Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
B A RC E L O NA E daba pena volver a entrar en el Ritz de Barcelona sabiendo que mi amigo ya no habla de estar ahí. Muchos mottvos de admiración tiene esta ciudad, sus catedrales, su barrio gótico, su asombrosa fuente luminosa... Pero para mí el más interesante y más barcelonés de todos era el rincón del hall del Ritz cuando se sentaba en él, con su cubo y su botella de champagne él vizconde de Gütíll. ¡Porque este estupendo personaje era representativo de un mundo que murió en 1914, que aleteó un poco entre las dos guerras y que se vino abajo después. Pero Oüell ID mantuvo en vigencia mientras vivió él. Últimamente, en su trono del Ritz y con un cetro, que unas veces era de la Viuda de Clicot y otras de Mont Perrant, según anduvieran las cosas, pero que sólo se aba j ¡tió con él. No se imagine nadie que era un bebedor, n i mucho menos; él sólo tomaba de vez en cuando un sorbito que otro, pero el champagne era el símbolo de la vida que él prefería, de una vida que se esfumó, y más que para él, quería invitar a sus amigos y por eso tenía su botella al lado, al final de la jornada. S u existencia no fué, n i mucho menos, la. de un desocupado; tenia m u c h o s quehaceres, eult u r a 1 e s y artísticos, que ocupaban su día. ¡El no compraba lana a Australia, ni algodón en Egipto, n i hacía chalequitos de punto y rayón especial reforzado. E l era un señor y un señor no se ha hecho para ganar dinero, sino para gastarlo, para enseñar a los que lo ganan que a l o m á s que pueden aspirar después es a ser como él era, un señor. Hoy el mayor elogio que nes tributa la gente es decir que somos muy trabajadores, y es verdad, lo somos, pero porque no tenemos m á s remedio, ¡qué diablo! Porque con nuestra actividad atrepellamos la reflexión, y dejamos cada vez m á s de lado una virtud que haftía costado s i g u e s el crear y que es la cortesía. Oüell era la cortesía hecha hombre; con su barblta y su plastrón encarnaba los buenos modales de una manera tan completa y. perfecta) que a veces parecía anacrónico y teatral, no siéndolo realmente. Este año tuve que entrar en el Ritz sabiendo que había muerto, pero la fuerza de evocación era tal que estaba allí. -Hola- -le dije, con timidez. -Hola, siéntate conmigo. Y con un aire de secreteo, y llevándose un dedo a la boca, me dijo en francés: Ne parlons pas de ma mort, c est de mauvais gout Me senté con él, pero al poco se levantó y me propuso un paseo por la ciudad. -Ahora, como ya no existo- -me dijo al oído- no me canso. Podemos andar y andar. -Yo me canso todavía- -le contesté. M Y seguimos caminando un rato en silencio. -Como tú- -pensaba yo- Tu recuerdo será aún más fuerte que tu personalidad de vivo. A l recordarte se comprenderá que tu barbita y tu plastrón, que tu amabilidad y tu exquisita cortesía, eran algo más que buenas maneras; eran una lección que dabas a los de las prisas y los codazos de los hombres de negocios de hoy. Antes de sentarse en el Ritz, a tomarse parsimoniosamente su champagne había animado el Círculo Artístico, el Conferencias Club, ayudad a sus poetas y pintores y, sobre todo, había hecho patente en Barcelona que no sólo había trabajo y enriquecimiento, Industria y máquinas, sino un tono vital, basado en Industrias del espíritu en temple del carácter. Su plastrón era más firme que las Siderúrgicas, y su cortesía más fuerte que todos les telares de Sabadell y M nresa. -Oye, ahí, donde estás, ¿hay muchos Jorges V? -Hay bastante banca, no 4 io creas, pero la mía no desmerece. Y se echó a reír, porque era el anciano que más reía, que con más humour acogía las cosas. Llegó la hora de separarse y le di el último adiós. Y se marohó calle arriba. Y yo me quedé mirándole y comprendiendo que, mientras siguiera existiendo esa fraternal cortesía del menestral barcelonés, m i amigo no habría muerto del todo. Porque Euseblo era, sobre todo, la cortesía, o sea más aún que! bondad, ya que no beneficiaba a una persona concreta, sino a todo el mundo. Me acordaba de una anécdota suya que le caracterizaba muy itien. Una noche, en el palco del Liceo, donde se reunen los amigos consocios, un señor comenzó a hablar mal con mucha vehemencia de otra persona conocida. A las primeras palabras, Euseblo Óüell le atajó y le dijo: -M i querido amigo, yo siento mucho tener que Interrumpirle, pero lo ruego Don Euseblo Oüell L oex, vizconde de Qüeil. deje usted de ¿hablar mal de una persora que es amideros del barrio de Santa María siguen tega mía, y a la que no puedo sufrir que niendo las mismas virtudes económicas que menosprecie en mi presencia. El señor Esteve de Rusiñol E l señor dejó la diatriba y renació la Y entrábamos en una mercería a pedir calma. Pero cuando, al acabar la función, galones antiguos o cualquier cosa. Era un el buen vizconde salió del palco apoyado pretexto para vivir un momento el am- en el brazo de Pepe Berard, le preguntó a biente de L a Puntual éste confidencialmente: -Siempre te gustaron estas cosas. -Oye, dime, ¿y de quién había empeza- -Sí- -le contestaba yo. Y ya, lanzado al do este hombre a hablar mal? ditirambo, añadía- E l señor Esteve Yo sé que si algún día tengo una palaque no sé cómo se llama en castellano, es breja para pasar al otro mundo, y cuando la obra más divertida que he leído en mi el cancerbero me esté hablando a mf misvida; es a este barrio lo que el Quijote mo mal de mí, se oirá una voz que dirá: es a L a M a n í h a y a Castilla. -Pasa, hombre, pasa, y usa el teléfono- -No tienen mucho que ver. cuar. to quieras. -Pues sí y no, pero yo sé que leo los dos Y será la voz de mi amigo Eusebio, al libros con la misma exuberante alegría. que me niego decididamente a dar por Rusiñol crecerá a ú n más a medida que el muerto. tiempo pase. Edgar NEVILLE 1 Y salimos de paseo. Me llevó por Barcelona. De vez en cuando se detenía y me explicaba la historia de aquel lugar, otras veces entraba en una tienda o en una casa y hablaba con a l guien -Pase, pase- -decían los menestrales de la calle de la Princesa- y use el teléfono cuanto quiera. Y esa ancha y cordial hermandad que tiene el catalán, cuando ya está seguro de que su huésped es de buena ley, se hacía verbo en todas partes. -Estos palacios góticos de la calle de Moneada han corrido el. peligro de desaparecer del todo; gracias a lo mucho que se ha escrito sobre ellos se ha creado entre sus ocupantes la conciencia de que hay que salvarlos de la piqueta. Estos pequeños ten-
 // Cambio Nodo4-Sevilla