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FIGURA Y CONTRAFIGURA DE CASTA ESTEBAN L 1 de mayo de 1861, en la parro quia de San Sebastián, de Madrid, Gustavo Adolfo Bécquer contrae má trímonlo con Casta Esteba Navarro. Acaso esta joven es una zafia criada, como algún grave biógrafo del poeta ha escrito i sin empacho? ¿Acaso la conoció Bécquer en un mercado pueblerino, como moza feriante, que afirma otro? ¿Quién es esta gran desconocida? Es, ni más ni menos, una señorita de la clase m dia española, casada con un hombre de su misma clase! social y andaluz por más señas, y que vive en el último tercio del siglo pasado. Todo hacia de ella la gran ignorada. Y lo hubiera sido para siempre si Gustavo Adolfo, cansado da la lucha, aparentsi mente inútil, hubiera cambiado la pluma- i orladora de Bécquer por la burocrática de Domínguez Bastida. Pero dejó de ser la gran ignorada para convertirse en la mal conocida, en la desfigurada Casta Esteban. Veamos lo que escribieron algunos que se llamaron amigos Íntimos del poeta. En el ensayo biográfico de Narciso Campillo comienza diciendo: Nunca he tomado la pluma conociendo mejor el asunto de que i voy a tratar. Y termina asi: Se me olvidaba decir que en 1881 había contraído v matrimonio; verdad es que a él parecía habérsela olvidado también, pues, apartado dé su esposa, jamás le oí hablar de ella: ¡Veamos lo que dioe Susebio Blasco. Para éste, Bécquer fué un hombre sin biografía. ¿Puede tenerla- -añade- -quien nació, vi; vio, escribió, sintió y murió. Y aludiendo i a Casta, eaori: e: Aun vive su viuda, a la que no he de negar honradez, carácter tranquilo y cualidades de mujer de su casa. ¿Pero era ésta la mujer del poeta? l A h! i El poeta no debiera tener nunca mujer; 1 matrimonio es enemigo mortal de la vida Imaginativa. (El párrafo no tiene desperdicio. Completemos el cuadro recogiendo una confesión del propio Blasco: MEn honor de la verdad, ninguno de los que tomábamos café cotidianamente con Bécquer en el Suiza Viejo ninguno, repito, creíamos ni podíamos sospechar que al año de tuerto nuestro amigo sus verses recorrerían el mundo y él figuraría en la inmortalidad. j (Aquella inesperada gloria fué la que convirtió en figura pública a Casta. De ella sólo se sabia que había estado separada de su marido dos años. Nadie se i preocupó de estudiar aquella vida, de conocer la realidad. j No es tarea fácil destruir una leyenda. Pero en casos como el presente es absolutamente indispensable, sustituyéndola por estudios históricos precisos y con responsabilidad; En esa linea están los trabajos! de Dámaso Alonso, Rafael de Balbín, Gerardo Diego, Santiago Montoto, etc. Documento muy interesante, si se le analiza con rigor y cautela, es el trabajo de doña Julia Bécquer. j No (voy a tratar aquí del aspecto des graciado del matrimonio de Bécquer, tema I que he estudiado detenidamente en otro lugar. Señalaré tan soto dos cosas: que de i los cerca de diez años que duró, ocho fue- ron normales y felice y que no hay fundamento digno para calificarle de matri manió absurdo. La familia Esteban- Nava! tro fué una familia acomodada y digna. E l doctor Esteban ejerció la Medicina en I Madrid durante más de quince años. Dio j carreras a sus hijos- -uno, militar; otro, I marino- un primó hermano de Casta fué j magistrado en Barcelona. Con tales perj sonas emparentó ¡Bécquer. La educación ¡que en este ambiente familiar recibió Cas- E ta fué cristiana y digna. En cuanto a su. instrucción fué, sin duda, la que entonces se daba a una joven de la clase media. Hay un aspecto, que no he visto que nadie haya tratado, y que tiene positivo interés: ta porción de obra becqueriaha que suscitó. No ha faltado comentarista que, refiriéndose a este extremo, afirme: Cada vez me confirmo más en mi idea de que fué Casta Esteban la más importante e injustificada musa de Bécquer. Ignoro qué cartas