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La gota de mercurio Entonces, Núñez Alonso- -Gijón, 1 0- -me pareció un 97 novelista distinto y maduro, Ikno de no vedad. En Méjico tenia publicada una obra larga, desgraciadamente lejana para las posibilidades del lector medio. La gota de mercurio era, ante todo, una novela de corte difícil, resultado de una andadura lenta, demostrativa de un bien asimilado europeismo, y de una cultura literaria poco frecuente entre los jóvenes novelistas españoles. Muy bien tenía que conocer Núñez Alonso el entramado del psicologismo, y la forma de hacer del maestro Proust. Pensamos tam. bien que La gota de mercurio -y el tiempo lo confirmó- tendría una vida apartada, un convivir problemático con las novelas que por aquellos ¿ños se publicaban, atentas casi exclusivamente al testimonio parcial de la realidad. Ambientada en Méjico, La gota de mercurio cuenta, con estilo de gran agudeza psicológica, la crisis de un pintor, Pablo Cossío, a través de veinticuatro horas, al final de las cuales le espera un suicidio que logra evitar. Su lectura traía un sabor cierto del Ulises Núñez Alonso nos ofrecía, con irreprochable técnica, una clásica novela de tiempo interior, llena de una impresionante fuerza dramática. Un desaliento de tipo absoluto cérea al protagonista, y ese estado de ánimo se mi primer eiBECUERDO elmuy bienAlonsosu nove! cuentro con Núñez en 1954; mejor dicho, encuentro con va aclarando hasta llegar- -después de recorrer un hondo camine- a la crisis final que desemboca en la locura. Un intento constante de buscar el tiempo per. dido y la presencia invisible de una mujer singular van aclarando, línea a linea, la vida del pintor, y se llega a la conclusión de que su afán de suicidio no está provocado por nada social, sí por un radical conflicto espiritual. Lo más significativo de aquella lectura, ya lejana, fue la impresión grata de estar ante una novela diferente. La cultura de Núñez Alonso estaba presente en su obra como un olor especial, nunca como un mero discurso extranovelístico. Novela de corte profundamente intelectual, no apta para lectores apresurados, carente, en lo formal, de desaliños intencionados. Al modo de los maestros- -de Joyce sobre todo- Núñez Alonso manejaba, con evidente habilidad, un tipo de lenguaje artís- tico, revelador del mundo subconsciente de sus criaturas. Y todo ello con un sereno tono de cosa naturalmente asimilada, llena de un profundo conocimiento carente de esa nota juvenil y malhumorada de la novedad por la novedad. En 1958, el autor comienza su labor en el novelar histórico, quehacer que lo convierte, de novelista minoritario, en escritor ampliamente conocido. La inmensa andadura histórica de Núñez A l o n s o- -que significaba un trabajo norme; cuento, por encima, unas tres mil ochocientas páginas- dividió a la crítica española. Unos reconocían la novedad, la vigencia del intento, el portentoso dominio del oficio, la novedad que significaba tal empresa en la novela española. Otros estimaban que la dedicación histórica del autor era una clara deserción ante los problemas actuales, ante la realidad que un verdadero escritor de nuestro tie; po no tiene más remedio que denunciar desde el testimonio insobornable de su obra. Después de una lectura de las cinco novelas históricas de Núñez Alonso- -a veces desiguales, pero siempre de una amenidad singular, de una fuerza y fidelidad admirables- se ve la validez del gran intento. No se trata de una deser ción. Dámaso Santos cuenta, en su lloro Generaciones Juntas que cuando un crítico tan atento como Vázquez Zamora propuso el nombre de Núñez Alonso para el Premio de la Crítica, otros críticos- -José María Castellet entre ellos- expresaron abiertamente su decepción. Merece la pena transcribir él trozo: Para éstos, el nuevo rumbo de Núñez Alonso es una deserción. Su nombre queda excluido de las exigencias contemporáneas. Lo que ahora priva es un objetivismo actualista que está muy lejos de las pretensiones últimas del autor de La gota de mercurio No se trataba tampoco de un mero re. tablo marginado de las preocupaciones del hombre; se trata de una inteligente exploración por el mundo antiguo- -el mundo de Cristo- que él novelista toca psicológicamente, tomando al Hombre, a ta Sociedad, a la Religión y al Derecho, a los vicios y a las costumbres, para presentarlo todo ante los ojos del hombre de hoy, y hacernos comprender que ambas palpitaciones son, en el fondo, iguales, desde San Pablo a Cintía, desde Benasur a Mileto. La pentalogía de Núñez Alonso no era un apartarse de la realidad, era meterse de lleno, a costa de seis años de intenso trabajo, en la sociedad, en las instituciones, en páginas coloristas, deliciosas y crueles- -algunas únicas en su estilo- para ofrecer 4 a reconstrucción armoniosa, interna, de un mundo que es, pese al tiempo, nuestro propio tiempo. Pensamos que ni Ollsmburg, ni Aragón, ni Mann, ni ni Horia, desertan cuando buscan al hombre de hoy por los lejanos entresijos del hombre del jasado. Núñez Alonso aporta con su pentalogía un nuevo y raro filón en el quehacer de nuestra novela. Julio M. DE LA ROSA
 // Cambio Nodo4-Sevilla