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SLAVOMIR RAWICZ LA INCREÍBLE CAMINATA EDICIONES DESTINO, S. L. (Continuación. de l a s alambradas detrás de donde escuero fino, relucientes. E r a lo bastante tábamos construyendo e l barracón. Luego joven p a r a haber sido h i j o de U c M k o v nos poníamos e n f i l a p a r a el desayuno. (No recuerdo su nombre. E r a e l c o m i Los soldados sacaban las herramientas d e l sario político y le llamábamos e l Politruk, almacén. L a s dejaban a l a izquierda titulo abreviado por e l que e r a n conocide l a puerta, las controlaban meticulosados estos militares políticos. Se pasó u n mente y c o n e l m i s m o cuidado a l f i n a l de minuto mirándonos, sonriendo levemente, la jornada. Conforme íbamos saliendo por seguro de s i m i s m o y rebosando a r r o g a n l a puerta principal, u n listero comprobacia. L o s prisioneros se removieron molesba nuestros nombres e n sus listas. tos y luego quedaron de nuevo inmóviles. L o s árboles que d o m i n a b a n e n el i n m e n TíOs habló como u n sargento veterano, so bosque e r a n los pinos, pero también h a c o n rudeza y de u n modo Insultante: bía, en abundancia, abedules y terebintos. -Contemplaros a vosotros m i s m o s- -d i j o Trabajé c o n u n grupo d e derrlbadores encogiéndose de hombros y poniéndose en Nuestra tarea consistía en aserrar, manej a r r a s- Parecéis u n rebaño de animales. jando entre dos u n a pesada sierra, e l t r o n ¡Contemplaros a vosotros mismos! Quizas co de cada árbol. D e vez e n cuando v a r i a os creáis gente civilizada capaz de goberba de ocupación abatiendo c o n u n h a c h a n a r el mundo. ¿No os dais cuenta de las las ramas de los árboles. Desde los días estupideces que os h a n metido e n l a c a en que siendo u n chiquillo, vivía e n nuesbeza? tra f i n c a de P i n s k sabia manejar e l h a c h a (Envalentonado p o r hallarse como disuely siempre me h a divertido este ejercicio. to en l a masa anónima, uno de nosotros Notaba que recobraba fuerzas día a día. se atrevió a responder. S u voz rompió coM e absorbía l a a c t i v i d a d y e l bullicio de m o u n a bomba l a pausa que e l P o l i t r u k se nuestro trabajo. M e enorgullecía poder u t i había permitido para producir m a y o r afeclizar de nuevo m i s manos. A l a u n a de l a to: ¿C ó m o vamos a parecer otra cosa? tarde, regresábamos a l Campo, llevándoN o nos p e r m i t e n ustedes que nos afeiteles a los constructores l a madera que h a mos, carecemos de jabón y de r o p a l i m p i a bíamos aserrado. Nos daban u n a ración E l P o l i t r u k se volvió e n dirección a l a de sopa a mediodía y volvíamos a t r a b a voz: -S i alguien m e vuelve a i n t e r r u m p i r j a r a l bosque hasta que oscurecía. L a h i- -g r i t ó- h a r é que os s u p r i m a n a todos lera de barracones aumentaba de l o n g i t u d las raciones de alimentos. cada día. Nadie volvió a decir n i u n a palabra. Cuando hayáis pasado aquí algún Quince días después de nuestra llegada tiempo- prosiguió P o l i t r u k- y bajo l a 1 estaban terminados los barracones. F o r guia del C a m a r a d a S t a l i n haremos de m a b a n dos filas c o n u n a c a l l e e n medio vosotros ciudadanos útiles. L o s que n o t r a de cada diez cabanas. A m í me asignaron bajen, n o comerán. M I deber consiste en u n a litera e n u n a de las seis últimas, e n perfeccionaros. Aquí, e l que n o trabaja, n o las que quedaban aún ciertos detalles por come. P e r o n o todo h a de ser trabajo. terminar y recuerdo l a m a r a v i l l o s a sensaSeguiréis cursos culturales p a r a corregir ción de calor y comodidad, de protección, vuestro modo de pensar. Disponemos de que sentí l a p r i m e r a noche e n que dejé u n a excelente biblioteca que podréis u t i l i de dormir a l a intempierie y me instalé e n zar después de las horas de trabajo. m i nuevo ¡hogar Olía deliciosamente a ¡Después de seguir diciendo cosas p o r e l pino recién cortado. A ló largo de cada pared de madera había cincuenta literas estilo, se interrumpió de pronto y, después triples hechas simplemente de tablas sosde u n a breve pausa, dijo: ¿A l g u n a p r e tenidas p o r cuatro postes. T r e s estufas de gunta? -ü n prisionero p r e í U n t i ó hierro espaciadas a lo largo de l a h a b i t a- ¿C u á n d o llega aquí l a p r i m a v e r a? -E l ción y alimentadas p o r astillas, l a c a l e n P o l i t r u k replicó: No hagáis preguntas t a b a n e i l u m i n a b a n de nodhe. Todos los imbéciles- -con lo c u a l terminó l a reunión. días traíamos del bosque u n a buena c a n ILos primeros días de trabajo, e n l a const i d a d de astillas. Siguiendo e l ejemplo de trucción de los nuevos barracones, fueron los que estaban y a e n e l C a m p o a nuestra caóticos. Todos estábamos dispuesto a llegada, llevábamos t o d o e l musgo que p o trabajar e n firme, pero resultaba dificilísimo señalarle a cada uno el trabajó p a r a díamos meter e n nuestras ifufaikas p a r a extenderlo sobre las duras tablas de nuesel que se h a l l a b a mejor dotado. A los tres tras literas. L a s estufas n o tenían c h i m e días se fué realizando p o r sí sola esta senea. 