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A B C. N. 19.468. MIÉRCOLES 26 DE ENERO DE 1966. EDICIÓN DE ANDALUCÍA. PAGINA 41. PROYECTO DE LEY DE PRENSA t ESTA TARDE, SESIÓN PLENARIA Madrid 25. E l presidente de las Cortes, don Antonio Tturmendi, manifestó a los periodistas que en la sesión plenaria ammciada para mañana, a las cuatro y media de la tarde, intervendrán, en el proyecto de régimen financiero de los puertos españoles, don Manuel Conde Bandres; en el de regulación del sistema tributario de Guinea Ecuatorial, el presidente de la Diputación de Fernando Poo, don Enrique Gori, y en el de presupuestos para 1966- 67 de la Guinea Ecuatorial, don Federico Ngomo Mandong. CIFRA. sino verdadera reverencia; de aquí que nadie pueda interpretar como un menosprecio de los hombres a quien estoy tan unido el opinar que puedan darse circunstancias difíciles y trascendentales, en las que el hombre capaz de servir a una empresa como director de periódico sea fundamental, y precisamente un hombre que provenga de la política y no de la profesión periodística propiamente dicha. Y a se han argüido aquí los casos de embajadores que no pertenecen á la carrera diplomática, aun siendo la carrera diplomática una excelente cantera de funcionarios; Pensemos- -añadió el conde de Godo- -que en el artículo 34, que acaba de ser aprobado, se dice que es al director de la publicación a quien le corresponderá la orientación ideológica del propio periódico. Si esto es así, ¿no es licito que la empresa deba tener libertad para encontrar al hombre que represente dignamente la ideología que la empresa tiene? Se equivoca quien crea que un empresario de periódico es sólo un industrial. Antes bien, es el hombre que ha puesto los medios para defender unos ideales. ¿Podría nunca un director atentar contra los ideales de la propia empresa que le contrata? Este contrasentido sólo podría salvarse con la máxima libertad por parte de la empresa en designar su director. El señor Aparicio se apoyó en la anécdota de una visita realizada en 1933 a don Alfredo Escobar, marqués de Valdeiglesias, para defender la Escuela de Periodismo que él fundó, ya que aquel veterano periodista le confió, en 1933, su necesidad de crear una escuela que forjara un cuerpo de profesionales. Cosa que él hizo en 1941 inspirándose, en gr? n parte, en la Escuela de El Debate de la que hizo un cumplido y justo elogio. Pasó entonces a hacer memoria de otras anécdotas relacionadas con el conde de Godo, que el presidente interrumpió, rogando al señor Aparicio se ciñera al tema que se debatía. Así lo hizo éste, apoyando plenamente el texto de la ponencia. A continuación habló don Pío Cabanillas. E l subsecretario de Información y Turismo es un orador claro, preciso, frío, con gran deseo de convencer y persuadir. Situado desde el primer día de las deliberaciones en la extrema derecha del banco más próximo a la ponencia- -con la que mantiene continuos contactos de ademanes y miradas- -se vuelve al hablar hacia la sala para ser visto y oído por todos. Suele clavar su mirada en el procurador al que contradice, y, sin perder la sonrisa de los labios, va analizando los efectos gus sus palabras ANIMAD DEBATÍ ÜDBHE E l AMICULII 35. ACERCA DE LOS HtQUlSIMS P A i l A EJERCER LA 1II HECCI 8 V PERIUiilCtlS Ia TI Otros temas discutidos en la sesión de la mañana de ayer fueron: Derecho de veto del director sobre los originales Origen de la información y la publicidad Responsabilidad del director los que hasta ahora están aprobados se refiere. Ofrecer este flanco débil me parece desacertado e innecesario. El señor Díaz Llanos pronunció un corto, denso y bien argumentado discurso, defendiendo la misma tesis que el señor Escobar. Los argumentos esgrimidos la víspera- -dijo- -en el sentido de que todas las actividades humanas exigen una profesionalidad no es cierto, ni siquiera en los casos de los hombres de leyes. E l magistrado dsl Tribunal Supremo no pertenece- -por fuerza- -a la carrera judicial. E l director general de lo Contencioso no ha de ser forzosamente un abogado del Estado. Bien es cier to que la mayor parte de las veces es un abogado del Estado el llamado á ocu par esta función. Del mismo modo, la mayor