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fAovnm Doctoro. José Meurta RIM O (1884- 133 A TRAVÉS D E M A R A Ñ O N H A C E hoy veinticinco años muere en vincial e descubriera una lápida en su Madrid el doctor Mouriz a tem- memoria. A construirlo, a dotarlo adecuadamente consagró sus afanes el doctor prana edad; Sólo tiene cincuenta años. S i n embargo, ha alcanzado ya una Mouriz, aunque sólo en 1930 pudo ver colmadas sus aspiraciones, premiados unos extraordinaria madurez científica. S u figur a austera de estudioso, de investigador desvelos y unos esfuerzos que no buscaban consciente es harto conocida en España y ningún otro premio. en el extranjero. Todos saben de su moJuan José Mouriz y Riesgo nació en el destia, de su ¡hombría de bien, de su acen- seno de una modestísima familia. Desde drado españolismo. Y pese a su sencillez, niño se trazó u n camino y sin que nada n i a su humildad, no puede vitar el recono- nadie le desanimaran anduvo por él sin cimiento público de sus méritos por una desviarse. Simultaneó el trabajo con tos sociedad que mucho le debe. Cinco años estudios para no ser gravoso a Quienes no antes de su muerte es llamado ¿por Ja Real estaban en condiciones de soportar carAcademia de Medicina para ocupar la va- gas. Resultado de su esfuerzo, muchas vecante del ilustre Carracido, a quien tan tees gigantesco, fueron unos estudios elehondamente se siente. ligado por vtaculos mentales y una carrera universitaria con de admiración y de cariño. L a lista de dis- las máximas calificaciones. Becario del Instinciones seria, orno lai -de los ¡méritos, tituto Alfonso 25321, trabajó en Alemania muy larga e inacabable. Pero quiza l a que con el profesor Paul Ehrlich, quiza el m á s más pudo- saJM c erle no se le concedió en. ilustre investigador de la época, uien envida. Hubieron de pasar catorce- aüos de contró en el joven discípulo español una su muerte ¡para que en el laboratorio Piro inteligencia despierta, un espíritu abierto, un espléndido colaborador y un fiel amigo. Quiso que se quedara a su lado, ipero Mouriz prefirió volver a su España, donde tanto había que hacer. L a Química, aplicada a la terapéutica, era su gran pasión. Pasa ¡por la Sección de Sueroterapia del Instituto Alfonso xm, por el Laboratorio de Material de los ingenieros militares, y llega, por fin, como director, al Laboratorio Central de la Diputación de Madrid, al que imbuye su seriedad, su rigor científico, su técnica irreprochable hasta convertirlo en un magnífico centro de investigación. Él doctor Mouriz no es ajeno a la política. Por españolismo acepta un escaño en el Congreso y por españolismo renuncia a él: entiende que no puede n i debe contribuir con su obra a la desmembración de su patria. Con este motivo, el díarío Informaciones escribe el 30 de junio de 1932 estas significativas palabras: U n año de actuación llevan las Cortes, y durante él, Mouriz ha sido un diputado asiduo y duMJipllnado, y ño hay que decir que correcto. Pero su voz no se dsjó oír en el salón de sesiones n i aun en una leve i n terrupción; cuando más, en los pasillos de la Cámara solía el ilustre hombre de ciencia exponer, tímida pero tealísimamente, sus juicios personales sobre teínas Infcere santes debatidos en el salón de sesiones. De esas conversaciones fuimos oyentes en más de una ocasión, recibiendo la impresión en todas ellas de haber oído palabras de ecuanimidad, de suprema austeridad y siempre ¡siempre! de un férvido y caluroso sentido españolista. Quedaría, sin embargo, incompleto el retrato del doctor Mouriz si no acudimos al testimonio de Marañen. Marañen está estrechamente l i g a d o es coprotagonista da los acontecimientos más notables de la vida de Mouriz, Marañón contesta a su discurso de ingreso en la Academia y subraya en sus palabras ese aspecto de l a personalidad que, aun ios que tenemos la pasión de la ciencia, colocamos por encima de toda excelsitud científica: su valor humano Diecinueve años después M a rafión descubre la lápida que honra la memoria de Mouriz, y es entonces cuando dice que la ejemplaridad definitiva- -Jla ejemplaridad de Mouriz- ¿es l a de quienes, muertos ya, sólo pueden ser contemplados desde lejos, deshumanizada su obra. L a éjemplaridad nó procede tan sólo del esfuerzo transmitido a lo que queda, a lo que no muere, sino también del espíritu con que se realiza este esfuerzo. Nada de cuanto le pasói díce Marañen- -fué una sorpresa para él. Esperaba lo bueno y lo malo. Y ante lo malo sonreía, como ante lo bueno, con la misma fresca naturalidad del hombre que nunca sufre demasiado n i se envanece demasldo porque iodo lo tiene previsto. S u bondad igualaba á su energía, a su callado é invariable ímpetu. Nadie le vio nunca irritado ni resentido. Todo él era un gran gesto cordial. Mouriz fué ilustre por muchos conceptos, pero ninguno tan preciado como e l de su bondad innata, su generosidad sin l i mites, su amor a la humanidad, su despego de lo material y perecedero. Su gran lección: vencer a la vida, no sentirse dominado por la victoria. Para éW- señala Marañón- -el triunfo no fué, como para tantos otros, un pedestal, sino una piedra más ¡donde K r, iei G par seguir adelante. A cualquiera de nosotros las piedras del c a m i n ó s e nos santóján v destaíes. Y el pedestal, etásüá piüm áo, es el veneno que acción. Ss necesita- tenor. ám bien templada como la suya para hacer del pedestal es- tación dé partida de las tornadas nuevas. v v Andrés T R A V E S I
 // Cambio Nodo4-Sevilla