credenciales exigirla a una musa para quedar justificada. A mí me basta con la importancia de la obra que suscitó. Pues bien, Casta Esteban es la musa de un fcuen puñado de Rimas (discernir cuáles sean, exigirían un espacio del que no dispongo) y fué la destinatarla de las Cartas literarias a uña mujer que Bécquer escribió y publicó durante tos meses de noviazgo y al mes de casados. ¡Pero hay más. Por su matrimonio, entró Gustavo Adolfo en relación intima con lajutierras de Soria; descubrió Veruela y que r. o han entrado sus autores en ia entraña de este libro singular y atroz. También de él pudiera decirse que quien lo toca toca un alma desgarrada. No se vea en esto que digo una figura retórica. Enuncio sencillamente una realidad. Como cuando he dicho que es un libro atroz. Recorriendo sus páginas, presentimos la presencia de una extraña invitada a quien Casta espera y teme, ama y odia, la invoca y la rechaza. Pero, sobre todo, sabe que está allí. Sabe que es la Muerte, Es el gran trago que la ahoga en lenta agonía de náufrago; con resaca de recuerdos que la obsesionan, la martirizan, la enajenan. La dedicatoria del libro a la marquesa del Salar y el capitulo que sirve de prólogo indican claramente que su primer propósito fué envolver su problema personal en el problema genérico que hacia poco se había planteado en el mundo con el nombre de feminismo Desde hoy seamos todas hermanas, saludemos al alba que nos envía un día tan feliz de gloria al olvidar nuestras miserias, y, unidas en estrecho y cariñoso abrazo... gritemos de corazón: ¡Viva la unión de la mujer, creada por la mujer misma! Luego el libro toma un giro distinto. Se auttavo Adolfo Bécquer y tu óleo d su hsrmt. no Valeriano. la mole blanca y rosa del Moncayo fué dueño de una huerta en el soriano pueblo de Pozalmuro (que todavía se conoce con el nombre de huerta de Bécquer con una habitación que el propio poeta decoró caprichosamente y que las gentes llaman el cuarto del misterio De esa gran experiencia vital nos dio seis de sus Leyendas, sin contar las dos de Pitero; nos dio las Cartas desde mi celda dos trabajos más sobre El monasterio de Veruela otro, sobre el Castillo Real de Olite; un bellísimo trabajo sobre Tipos de Soria con dibujos de Valeriano. Con certera visión escribió Antonio Machado: Gustavo Adolfo Bécquer, aquel poeta sin retórica, aquel puro lírico, debió amarla (a Soria) tanto como a su natal Sevilla, acaso más que a su admirada Toledo No quiero dejar de aludir, para terminar de perfilar la figura de Casta, a su condición de escritora. En 1884, publicó en Madrid un libro titulado M i primer ensayo. Colección de cuentos con pretensiones de artículos Esta obra primeramente se ignoró, después se aludió a ella como escrita por mano mercenaria, Hoy no sé duda de que su autora es Casta, pero cuantas referencias conozco revelan olvida de las demás mujeres para no hablar más que de una mujer. Una mujer que asoma encarnada en otras mujeres, como figuras de guiñol. Y lo que es más curioso, en ocasiones, se esconde en figuras de hombres para decir la cosas más desgarradas y cínicas. Libro, en el fondo, Buperreallsta, con sueños cartas del otro mundo, locos... En medio de la abrasada pesadilla, hay momentos serenos, como de alma que perdonó y se sintió perdonada. Y una indecible ternura corre por la pluma de Casta Esteban: Pues bien, cielo mío: si ea que nuestro amor está sentenciado al terrible tormento del silencio, cuyo silencio no se le ocurrió inventar a la Xnqulsiolón jamás, permíteme que al menos coloque bajo el candado que enmudece nuestros labios para siempre quizá, y como recuerdo a mi corazón herido, las siguientes líneas, que ellas solas dicen más que cuanto yo pudiera decirte, y cuyo autor quizá no te sea desconocido. Se trata de la Rima diecisiete de Gustavo Adolfo Bécquer. Heliodúro CARPINTERO
 // Cambio Nodo4-Sevilla