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í) I A R í O ILUSTRADO DE I N F o R M A ¡TÍO N G EN ERAL R e d a c c i ó n y A d m i n i s t r a c i ó n Calle Cardenal llundain n ú m e r o 9. -T e l é f o n o s 231987, 2 S 1986, 231985. 231 SS 4, 231983 y 231982. -T é l e x 1804 (1. Sí- vrila, 1 de febrero de 1869. N ú m e r o 20.408. Suscripciones y anuncios: V e l á z q u e z 12. -T e l é f o n o 223524. -Apartado numero 49. ABC ésta, sin la cual la vida humana sería incompleta así con la certeza moral de posible. L o que sucede con el saber t e ó rico de la ciencia ocurre con el saber práctico o hacer de la t é c n i c a si ante un ascensor t u v i é r a m o s para tomarlo que percatarnos con absoluta certeza de que funciona normalmente, no lo t o m a r í a m o s nunca. L o extrarracional es tanto o m á s importante que lo racional para la vida. Todo esto se da no s ó l o en la vida individual, sino t a m b i é n en la convivencia social. Contribuimos unos a las convicciones de los d e m á s suministrando a veces elementos de juicio y otras los juicios mismos, pero rara vez es recibida nuestra influencia con una evidencia absoluta de nuestra capacidad y sinceridad, sino por motivos de prestigio personal o autoridad bien ajenos a toda lógica. Los argumentos esgrimidos por la razón en las discusiones sociales- -y que se llaman razones cuando son en pro de una conc l u s i ó n y objeciones si en contra con sus respectivas refutaciones y soluciones- -constituyen complejos p s i c o l ó g i c o s cuyo desenlace se realiza por vías a menudo extralógicas. A l saber de la realidad se agrega el saber de los valores, que m á s viene a ser un sentir que un saber, a menos que se entienda por tal el saborear. L a belleza, la bondad y la justicia no se conocen, se sienten. Se traduce la belleza en la artes- -plástica o gráfica, musical, coreográfica- -y en las letras- -poesía, novela y teatro- la bondad, en la moral; y la justicia, en el derecho. Ahora bien, poco tiene que decir la r a z ó n en orden a la calificación de las cosas- -personas, doctrinas e instituciones- -como bellas o feas, buenas o malas, justas o injustas; suministra para ello elementos de juicio, pero nada m á s Sobre todo en el orden de la literatura, la poesía, la novela y el teatro, viven de la ficción y no de lo experimentado o razonado ni siquiera de lo razonable, superado en la fábula y el mito. L a inspiración del inventor de verdades DIARIO I L t S- F O R MAGIO N I OS siglos XVIII y X I X han s i d o de e x a l t a c i ó n de la raz ó n como única directora de la vida humana: el racionalismo era su lema. N o es que se desconociera en el hombre la existencia de facultades sensitivas e imaginativas, pero como preparatorias y suministradoras de la razón. L a famosa d i s t i n c i ó n de Leibniz entre las verité 3 de fait -acreditadas por la experiencia sensible- -y las verité 3 de raison s e ñ a ladas por su necesidad y universalidad, era fundamental. 1 racionalismo no s ó l o excluye las afirmaciones de origen suprarracional o reveladas cor Dios, sino t a m b i é n las v í a s extrarracionales conducentes a creencias o convicciones humanas. L a única garantía de verdad ofrec í a n las fundamentadas en la razón. Pero con posterioridad se van abriendo paso cada día m á s los factores irracionales, mejor dicho, arracionales, o sea carentes de r a z ó n de la vida humana. L a vida humana es la p r o s e c u c i ó n de un mundo de objetos a través de un sistema de actos por parte de sujetos convivientes s i m u l t á n e a o sucesivamente, y en cada uno de estos aspectos de la misma cabe señalar factores de carácter racional y no racional. IR R A C I O N A L I S M O Ante todo en orden a los sujetos humanos. Racionalmente hablando, se registran en la vida por la estadística una pluralidad de sujetos distribuidos en el espacio y en el tiempo. Pero vitalmente estos sujetos se sitúan en dos grupos bien desiguales; yo y los demás. Cada uno de nosotros tiene su nombre propio por el cual se designa a sí mismo y le designan los d e m á s pero se llama a sí mismo yo y llama t ú o é l a los d e m á s la yoidad es algo estadísticamente