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Paisaje del Duero ¡unto a Soria. ¿ÍSSSLi tasín L ¡austro n ruinas del Monasterio d e San Juan del Ousro. A l A n i m a s (Fotos d e l autor. f o n d o el Monte d: las las escenas borrascosas que inevitablemente hubieron de seguir al. escándalo, es el hermano quien acusa con más violencia. Y tal vez porque al hacerlo no se ha detenido en los estrictamente culpables, el pueblo de Noviercas se enfurece y los hermanos Bécquer han de salir de allí poco menos que a uñas de caballo. E l impacto sobre el poeta hubo de ser fatal. Justo dos años más tarde, expiraba Gustavo Adolfo en Madrid. Mucho se ha escrito sobre este asunto: unos, por compadecer al agraviado; otros, por disculpar a Casta, cuyo comportamiento, en cualquier caso, no fue de acuerdo con su nombre. E n definitiva, como decíamos al principio, u n matrimonio poco congruente: él, delica- do, soñador, con los pies apenas apoyados en el suelo; ella, de una vitalidad exuberante, desbordada, a la que no pudieron poner barreras eficaces las normas morales de un alma elemental. Cuando Gustavo Adolfo Bécquer llega a Soria, allá en el año mil ochocientos sesenta y tantos- -es decir, hace un s i glo- aquella es vina ciudad terrible- mente quieta, casi inexistente, en medio de la paramera castellana. Sobre ella o en torno a ella, en el silencio de, sus ruinas y de sus calles solitarias, en las bellas iglesias románicas, en los montes pelados de vegetación o los bosques de pinos, el poeta sevillano iba a situar e l fabuloso mundo de sus leyendas. Allí brotarían El rayo de luna en el monasterio arruinado de San Polo, a las orillas mismas del Duero, con los arcos del claustro y los torreones vencidos cubiertos de hiedra y campanillas blancas (Bécquer) bajo los cuales el inquieto Manrique iría transformando en bellísima mujer el rayo dé luna filtrado entre las ruinas y la maleza. Y l a trágica historia de Beatriz y Alonso en El monte de las Animas con l a muerte de ambos cuando él trata de afrontar la presencia de aquellas que se alzan cada año en la noche de Difuntos, en la misma hora en que empiezan a tocar a muerto las campanas de San Juan de Duero, el viejo monasterio de San Juan de Jerusalem, cuyos claustros veía Bécquer desmoronarse a! pie del monte que lleva precisamente el apelativo de las Animas. Estos dos relatos pertenecen a la capital y sus alrededores. Pero aquélla nunca fue para, el poeta sino estación de tránsito hacia Noviercas. Aqui daría vida a nuevas leyendas, cuyos personajes fantásticos, sobrenaturales, animarían o acentuarían el dramatismo del paisaje severo: Así, La cueva de la mora y El miserere localizadas en el castillo y en la abadía de Pitero, respectivamente, inmediatos, aunque no dentro de la provincia de Soria; La promesa de carácter fronterizo, que se inicia, en. Almenar y termina en el real de los cristianos, frente a los muros de Sevilla; Los ojos verdes El gnomo La corza blanca bellísimas leyendas del Móncayo, cuya imponente m o l e blanca y rosa atrae con obsesión al poeta. Toda aquella tierra poblada ya por unos seres mágicos, universales, forjados en la imaginación dé un poeta sevillano de cuerpo débil y espíritu poderoso que llegó a Soria del brazo del infortunio. J. M O. (Fotos del autor.
 // Cambio Nodo4-Sevilla