Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
CRITICA Y GLOSA MADRID G E N T I L TORRES MIL Por T O M A S B O R R A S Editorial 299 Clásica 75 y Moderna páginas. pesetas. ÍADRUD, M a d r i d gentil, torres mül! dijo, o cantó, el licenciado Jerónimo Quintana, al ponderar las grandezas de la Villa y Corte en el tiempo de los Austrias; pero más bien nos parece esa silueta de Madrid, por el ritmo de la frase y sentido dé las palabras, una insinuación de chotis, por mucho que una clara asociación de imágenes nos lleve a pensar en el Madrid, castillo famoso de don Nicolás Fernández de Moratín. ¡En todo caso. Madrid es mucho más ciudad gentil que plaza torreada, y Tomás Borras, madrileño, madriileñista y matritense, eligiendo aquella expresión de Jerónimo Quintana, para darle título a su reciente libro, transparenta su afán de rastrear la tradición de Madrid en los caminos más sutiles de la crónica local, tantas veces identificada con la historia nacional. Con los varios elementos que entran en la composición urbana y psicológica de Madrid, cuenta Tomás Borras, desde luego, y les teca en el punto vivo de su casta, pero rehuyendo particularismo de los costumbristas al uso. Las ¡esencias españolas e hispánicas absorbidas por Madrid no dan, simplemente, motivo a fácil alegoría, sino que constituyen una realidad demográfica indudable. Madrid está poblado por gentes de las procedencias más diversas, y en su habla se mezclan todos los acentos y dejos de las Españas, fundidos en un aire desgarrado y zumbón, al que no se sentirá extraño Lape, madrileño excelso; que se hace decisivo en Larra, y que se fija, típicamente, al popularizarse sin emplebeyecerse en el sainete. No es difícil reconocer tales antecedentes en la literatura de Tomás Borras, aparte sus otras fuentes de lector y de observador de l a vida, capaz de fantaseada, llegada la ocasión. No en vano se sienta a la mesa de Pombo, en tertulia presidida por Ramón, y perennizada por el pincel de Solana, respirando un ambiente lírico y romántico, con ráfagas de humor: el buen humor del madrileño, liberado de toda acidez, que se acredita en un modo original de ver la vida. S u fruito más eximio es la greguería flor del ingenio, muy fácil y muy difícil, a l a vez, en lo que tiene dé i m provisación, de don verbal, de muelle se- M creto que revela, sin darle importancia, el doble fondo de las cosas. Pero no vamos a disertar, por nuestra propia cuenta, sobre Madrid o acerca del ramonismo, a propósito de Tomás Borras, cuando precisamente éste, en el libro que suscita el presente comentario, nos habla de E l secreto de Madrid en artículo brevísimo, que nos persuade de que la naturalidad convivente es un rasgo característico de los madrileños. Ademán distinguido de Madrid es el que subraya una réplica en casos como éste: 3 abes que Fulano es de Salónica? Y Madrid se encoge de hombros, con; indiferencia, y contesta: ¿Ah, sí? Madrid es lo universal, pero de un modo muy distinto del de cualquier Cosmópolis. la vida literaria y artística, dondequiera, un anticipo de posibles memorias. A Chueca le vi cuando yo era niño, en el Círculo de Bellas Artes, jugando al billar con Felipe Pérez y González dice Tomás Borras, dándonos una impresión de lejanía, no sabemos hasta qué punto sentimental o cronológica. E n otra página evoca a Cajal, en el Suizo. Tomás Borras pensaba ser médico, aburrido del preparatorio de Derecho, en el caserón universitario de la galdosiana calle Ancha de San Bernardo. No mucho después, ya periodista, interviuva a Jacinto Octavio P i cón: ...la dulce cabeza, ¿cómo no se esperó Velázquez para pintarla- noble y melancólica? Y alterna con la generación de relevo en el Ateneo, solicitando para Galdós el Premio Nobel. Y luego, amigo de Arbós, sorprendente juglar del chascarrillo de Santiago Rusiñol, de Pérez de Ayaila, de Valle- Inclán; del otro gran iRamón, en Pombo, de cita indefectible; de Martínez Sierra... ¡Años de Eslava inolvidables! Allí Burman: gordinflón, de mofletes y frente combada, rostro hecho de esferitas... Montábanse en Eslava una serie de pantomimas: E l sapo enamorado E l corregidor y la molinera Había actores, bailarinas, figurantes... Tomás Borras, perduradero Tomasito poco antes soldado, de cuota, en la primera quinta de la ley Canalejas del servicio militar obligatorio, es ya notoria figura en la vida literaria de Madrid. Aquel Madrid que todavía es el Del Rastro a Maravillas de Répide, y se dispone a estrenar la Gran Vía Van y vienen gustos contrapuestos: Loreto Prado y Tórtola Valencia. Don Francisco Ruano, desde la Secretaría del Ayuntamiento, anima, con extraordinario afán, las grandes mutaciones del escenario madrileño. Los Oiamendi están al llegar... No busca, Tomás Borras la comparecencia autobiográfica en su Madrid gentil, torres mil pero es conveniente que aparezca, como tantos pintores al fendo de sus cuadros, en garantía de autenticidad. Trátase, no lo olvidemos, de. un libro v i vido, y asi es cáSida y direota la emoción de estas evocaciones, incluso aquellas en que, por razón del tema, caen un poco fuera de l a experiencia personal: L a caricatura, hija de Madrid E l Charadisfflo o Por qué las escritoras no en tran en una Academia Real por ejemplo. Pero también entonces el suceso visto u oído muy de cerca ilustra el relato, haciéndonos presentir las posibles memorias a que antes nos referíamos, muy úiiies para el conocimiento de la vida literaria y artística del Madrid, cuya cronología hemos procurado insinuar, y que en ün libro compuesto a ese propósito por Tomás Borras adquiriría mayor fijeza y precisión, que en éste, donde no dejamos de advertir alguna confusión. Naturalmente: Tomás Borras es el narrador, en cuento o novela, que todos admiramos, y su arte en el cultivo de. ese género o especie le sirve de mucho para dibujar tipos y crear ambientes. Su prosa, coloreada y movida, nos sorprende a veces con el respingo de un neologismo no siempre justificado: prosa, en todo caso, de extraordinaria agilidad, tocada de melancólica gracia lírica. Pero no sabemos si esa melancolía está en el que rememora o en el que la escucha o lee. Probablemente, en los dos. M. FERNANDEZ A L M A G R O Academia Esvañota de lo Real Don Tomás Borras. (Foto Sanz Bermejo. Con matices muy suyos, que el propio l i bro de Tomás Borras ¡hace notar, a lo largo de los temas tratados, a cuenta de los cuales se usa, con significativa frecuencia, el correspondiente calificativo. Por ejemplo: Mauricio Bacarisse, de fino madrileño perfil... Nos fijamos en Mauricio Bacarisst, porque nos place que, a l cabo de los años, lo evoque alguien tan autorizado como Tomás Borras: le conor ció, leyó sus obras, le admiró, lloró su muerte, le sigue admirando, aunque antclogos y críticos le olviden. Tomás Borras traza de Bacarisse una delicada y exacta silueta. L a figura del malogrado poeta, novelista y ensayista es una de las muchas que desfilan por Madrid gentil, torres mil prendidas, en gran, parte, a perdónales, recuerdos de Tomás. Borras, por lo que su libro viene a ser, a más de crónica local, con amplias resonancias de
 // Cambio Nodo4-Sevilla