irregistrable, pero vitalmente ponderable; el yo s ó l o pesa para sí mismo m á s que todos los d e m á s juntos. E l e g o í s m o viene de a h í es la preferencia de lo propio sobre lo ajeno. Claro es que también se da en la vida el altruismo o amor a los dem á s pero en proporciones muy inferiores al e g o í s m o Igualmente ocurre en la vida colectiva con el nosotros de predominio sobre vosotros y ellos E n cuanto a los actos, se cifran en tres verbos: el saber, el hacer y el decir. Los racionalistas pretenden que el único saber es el racional, previo el conocimiento de los hechos acusados por la sensibilidad. Pero la r a z ó n funciona por los m é t o d o s inductivo y deductivo. Ahora bien, de estos m é t o d o s la d e d u c c i ó n es el racional por excelencia. T a m b i é n lo es la i n d u c c i ó n que pudiera llamarse int e l é c t u í -l a de los axiomas m a t e m á t i cos- ¿s r o no así la empírica, de donde vienen todas las ciencias naturales y las p s i c o l ó g i c a s Las leyes naturales se fundan en una a c u m u l a c i ó n de probabilidades convergentes- -con e x p l i c a c i ó n de las divergentes- -en cuya c o n c l u s i ó n hay un déficit irremediable de evidencia racional, subsanable con la creencia o fe. L- a certeza absoluta a que conduce aquélla es es muy distinta de la del compositor de música, forjador de estatuas o de cuadros, redactor de p o e s í a s o de dramas. L o irracional prevalece en todo ello. E l juego es un modo de actividad lleno de convencionalismos y, por lo mismo, no racional. T a m b i é n es plenamente convencional y no racional la tercera forma de actividad del decir, llamada lenguaje, consistente en la a d o p c i ó n de un signo oral, gráfico o real, de una realidad o de un valor por él significados. Ello explica el hecho de la pluralidad de lenguas, que no cabría de ser estas racionales. Finalmente, los objetos que pretende el hombre en su actividad, ¿s o n racionales? E l mundo nos aparece como algo ordenado, llamado por ello por los antiguos el Cosmos Pero las realidades que lo constituyen, ¿s o n obras de la raz ó n? Las leyes físicas se nos ofrecen como relaciones de s u c e s i ó n entre sus energías, cuya n e g a c i ó n no implica contradicción alguna; y las leyes q u í m i c a s como existencias, de propiedades en los llamados cuerpos q u í m i c o s de una variedad imponderable, se hallan en el mismo caso. E n lo b i o l ó g i c o es evidente una finalidad obra de la razón, pero de modalidades muy distintas en la célula y el organismo de innumerable variedad de especies. L a Naturaleza es obra de Dios, pero no s ó l o de su inteligencia, sino también de su voluntad. Intelectualmente el mundo le aparece como uno de ios infinitos posibles, pero su voluntad decide la e l e c c i ó n de éste entre ellos. Abra mercados a sos producios en todo e l mundo anunciándose en la Edición A é r e a de ABC Por todo ello se echa de ver que el papel de la r a z ó n en la vida humana, sin ser desdeñable y hasta siendo idealmente siempre deseable, es bien inferior el que pretende en su exaltación el racionalismo. Penetrados de ello, pensadores como nuestro Ortega y Gasset han intentado conciliario todo sugiriendo la primacía de lo que él llamó razón vital pero que no l l e g ó nunca a definir puntualmente la racionalización de la vida se logra en orden a los sujetos con la justicia y el derecho, que proclaman respetable la vida y los intereses de los d e m á s tanto como los propios, y con la caridad que llega a anteponer a I03 otros a sí mismo. L a belleza supone cierta proporcionalidad y armonía en la pluralidad de sus elementos, y la moral la preponderancia de la dignidad de los objetos sobre el placer o dolor que nos producen. E l deber añade a ello la obligatoriedad de su realización, pero sin fijar los límites de lo obligatorio, lo aconsejado y lo ideal; y con frecuente contraste de los principios u n á n i m e m e n t e admitidos con la variedad de la casuística. S ó l o con todas estas salvedades cabe mantener la definición del hombre como animal rp cional clásica en filosofía. Juan Z A R A G Ü E T A
 // Cambio Nodo4-Sevilla