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TRADO G E NE D E IN R A L F 0 RM A C I 0 N Redacción y Administración: Calle Cardenal Ilundam número 9. -Teléfonos 231987, 231986, 231985, 231984, 231983 y 231982. -Télex 72040. Sevilla, 19 de enero de 1969. Número 20.397. Suscripciones y anuncios: Velázcniez, 12. -Teléfono 223524. -Apartado número 49. ABC TRADO G D E I NL F 0 R M AC I 0 N E N E R A leído en un periódico una larga encuesta en la que dialogan un excelente crítico teatral y un ya ilustre autor dramático sobre la posible crisis de nuestro teatro. Y en este duelo dialéctico interviene, asimismo, una señora que viene a ser la que dirige la esgrima del diálogo. Estos dos escritores de talento, aun en opuestas posiciones, muestran conocimiento del tema, muy debatido en este tiempo. ¿E n qué época, en el curso de esta actividad, no se ha hablado y escrito sobre la decadencia del teatro? E l paso del tiempo depura e? tas divergencias, que son difíciles de dirimir en una discusión por los contemporáneos. El teatro ha sido siempre una función pública y verbal, a la que acuden nobles y plebeyos, inteligentes y torpes en el discurso y calurosos, interesados y pródigos, amigos y adversarios. Y, por añadidura, hemos de tener en cuenta que el teatro es la única actividad literaria en la que se puede tener un buen éxito inmediato y, por añadidura, dinero. Esto no quiere decir que quien gane más dinero con el teatro sea literariamente el mejor. Yo estoy lejos de la afirmación de Lope de que el vulgo es necio y, para darle gusto, hay que hablarle en necio. En un teatro lleno puede haber muchos necios, pero también hay inteligentes, letrados, expertos, y, por tanto, cuando unánimemente todos aplauden una obra, algo bueno tendrá la comedia cuando a todos les ha gustado. Ahora bien, en el fallo del público en en los estrenos de ahora, salvo los que ejercen públicamente la función crítica, los espectadores que asisten al estreno están invitados y sería descortés que mostrasen su descontento o su repulsa. Es decir, que ha desaparecido el numeroso capítulo de estrenistas que antaño asistían a todos los estrenos, pasando previamente, con su dinero, por la taquilla. No digamos en el siglo XVIII, que, en competencia, el teatro del Príncipe y el de la Cruz tenían sus respectivos partidarios, que se llamaban, los unos, polacos y los otros, chorizos Pero vamos al caso de la decadencia del actual teatro español. ¿E n qué época, y no en España, en todos los países, no se se ha hablado de decadencia del teatro? En el juego de las generaciones que se suceden advertimos los errores que han padecido los sucesivos críticos al variar los gustos y los juicios. Larra detestaba el teatro clásico español. Es decir, a Calderón, a Lope, a Tirso... Y él, como autor, traducía a Scribe. H E EL TEATRO Y LA LITERATURA de quien no se acuerda nadie en Francia, a pesar de ser muy prolífero. Como crítico, dedicó al Antony de Dumas, tres largos y encomiásticos artículos. ¿F u e un buen crítico de teatro don Mariano José de Larra? En mi opinión, fue un mal crítico. Y, por consecuencia, un mal autor de teatro. Esto no obsta para que fuesa una alta inteligencia, un penetrante satírico y un eminente escritor. Vamos ahora a recordar el gran bache del teatro en el siglo XVIII. Cornelia nace en i7o6 y muere en el 69 y es un autor que acapara todo el teatro de su tiempo. Escribió y estrenó más de un centenar de comedias. Era algo así como otro Lope de Vega un siglo después. Pues bien, ¿qué lector de teatro de nuestro tiempo conoce una sola comedia de este autor? Yo tengo que confesar que por mi afición al teatro he leído bastantes comedias de Cornelia. El señor García Pavón dice en este apasionado debate que José Ortega y Gasset había dicho o escrito que él no había leído ni una sola obra de teatro. Es posible que esto lo dijese o escribiese, yo no lo sé. Mas me parece inverosímil que un hombre como él no hubiese leído a ningún autor griego ni romano, ni a Shakespeare, ni a Calderón, ni a Goethe, ni a Ibsen. Pero, en fin, los gustos de cada cual no puede discutirse. Yo he leído mucho teatro porque, para mí, el teatro fue siempre una parte muy importante de la iiteratura. Y, como tal, figuraba en las Preceptivas e Historias Literarias, y quien ame la poesía y la novela no puede excluir el teatro, un género que, aunque es para recitarlo, hay que escribirlo primero. Confieso, pues, que he leído muchas comedias que no he escuchado en el proscenio, y aun bastantes de autores que no gustaron en su época, como a su vez he visto representar otras que no merecen sei leídas. Pues bien, Cornelia fue un precursor del Romanticismo. Claro es qus le superaron todos los románticos, pero llevaba en sí la idea, aunque muy torpemente, de inspirarse en el teatro del siglo anterior. Era un autor disparatado, y para él las unidades de tiempo, lugar y acción, que preconizaban los neoclásicos, no eran viables. De ahí quien destruyó el artificio de Cornelia, que era una especie de Rambal de aquel tiempo, fue Moratín, y no debemos de olvidar en este trance a Jovellanos con su Delincuente honrado E l café o la comedia nueva fue un golpe mortal para Cornelia, aue murió pobre y olvidado. Pero aun con Moratín, en aquel momento el teatro español estaba en un bache. Ya avanzado el siglo X I X surge el teatro romántico con el ímpetu de todo renacimiento. Víctor Hu -o y Dumas toman para su teatro muchos temas españoles, y en el gran avance de esté renacimiento, con Martínez de la Rosa, surgen García y Gutiérrez con E l Trovador el duque de Rivas con Don Alvaro y Zorrilla con su Don Juan Yo no sé si en este tiempo estamos en un bache o en un resurgimiento. Creo, sin embargo, que la crítica, para juzgar ¡as obras actuales, debiera volver un poco ios ojos a las obras pasadas. Y dirigir a los directores, que se fían más en el oropel de la escenografía y la luminotecnia que en la dicción e interpretación, que es el oro del teatro. Un actor me dijo que en una obra- en verso un joven director, como en un pasaje levantase un poco el todo declamatorio, le dijo: Mayor naturalidad, no me haga usted teatro. El crítico francés Adam, en un estudio sobre el arte y las costumbres, aconsejaba a los artistas de la Comedia Francesa que no olvidasen cuál había sido siempre su misión. Que era muy poco para ellos ícpresentar no más; que adulterios contemporáneos. Y que debían seguir como antes: ofreciendo al público representaciones del teatro clásico. García Pavón y Buero Vallejo son dos buenos interlocutores para hablar de teatro. El tema que se debatía se formula en una pregunta: ¿el teatro es literatura? Creo que se podría preguntar lo mismo: ¿ia novela y la poesía son liteartura? Cuando lleguemos a la conclusión de que el teatro no es literatura, el bache será tan profundo que no podremos sacar el carro a lo llano del camino. Entonces los críticos, si no hay literatura en el teatro, ¿a qué se van a dedicar? Tendrán que hacer una crítica sin literatura. Francisco D E COSSIO MADRID. 2657802. BARCELONA, 2514223 VALENCIA, 272826
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