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DIAR IO I L U S- T R A D F D E iSFO FM ACIÓN G E 3 N E R A L Redacción y Administración! Calle Cardenal Ilundain número 9. -Teléfonos 231981, 231986, 231985, 231984, 231983 y 231982. -Télex 2040. Si- villa. de enero de 1969. Número 20.38 K. Suscripciones y anuncios: Velázquez, 12. -Teléfono 223524. -Apartado número 49. A Df DIARIO 1 L ü S- fYADo DY nr. F Q! T M A C I Q Ñ G E N E R T L kUINCE médicos se apoderaron materialmente de Borman, Anders y Lowell poco después de haber desembarcado los tres cosmonautas de su cápsula espacial. Ni uno solo de los posibles efecttos fisiológicos del fascinante viaje debe ser ignorado. En esta época en que uh entendimiento discutible de lo económicosocial pretende tiranizar a la Medicina, 4 convirtiéndola en una serie de esquemas, gráficos, datos y estadísticas impersonales, el hígado, el corazón, los pulmones, la sangre, los músculos de Borman, Anders y Lowell se personalizan, se individualizan y adquieren, como tales, una importancia suprema ante la Ciencia. Quince médicos tratan de averiguar qué le pasa al hombre que escapando a las habituales leyes de la atracción terrestre vive unos días entregado, sometido, a la misteriosa y lejana atracción de la Luna. Tres series de observaciones constituyen un número tan escaso de pruebas que, por ahora, lo que esos quince sabios doctores establecerán con precisión es tan solo- -y ya es mucho- -lo que en tales circunstancias les ha sucedido a Lowell, Anders y Borman. Ascender desde los fenómenos particulares a las leyes generales que los regulan ha sido una hazaña en la conquista por el hombre de su propio cerebro, no menor que esa subida a la Luna que a todos nos asombra, pero quizá conviene decir que siempre es bueno saber bajar después de saber subir y que la hazaña no estaría completa sin la alegría del regreso. Por eso, cuando la Medicina moderna se eleva al conocimiento de las más altas y complicadas leyes, el médico tiene la suprema sabiduría de bajar hasta el humilde escalón humano para comprobar con cuan sutiles modificaciones, con cuantas delicadísimas enmiendas, se cumplen y aplican en cada enfermo, en cada paciente. Y es a esa escala individual, personalizada, donde el médico encuentra y cumple la verdadera grandeza y el ineludible humanismo de la Medicina. Grande es el médico, podría decirse parafraseando a Castelar, cuando la cosmonave le precede y el secreto rayo del enlace hertziano le acompaña hasta el cubículo donde la salud de tres semidioses depende de su sabiduría. Otra grandeza más honda tiene, a mi modo de ver, cuando en la alta noche, al teléfono que le ha despertado suena una voz temblorosa que suplica: Doctor, es muy urgente y contesta: Llego en seguida. La angustia que entra en el hogar con la enfermedad, se atenúa; la esperanza se abre como un paracaídas de seda que frena el vertiginoso descenso del temor. Aun antes de actuar, su sola presencia anunciada es un lenitivo, es una fuerza que recompone, restablece la órbita moral de una familia alterada. ¿Cómo podría acomodarse el hombre que avanza hacia el futuro a la definitiva desaparición del MÉDICOS Y COSMONAUTAS por ser la nuestra es diferente a todas y modifica n u e s t r o comport a m i e n t o médico con nombre propio, del médico nuestro carácter de maneras inésquivablede cabecera, del doctor que, como el que rriente individuales, pues. no hay procediha regido la aventura vital de los tres miento para convertir en estadísticas las cosmonautas, le está permanentemente lidimensiones íntimas e inconmensurables gado por los hilos invisibles pero efectidel sufrimiento. Sólo el médico de cabevos de una verdadera relación personal? cera puede saber en qué manera la úlcera de duodeno de don Antonio es distinta de Es Curioso observar cómo la marcha de la de don Ricardo y cómo lo que para la Humanidad hacia el progreso es conaquél será un alivio sería dañoso o inútil tradictoria. Sensacionales