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panorama da la ciudad de Táng r. (Feto Zublllaga. HORAS D E TÁNGER Por CARMEN LAFORET lles sin árboles se llenan de hojas secas y el aire de papeles absurdos; los gatos corren con el lomo erizado y los barcos cabecean en el puerto. Las gentes corren por las calles con sus túnicas, sus chilabas, sus pantalones o faldas europeas todas hincha das por el viento. En el interior de este café, sin embargo, se siente la misma calma, la penumbra necesaria, el ritmo in alterable de los relojes viejos, y el mar, negro y lleno de espuma detrás de los cristales de una ventana protegida por un enrejado, es sólo una estampa lejana. He subido dando un paseo, desde el mundo vivo y coloreado de los zocos (el mercado de las flores, las tiendas de los indios, los puestos de frituras, tos vendedores ambulantes de collares y encajes, las tiendas de tejidos, algunas como escaparates de sedas colgadas, en el centro de las cuales un hombre sueña, con las piernas cruzadas, fumando, silencioso, en espera de un cliente) Be subido andando por estas calles estrechas, donde el Viento tiene menos poder que en la ciudad moderna. Con Levan- M VCBAS veces, cuando estoy en Tánger, subo hasta lo más alto de la colina de la Alcazaba, al calé Riad Sultán. Tánger ¡para mí es una ciudad llena de rincones de paz, llena de estampas de belleza tranquila, donde casi siempre el mar asoma entre árboles o entre muros blancos; es una Ciudad religiosa, donde se oye la llamada de las campanas de las iglesias católicas, y las mezquitas y las sinagogas y los templos protestantes conviven en medio de esta vida de mar y cielo abiertos, y este hecho me parece a mi que da a la dudad, sobre la vida de su puerto, entre el ajetreo comercial de sus calles, este soplo de hondura, este sentido del tiempo que se vive gota a gota, en silencio, sin deseos de matarlo, sino de disfrutarlo simplemente en silencio, como hacen las gentes de esta tierra. m. caté Riad Sultán está en lo alto de la colina, sobre la maraña de callejas blancas y escalonadas. Es un caserón de muros gruesos, con un jardín hondo, siempre florido, adonde abren las puertas del museo y algunos talleres de artistas y artesanos. IE 1 café está en lo alto de la casa. 33 sube una escalera empinada y se encuentra una azotea con la ciudad a los pies, la bahía y el puerto, las montañas españolas a lo lejos, las gaviotas con sus huesos llenos de viento sobre las olas. E n esta terraza he pasado tardes de tertulia amistosa, en iverano, con la luz del Atlántico envolviendo la conversación y la vida. Pero el interior del café es más Intimo. Dentro de sus muros se estrella él calor o el viento, o la lluvia o los años; en el interior del café siempre hay un rincón donde uno puede estar prodigiosamente oto, con un cigarrillo, con un vaso de té verde, con unas cuartillas Incluso. Pero no es muy fácil escribir cuando se está viviendo. Hoy, día de levante, he venido aquí a refugiarme con las cuartillas. E l Levante es un viento que en esta chutad lleva un ramalazo de locura dentro de él. fie rajan tos cristales de las ventanas de mi casa y la playa despide a los bañistas. Las ca- (Continuad
 // Cambio Nodo4-Sevilla