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cerca de su casa, como era costumbre, por el pintor Félix Lacárcel, su auxiliar, y llegando a la capillita de la Virgen de la Antigua, en las gradas de calle Alemanes- -centro y eje de su maquinal discurrir- presintiendo estar a la muerte, se arrodilló ante la sagrada imagen, rezándole fervorosamente durante largo tiempo. Dos horas después, en su casita blanca del Barrio de Santa Cruz, entregaba su alma a Dios en un remanso de espiritual dulzura. Diríase que expiró con los pinceles en la mano. No hay virtud faltando la religión solía decir. Mattoni, de vida fecunda y escrupulosa, de poderoso ingenio, perteneció a una casta de grandes pintores que se asomaron a nuestro siglo con hondura, manteniendo elevada la tradición de nuestro gran arte, menospreciado y dado al olvido condenatorio; aguardan el Ave Fénix que los resucite con el fulgor de la fama. Hoy sólo se aplauden las nuevas modas, inexpresivas, extravagantes. ¿Y qué decir, no de la beligerancia, sino del encendido entusiasmo oficial con que se vocean las invenciones del arte otro fácil a todo viento de doctrina, llevándolas y trayéndolas, con preferencia, casi exclusivamente, por esos pueblos de Dios, como el más auténtico exponente del arte de nuestra Patria? Sus obras más celebradas, aparte de las citadas, son: Isabel la Católica en el Alcázar ie Sevilla La procesión del Corpus ultima comunión de San Fernando La oración del abad Una pro cesión de madrugada La plegaria de la noche Oratorio de la Reina Jesús 3 n el lago Genizaret los retratos del cardenal Ceferino González, Beato Diego José de Cádiz, en la Catedral; don José Mendoza Ríos, doctor Sebastián y Bandarán y el del padre Hernando de Contreras. en la Biblioteca Capitular Colombina. Asimismo, pintó, con aciertos, laoias al modo primitivo, estofadas, policromadas y cinceladas, siendo una bella muestra y de grandes dimensiones, el Sagrado Corazón de Jesús, que enriquece este co legio de religiosas de Granada. Tuvo estudio durante largo tiempo en el Paseo de Colón y, posteriormente, en la calle de la Pimienta, que aún existe. Cuando era yo estudiante en la Escuela de Bellas Artes, recién muerto Mattoni, nuestro maestro Francisco Marco, que mucho lo admiraba y sacó su mascarilla, ideó realizar, entre todos los alumnos, una lápida en mármol de Italia, que per- Virgilio Mattoni, en sus ultimes añas, pintado por Eugenio Hermoso. (Escuela Artes y Oficio A. -tístieos da Sevilla. de petuar su memoria. E n ella se efigió su cabeza, y a los lados, en bajorrelieve, las representaciones de la pintura y la literatura, pues sabido es que igualmente fue un meritisimo y sutil escritor. L a lápida salió hermosa, y, desde entonces se halla, sin acomodo, en la mencionada Escuela, cuyo director, nuestro dilecto compañero Eduardo Acosta, discípulo de Mattoni, la brindaría- -estamos seguro- -con el mayor agrado y devoción. ¿No sería plausible que a tan grande maestro, digno sucesor de Murillo en el decir de Cáscales Muñoz, de profunda religiosidad y lleno de virtudes morales, se le reivindicara y rindiera la dedica- ción debida a su memoria? U n acierto, a no dudar, sería la colocación de la lápida, quizá la más bella de cuantas lucirían en la ciudad, en la casa donde murió, en calle Rodrigo Caro, dando frente a la Plaza de Doña Elvira, o acaso en los cercanos jardines de Murillo, en nueva glorieta, conforme a la de García Ramos, entre arrayanes y cipreses enanos, completándose, al modo de esteto, con un artístico basamento y una fuente rumorosa. Seamos generosos y honremos sacan do del olvido al insigne artista, gloria df nuestra espiritual Sevilla. Antonio I L L A N E S RODRÍGUEZ El grandioso cuadro de Les Sillo Postrimerías Mattoni. de San Fernando por Vir. (Museo Provincia! de Sevilla.
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