avances coincipara éste. den con incomprensibles retrocesos. E l hombre, ávido ele héroes- -el héroe es el Por primera vez en el pasado mes de individuo por esencia- se rriasifica. La octubre unos médicos, los médicos franPrensa, el cine, la televisión, crean para ceses, se han rebelado abiertamente conél toda una mitología de héroes no sólo tra las dos instituciones que los socialireales, sino fantásticos. E l Estado le deszan, los desindividualizan: la sindical y persohaliza al tratar de generalizar, de la estatal. Peor pagados, como decía con uniformar sus servicios. Así es como hoy, hiriente comparación un semanario políante elemento tan fundamental e insepatico, qUe un fontanero, los médicos del rable de nuestro propio curso vital como país vecino reajustaban directamente con es el médico, los organismos de la Segusus pacientes las importantísimas relación ridad Social tratan de sustituir al enfernes médico- enfermo, que se hallan amemo con fisonomía diferenciada por el nazadas dedesaparición al ser sustituidas enfermo estadístico. Si la tendencia adpor la espinosa cadena enfermo- empresaministrativa prosperase- -y está en caseguridad social- médico que aleja al pamino de ello- -llegaría Un día en que mé- ciente del que lo cuida y erige un mito dicos anónimos examinaran, diagnosticaanticientífico: la enfermedad. Trataban ran y recetaran a millares de gastritis, esos médicos no sólo de preservar la deedemas pulmonares, infartos de miocarseable libertad de sus relaciones profesiodio, igualmente anónimos. ¿Ño sería eso nales, dentro de un orden moral, sirio de una deshumanización, un retroceso de la salvar el imprescindible humanismo de la Medicina? La socialización del médico seCiencia. No hay nada que favorezca ría también la socialización del enfermo. más a un enfermo- -sostenía ya Séneca- -No deja de ser una antítesis dramática que el ser curado por un médico de su que esa organización comunal llamada confianza es decir, por un médico que Estado a la hora en que le da a la Humale conozca y que sea de él conocido. nidad un viejo sueño, el acceso a la Exactamente como ese doctor que ha Luna, arrebata al hombre una conquista velado a cientos de miles de kilómetros milenaria: su familiaridad, su compenetración con el hombre que consuela y que de distancia por la salud de Borman, Anders y Lowell. porque conocía a fondo cura; con el médico. algo mas que su comportamiento fisioTodos vemos las mismas películas, tológico su comportamiento espiritual. E l dos nos amontonamos en las mismas mundo civilizado está poblado hoy por playas, pedimos las mismas bebidas, haceesforzados cosmonautas que día tras día mos los mismos horarios y las mismas emprenden la penosa ascensión a sus oficolas. Todos estamos confundiéndonos cinas; las cien vueltas angustiosas en la en los mismos e inmensos rebaños. Lo reducida órbita del presupuesto familiar; que nos diferencia, lo que nos es todavía el dificilísimo aterrizaje de ios finales de rigurosamente personal es nuestro dolor mes, de las carreras de los chicos, de las de hígado, nuestra fatiga respiratoria, que bodas de las chicas. Astronautas de la vida corriente en la feroz e impenetrable galaxia de la sociedad que tienen el sagrado derecho a ser asistidos por un mé dico que les conozca, que sepa cómo se altera su pulso con una emoción, cómo reacciona su bazo bajo una pena, bases sin las cuales la Medicina se convierte en Abra mercados a una mecánica, si no en una química, y es sus productos en sabida la opinión de Alexis Carrel de que hace falta más imaginación e inteligencia iodo el mundo para ser un buen médico que para ser un buen químico. Socializar a la Medicina anunciándose en la equivaldría a relevar a los médicos de ser Edición A é r e a de imaginativos e inteligentes. Y el pequeño cosmonauta diario tiene derecho a ser ABC asistido, mientras exista, por la imaginación y la inteligencia. Lorenzo L Ó P E Z SANCHO
 // Cambio Nodo4-Sevilla