por compañeros de labor, entre otros, a García Luna y Julio Nombela. Más tarde fundó Bécquer, con algunos amigos, L a España Artística y literaria también de vida eíímsra. E l 20 de diciembre de 1860, apareció 1 primer número de E l Contemporáneo y en él, sin firma, apareció la primera de las Cartas literarias a una mujer E n este periódico fué m á s constante el trabajo del poeta, ya que en los números 16 y 88 aparecieron la segunda y tercera carta, de las citadas, y otros trabajos realmente periodÜsticos, ¡como impresiones parlamentarlas, comentarios políticos y satíricos, etcétera sin contar artículos, leyendas y a l gunas poesías, entre ellas ia, tan conocida: Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso... ¡Yo no sé qué te diera por un beso! E n 1864, y al recrudecerse sus dolencias, Bécquer marchó a Veruela- -donde ya había estado anteriormente- -y desde allí comenzó a enviar, también a E l Contemporáneo en el que vieron l a luz sin firma, como sus restantes trabajos en este periódico, sus delicada cartas Desde mi celdas A l mismo tiempo que en E l Contemporáneo Gustavo Adolfo inició su colaboración en la revista El Museo Universal donde se publicaron algunos de sus más bellos artículos y sus m á s conocidas poesías, por rio citar trabajos de otra índole como su cuento humorístico U n tesoro Al dejar de publicarse E l Contemporáneo en 31 de octubre de 1865, Bécquer se dedicó a publicar casi por entero en El Museo Universal donde realizó una intensa labor, asi como en la Revista de la Semana cuya confección quedó a cargo de Bécquer. E n esta revista, donde le antecedieron León Galindo y Nemesio Fernández Cuesta. Gustavo Adolfo estudiaba- -aunténtico periodismo- -los sucesos más importantes de la semana. Y llegados a este punto damos por terminada la enumeración de periódicos donde colafooró el poeta, pues es materia extensa y motivo de otro trabajo. Volviendo, pues, a E l Museo Universal diremos que en e l n ú mero correspondiente al 25 de abril de 1868- publicó Bécquer- que había dé morir en diciembre del siguiente año- -un artículo, motivo del presente, titulado L a Perla de Sevilla Como en otras ocasiones, dicho trabajo servia de comentarlo a un dibujo de su hermano Valeriano, titulado asimismo L a Feria de Sevilla P (Han transcurrido oo mta y ocho años desde entonces. A l releerlo ahora, asombra comprobar cómo la bella prosa del poeta, en lo que a descripción colorista de la Feria se refiere- -salvando las oportunas distancias- continúa poseyendo casi actual vigencia. E l artículo consto de tres partes. E n la primera, Gustavo Adolfo, con fina ironía, se duele un tanto de cómo la Feria dejaba entonces a u n lado la esencia de lo andaluz para pecar de snobismo. Vea el lector: No busquéis ya, sino como rara excepción- -dice Bécquer- el caballo enjaezado a estilo de contrabandista, l a chaqueta jerezana, el marsellés y los botines blancos pespunteados de verde; no busquéis la graciosa mantilla de tiras, el vestido de faralaes y el incitante zapatito con galgas; el miriñaque y el hongo han desfigurado el traje de la gente- del pueblo, y en cuanto a los jóvenes de clase más elevada, que en esta ocasión solían llevar la bandera del tipo sevillano, obedecen en todo y por todo a los preceptos del último figurín. Describe en la segunda parte l a mañana y mediodía n la Feria, con movimiento y garbo: E l panorama que ofrece el real de la Feria d e s d e l a Puerta da San Fernando es imposible describirlo con palabras y apenas el lápiz lo podría reproducir en conjunto. Hay una riqueza tal de luz, de color y de lineas, acompañadas da un movüniEnto y un ruido tan grandes, que fascina y aturde. Figuraos, al través de la gasa de oro que finge el polvo, su llanura tendida y verde como la esmeralda; el cielo azul y brillante, el aire como inflamado por los rayos, de un sol de fuege que todo lo rodea, lo colora y lo enciende. For un lado se ven las blancas azoteas de ¡Sevilla, los campanarios dé sus iglesias, los moriscos miradores, la verdura de los jardines que rebosa por cima de las tapias, los torreones árabes y romanos de les muros... Se descubren millares de tiendas de campaña, formadas de telas vistosas y empavesadas con banderas y gallardetes ás infinitos colores... Finalmente, en la tercera y última parte del a r t í c u l o el poeta relata, siempre c o n diluida ironía, las horas del ocaso y de la noche en el recinto feriado: Cuando el sol, suspendido sobre las lomas de San Juan de Aznalfaráche, hiere la ciu- dad con sus oblicuos rayos y prolonga sobre la llanura que la rodea la sombra de sus murallas y sus torres, l a multitud comienza nuevamente a dar señales de vida, encaminándose a l prado de San Sebastián. Pasa, al fin, la Ihora del crepúsculo, entra la noche, comienzan a brillar las luces, desfilan los paseantes compuestos, se alejan los cochea, desaparecen los jinetes, las buñoleras levantan el grito, las tabernas se llenan de parroquianos, l a gente menuda vuefcre a apiñarse y a ir y a venir, gozosa, entre aquella oscuridad, que se presta a todo género de expansiones, y tornan a oírse voces, pitidos, pregones, risas, requiebros, palmas, música y can- tares. Quizá este trabajo de Bécquer- -documento de excepción para conocer el desarrollo de la Feria sevillana en sus albores- -hubiera sido distinto, sin la suave sátira que lo envuelve, de haberse escrito hoy, en que la Feria de abril de Sevilla, sin parigual en el mundo, sabe armoniza! el más clásico tipismo andaluz con la elegancia y el buen gusto del siglo. José- Félix N A V A R R O M A R T I N Gustavo Adolfo Béoquer obra de Castillo U struco que e conserva en el Centro Cultural 8 an Lorenzo de Sevilla, a pooo metro de la casa donde nació el poete. (Foto Juan Cabro.
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