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EL TEMPLO ROMANO DE CÓRDOBA Por A. GARCÍA Y BELLIDO ESDE mucho tiempo antes se conocía en Córdoba una cantera aríqueolÓgica importante, sita en. los terreno que ocupan hoy las dependencias del Ayuntamiento. E n el transcurso I de los siglos X V U I j y X I X hablan aparecido allí arquitrabes, trozos de! fustes acanalados, grandes capiteles, basas, etc. de mármol, que por su Relación entre ellos denunciatoan haber ¡pertenecido a un rico y, grandioso edificio romano de forma y destino desconocidos. Cuando se construyó el actual Ayuntamiento, los obreros tropezaron de nuevo con restos similares, y reciente nente, al hacer derribos para ampliaciones y reformas, volvieron a encontrarse con potentes cimientos y con nuevos restos de piezas arquitectónicas de mármol, parejas! de las ya. conocidas. No cabía, por tanto, duda alguna de que se estaba en presencia de una importante construcción romana que a sus proporciones, realmente grandiosas, unía una extraordinaria r i queza. Las ruinas puestas ál descubierto ahora se ofrécíaní al visitante en un ingente y caótico montón de bloques de piedra que, como ¡enormes terrones de azúcar, subían apilados acá y allá, sin aparente concierto n i orden, pero aliados sobre unos espesos cimientos de lá fihisma naturaleza, muy profundos, de varios metros de hondura, que daban la ¡impresión de haber pertenecido a un edificio de titanes. D A m í me preocupaban mucho tales r u i nas, que visitaba, periódicamente, atraído por la obsesión de desentrañar su fin y destifio. Pero aquella colosal y laberíntica acumulación de ¡sillares no se dejaba i n terpretar por más que subía y bajaba por su accidentada topografía, buscando o ensayando una interpretación que pusiese u n orden lógico en aquel desorden. Ello hizo que, desanimado; acabase con disgusto desinfceresándome de ellas. En el otoño de 1958 volví a Córdoba a estudiar el sarcófago romanó con relieves hallado poco antes en las afueras de la ciudad, pieza en- verdad magnífica, de la que di cuenta eh estas mismas páginas y a la que he dedicado u n extenso estudio en una revista de la especialidad. Fué entonces cuando el señor Cruz Conde, álcalide de Córdoba, solicitó mi ayuda para despejar en lo posible el enigma y tratar en todo: caso; de urbanizar aquel campo de ruinas, haciendo de él un jardín arqueológico L a invitación reavivó mi y a abandonado interés, y acepté con gusto la oferta, pensando que, aunque no tuviera esperanza de éxito, l a libertad con que ahora podía moverme tal vez diera cauce a una solución, siquiera fuese provisional. La fortuna, de la cual se ha dicho tantas veces oue ayuda al decidido Audaces fortuna iuvát no desmintió a su fama, y, en efecto, tras cuidadosas mediciones y análisis, pude ver pronto que aquel con 1 cna wuiM- tw Planta del templo romano de Córdoba. Enfrente de la escalera de acoeso al templo, el ara o altar, junto indescifrable de cimientos, muros irregulares de sillería, frogones de ¡hormi g ¡6 n, hondonadas y cúspides ilógicas, no eran otra cosa que el resto de las ruinas de un gran templo, al que precedía un ara o altar. Acato de decir- -de modo en apariencia redundante- -que todo ello no era sino. resto de unas ruinas; es decir, l a ruina de una ruina, y así era la verdad, porque desbaratados el templo y el altar, cosa que parece ser debió de ocurrir en las postrimerías de la edad antigua, sirvió durante siglos sucesivos de rica cantera para extraer de ella piezas de m á r mol y cantidad de sillares bien escuadra- dos y útiles, por tanto, para su inmediato empleo en otras nuevas construcciones. Ello explicaba las irregularidades de lo conservado, pues visigodos, árabes y cristianos se fueron llevando los sillares por hiladas, dejando a ambos lados aquellas paredes escalonadas y aquellas mellas i n comprensibles, que tanto contribuían a ocultar o enmascarar l a prístina estructura de los cimientos del edificio. Con la ayuda del arquitecto del Patrimonio Artístico de l a zona, señor Hernández, que había llevado el descombro del yacimiento h a s t a m i intervención, comenzamos a ver hasta qué punto mi jiipóíesis era cierta. Esta resultó confirmada al comprobar cómo Jas numerosas piezas KCONSTRVCCION IDEAL POR i ACARO rBEUIDO Reconstrucción ideal del templo romano de Córdoba. Esta reconstrucción es segura hasta la camisa, de la que, por el momento, no teñamos datos suficientes para su puntual reconstrucción. Para ambientar el edificio he dibujado una plaza, que existió de cierto, pero que no conocemos etf, sus particulares. Los datos de que me ¡h valido para esta parte no son arbitrarios. So apoyan en otros testimonios arqueo 36 gicbs similares y coetáneo
 // Cambio Nodo4-Sevilla