parte de las veces será un perio dista profesional el llamado por las em presas a ocupar el cargo de director Pero puede acontecer que, en determi nados momentos, el hombre justo que la empresa periodística necesite esté situado en otro campo- -la política, la cátedra, etc. ¿Por qué limitar este campo? E l periodismo no es sólo una técnica; es, sobre todo, un arte, una intuición. Como muy bien dijo ayer el procurador señor Luca de Tena, un excelente violinista puede no servir como director de orquesta. En el m i s m o sentido que el señor Díaz Llanos, habló, poco después, el procurador señor Megolla. Estamos confundiendo las funciones de dos tipos distintos, el director técnico y el editor. Mas como se exige al director de un p e r i ó d i c o una responsabilidad no sólo técnica, sino también política, será fundamentalmente el campo de la política la. primordial cantera para encontrar mejores directores. Los señores Puig y Gómez Aranda opinaron de muy distinta manera. La validez- -dijo este último- -no queda conculcada por exigir su carnet profesional. I N T E R V I E N E E L CONDE DE GODO A continuación, y no sin cierta expectación por parte de los presentes, hizo uso de la palabra el conde de Godo. Expectación debida no sólo a su gran experiencia como empresario de muchas publicaciones, y algunas de ellas de la más alta importancia, sino por ser esta la primera vez que intervenía directamente en un debate. Hizo un gran elogio de la función del periodista y de las cualidades humanas y morales de las que suelen estar investidos los hombres que, por vocación, se dedican a las tareas del periodismo. No es sólo consideración lo aus siento hacia ellos. Madrid. (De nuestra Redacción. Se inició la sesión de ayer continuando las deliberaciones en torno a la redacción del artículo 35. Salvo muy pequeñas excepciones, los señores procuradores discutieron en torno a la conveniencia de mantener o no el texto de la ponencia, que exige la posesión del título de periodista, inscrito en el Registro Oficial, para poder ejercer el cargo de director de un periódico. Las discusiones colgaban desde la víspera. Y a el lunes, los señores Rivas- Guadilla, Fagoaga, Mego, lia, Escobar y Luca de Tena intervinieron en el sentido de que la empresa pudiera designar libremente sus directores entre los más capaces del país, provinieran del campo profesional que fuese. En contra de aquella ausencia de la profesionalidad, es decir, a favor del texto de la ponencia, intervinieron ayer los señores Nieto Garda, Puig, Romero, Aparicio (don Juan) y otros. Dado lo avanzadísimo dé la hora, quedó pendiente, desde la víspera, la continuación de las deliberaciones, ya que a las diez menos veinte de la noche tenían pedida la palabra muchos señores procuradores, y con gran ambiente de expectación continuaron hoy las deliberaciones. Después de concretar algunos puntos de su enmienda presentada ei día anterior, el señor Fagoaga plantea el caso de las publicaciones periódicas pequeñas que se editan en pequeñas localidades y el caso de algunas publicaciones oficiales en relación con la tesis de obligatoriedad de que sean directores sólo los profesionales inscritos. A continuación, el presidente, señor Abella, concedió la palabra a don José Ignacio Escobar, quien volvió a insistir, como la víspera, en que si en algunas ocasiones se produjera una colisión entre un exceso de libertad o una falta de defensa por parte del Estado, siempre defendería el orden contra el exceso. No obstante- -añadió- no es este el caso de hoy. He de romper una lanza en defensa de la libertad, que en este caso se traduce a la libertad por parte de las empresas periodísticas, en poder seleccionar al hombre de más cualidades en el ambiente nacional y. no en el cupo reducidísimo de unos profesionales provistos de carnet. La pura relación numérica entre aquella amplitud y esta restricción dará evidentemente una mayor garantía de selección. Esta restricción que impone el artículo 35 representa- -si así se me permite expresarme- -unos males innecesarios que contradicen el magnífico espíritu de una ley de la que no se puede hacer sino elogios en lo que a los artícu-
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