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Ci M n t rtft d Kl Ksoorlal durante su oonstrUoolén. (Grabado de t poca. D ECIMOS motín y no huelga porgue fue un verdadero y auténtico motín o rebelión de los canteros vascos contra la autoridad del alcalde de E l Escorial, motivado no por conflictos de orden laboral, sino por una cuestión de honor, pues se consideraron injuriados por el alcaide en su calidad de nobles e hidalgos vascos. Durante los veintiún años y medio que duraron las obras del Monasterio no hubo una sola huelga. Les obreros trabajaban contentos, porque sitaban bien atendidos tanto en sus sueldos, como sn las admirables leyes sociales que los protegían; gozaban además de l a exención de impuestos. XTn año antes del asentamiento de l a primera piedra ya impedía Felipe I I él estraperto aun antes de nacer, ¡mandando al contador y juez, Andrés de Aluna- guer, que tuviese muy particular cuidado dé proveer que l a gente de l a fábrica esté bien bastecida y proveída de los mantenimientos, y que éstos se les venda a precios justos y moderados, y que ninguno, ni directa n i indirectamente, compre mantenimientos para tornarlos a vender a l a gente laborante (Instrucción real del 2 de abril de 1562) Consta por los documentos de l a época que en E l Escorial de Abajo existía una numerosa colonia de canteros viascainos (se llamaba vizcaínos comúnmente a los vascos del siglo X V I) Tenían sus reuniones y diversiones en las proximidades de la calle de S. Sebastián, con su frontón de pelota y sus deportes de fuerza y destreza como levantar piedras, cortar troncos y lanzar l a barra, Era vasco e l famoso aparejador don Pedro de Tolos el preferido de Felipe n y de los monjes Jerónimos. Probablemente era también vasco el primero y principal arquitecto del monasterio, Juan Bautista de Toledo. Así lo afirma sin ambages José Camón Aznar en Pijoán, Sumima Artis t. XVTX, p. 370. Convivían con los vascos y hacían bueñas migas con ellos los canteros montañeses, que eran de la región colindante con Vizcaya. (La, provincia de Santander se creó en el siglo X I X y Vizcaya se prolongaba más a l Oeste, en la montaña, Acaso por esto los canteros montañeses se sumaron también al motín de los vascos. He aquí un relato del motín, tomado de los historiadores Jerónimos fray Juan de S. Jerónimo, testigo presencial, y fray José de Sigüenza. Sucedió en mayo de 1577. Fue un motín de l a mayor y mejor parte de los oficiales de esta obra, que eran los canteros. Sucedió que por cierto delito, no de mucha monta, el alcalde mayor de la villa de 3 3 Escorial, licenciado Muñoz, 3 prendió a unos vizcaínos cantearos, y según él dijo no con intención de afrentarlos, sino de atemorizarlos, hizo buscar y traer unos asnos en que sacarlos á azotar. Extendióse entre etica y corrió l a voz de unos en otros, y llevados del amor del paisanaje, de los fueros de su provincia y de la hidalguía de que se precian tanto, ellos y los montañeses amotináronse, de, suerte que estuvieron muchos toda l a noche con sus espadas haciendo veto y guardando la cárcel, pretendiendo matar a l alcalde mayor y alguaciles si los sacaban. A l a mañana se habían conjurado ya todos, y v i nieron a l a vaia con tambor y una bandera, señalando m capitán; tocaron muy recio la campana y en u n punto cesó l a obra... Nuestro padre prior, fray Julián de Tricio, que sabía el escondite del alcalde, envió u n billete con fray Antonio de F a lencia para que luego soltase los presos que tenía porque con aquello se desharía el motín. L a furia de aquellos hombres era tremenda. Alguna ocasión les dio el dicho a l calde por haber sacado de l a iglesia a uno de los delincuentes. Soltó los presos y los vizcaínos fueron levantados en hombros de ¡sus paisanos y conducidos en teiunío en tre las aclamaciones y vivas de aquella multitud enfurecida. Logrado y a el objeto se calmaron y vol ¡vieron satisfechos a su trabajo acostumbrado. A la tranquilidad siguió la reflexión, y los principales cabezas del alboroto, temerosos del castigo, huyeron. Apenas lo supo Felipe H llegó a M Escorial con una fuerte escolta. Fray Antonio de TOlacastín, por el amor que tenía a sus obreros, se echó los pies del Monarca suplicándole: ¡Señor: Es indispensable que Su Majestad perdone a estos pobres, que no han pecado, sino de hidalgos, de honrados y de necios. Se sonrió el Bey y prometa- i al teten hermano que los perdonaría, excepto a los promotores. Así se cumplió, y sólo el Que levantó l a tandera el que tocó la Campana y algunos otros fueron echados a galeras; los (tenas quedaron lita- es, JTOSE CHONCKUKEtETA OlE B íCK IlliIA Probablemente está relacionado cén este motín la fundación del pueblo de Mingoreía, situado, como se sabe, a dieciséis k i lómetros m á s aula de Avila, en el ierrocarril del Norte, conocido por sus excelentes canteras de granito gris y rosa. Intrigado por su indudable denominación vasca escribí al actual párroco, don Francisco José Romero, quien me comunica estos datos. E l pueblo fue fundado yo. uno canteros guipuascoanos. Su rigen es el s i- gruiente. Estaba impaciente Felipe II por el excesivo retraso de las remesas de granito de este pueblo, y ordenó presentarse ante él al capataz de las canteras, José Chinchurreta. Este no sabía castallano ni el Rsy el vascuence. Llegado a E 3 Escorial y enfrentado con Felipe n le dijo levantando la mano derecha, en ademán de saludo: ¡Mlngorria, Jauna! E l Bey y los cortesanos quedaron sorprendidos, como si les hablasen en chino. Chinchuo- reta era de l a opinión de que tos Reyes deben saber las lenguas de sus subditos, y pensó si estaría sordo o así por lo que repitió- más fuerte su lacónica monserga: ¡Mingorria. Jauna! Sosegaos- -le dijo eí Rey- y esperad. Entonces mandó bascar un clérigo vasco, que deshizo el impasse descifrando el enigma: mmgorría, de m i lla dolor, enfermedad, y. gorria, rojo, significa enfermedad roja es decir, saram ¡Aíin, pión Jauna es señor Total. señor! gorría, Jauna! es ¡Sarampión, Chinchurreta dice que todos sus obreros han caído con sarampión, por cuya causa no han podido entregar su remesa acostamtoratía. A Felipe H te hizo gracia la p a labra Míngorría y bautizó con este nombre el pueblo fundado por una colonia de canteros guipuacoanos, P, Carlos VICUÑA, O. S. A.
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