1 h u m o salía p o r u n tubo corto y aslección. Había entre nosotros arquitectos cendía a l tedho. E l olor d e l h u m o de l a y aparejadores que pudieron hacer los p l a madera se mezclaba c o n e l a r o m a del pino. nos y labradores para a b r i r los cimientos Yaciendo e n m i litera, que e r a l a de a r r i preparando boquetes donde irían los p r i n b a de todo de las tres, cruzaba l a s manos cipales postes de l a estructura. Luego, los carpinteros y altoañiles h i c i e r o n l o que les detrás d e l cuello y escuchaba l o que h a b l a b a n m i s compañeros. correspondía. Ntamerosos equipos de leñadores y carpinteros salían todas l a s m a Acostado de lado e n u n a de l a s literas ñanas a l a s ocho a l bosque, bien vigilados superiores próximas a l a mía, se h a l l a b a por fuerte escolta, para cortar troncos de u n hombre de unos cincuenta años. C h a r árboles y darles l a f o r m a requerida. lamos sobre l a construcción de las cabanas alabando a los que l a habían d i r i Y o m e uní a los leñadores, ü n toqué de gido y llegábamos, e n nuestro sentido de d i a n a nos despertaba a las cinco de l a l a j u s t i c i a h a s t a elogiar a los rusos por mañana. Había u n a procesión de h o m sus excelentes estufas. Luego hablamos sobres medio dormidos, h a c i a las letrinas, bre nuestras vidas respectivas. M e dijo que unas zanjas abiertas p o r l a parte interior había sido maestro dé escuela e n B r e s t Litovsk y sargento de l a reserva e n e l ejército polaco. A l i n v a d i r los rusos nuestro país, este hombre perdió s u colocación perqué se l a dieron a u n comunista que había asistido a uno de esos cursillos i n tensivos- -de quince días- -de pedagogía soviética. L a s madres seguían llevándole sus niños hasta que alguien se quejó de c 3 to y lo detuvieron. Después d e u n breve interrogatorio, lo condenaron a diez años. L s compadecí, aunque a l a vez pensaba: Tienes suerte, amigo, idlez a ñ o s! C o n tinuaba contándome cosas cuando me d o r mí profundamente. E r a m i p r i m e r sueño n o r m a l desde h a c i a muchos meses. T u v i m o s que pasar muchas horas e n nuestras cabanas. Después d e l a s seis de l a tarde, todos los prisioneros teníamos que estar y a encerrados en ellas. Se nos permitía u n a cierta libertad de m o v i m i e n tos dentro de los barracones y e n torno a rllos, siempre que no formásemos grupos numerosos. A m b a s filas de barracones se h a l l a b a n constantemente vigiladas desde las torres del extremo este del recinto, pero mientras los prisioneros obedeciésemos las severas órdenes de mantenernos alejados de las alambradas, los guardias n o intervenían. E n las cabanas no sabíamos qué hacer. Nada había para leer n i l u z p a r a d i o L a única actividad p e r m i t i d a después de l a s seis de l a tarde e r a acudir a las conferencias d e l P o l i t r u k los miércoles por l a n o che o i r a l a biblioteca, l a otra empresa controlada por e l P o l i t r u k CBmpecé a p e n sar que hojear los libros no m e comprometía a n a d a y me ayudaría a romper l a monotonía de tantas horas de i n a c t i v i d a d Dejándome llevar por u n impulso, solicité que m e p e r m i t i e r a n i r a l a biblioteca u n a noche. E n seguida me lo concedieron. L a biblioteca ocupaba l a m i t a d de u n o de los edificios administrativos a l a Izquierda de l a e n t r a d a p r i n c i p a l y a unos veinte metros de l a alambrada d e l lado sur (uno de los largos del rectángulo) Unos doscientos libros llenaban las estanterías de madera s i n pintai- a lo largo de u n o de los lados de l a habitación. F u i sacándolos a l buen t u n- t u n y volviéndolos a dejar. Había varias obras de M a y a k o v s k i l i n o s ciento Cincuenta libros e r a n todos ellos de l a serie Aüsskaya A z b u k a m a nuales ilustrados para niños. E s a noche, y otras pasé algún tiempo leeyndo los Azb u k a E r a n libros e n verso, exaltando los méritos ds IOB aeroplanos y pilotos soviéticos, los tanques- soviéticos y sus conductores, e l Ejército Rojo, los héroes soviéticos como Vorochllov, los políticos del r é gimen- -sobre todo, c l a r o está, L e n i n y S t a l i n- -l o s conductores soviéticos de t r a c tores y los trabajadores de los koljoses y todas las glorias de l a U R S. S. P e r o e l orgullo da l a biblioteca era l a Historia del P a r t i d o C o m u n i s t a B o l c h e vique e n dos volúmenes b i e n encuadernados y u n a edición comentada de la ¡Constitución rusa. Pasé algunas horas ojeando estos libros c o n interés. Merecía l a pena, pues llegué a l a conclusión de que no h a b l a e l menor peOigro de qus, n i siquiera (Continuara.
 // Cambio Nodo4-Sevilla