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EL TEATRO EN SEVILLA V y último este articulo pongo fin a la serie que he dedicado a una de las muchas facetas que la historia del arte dramático ofrece para su estudio a los aficionados y eruditos. Me daría por muy contento si estos traba julos moviesen la curiosidad de alguien que continuase la labor de? os escritores S á n c h e z Arjona y Chaves, pues la é p o c a menos historiada del teatro en Sevilla es la del siglo X I X y lo que va corrido de X X E n esos siglos la afición al teatro estuvo muy en boga. La literatura dramática reflejaba la vida p o l í t i c a y la local. E l apasionante suceso de la a b o l i c i ó n de Ja C o n s t i t u c i ó n de Cádiz (1812) repercutió en el teatro, ya que los c ó m i c o s de la c o m p a ñ í a que actuaba en el teatro Principal salieron en p r o c e s i ó n ostentan do representaciones alegóricas y en un carro triunfal llevaron el retrato del Deseado, d e p o s i t á n d o l o en el convento de San Pedro de Alcántara; al dia siguiente se verificó una gran función por la llegada del Monarca y la r e s t a u r a c i ó n del absolutismo. No faltaron, pues, a nuestros abuelos teatros y salas de e s p e c t á c u los. A m á s del Principal, hubo un circo ecuestre de alta escuela, llamado el Olímpico, situado en la Gavidia, dirigido por un tal Mr. Ábrillón. Mientras se reconstruía el teatro Principal se habilitó un local en el hermoso palacio de m a r q u é s de la A ameda, en la actual plaza de Zurbarán, que pres e n t ó la novedad de que en sus localidades p o d í a n estar reunidos hombres y mujeres. Un nuevo teatro se alzó en la calle de los Alcázares, modesto y con pocas comodidades p a r a el público, competidor del Principal, y al poco tiempo se abrió una sala de e s p e c t á c u l o s en el piso bajo del hospital del Amor de Dios, en la calle del Puerco, hoy Trajano, donde el público sentimental iba a deleitarse con los dramas de Zorrilla y del duque de Rivas. También populachero, teatro de barrio, fue el llamado pomposamente de Hércules, situado en el palacio del m a r q u é s de la Algaba, d e t r á s de Omniurn Sanctorum, donde por vez primera en Sevilla se cultivó el g é n e r o í n f i m o precursor de la sicalipsis en los tablados. Un precioso teatrito, de no muy grandes dimensiones, se labró en 1846. E l famoso pintor Antonio Cabral Be jarano fue el encargado de decorarlo y trazar su fachada: Todo fue exquisito en este local, que se l l a m ó del Anfiteatro, por su forma, y yo conocí sus restos, en las callejas de Pasión. Se inauguró con la ó p e r a de Verdi Hernán: E n Triana se c o n s t r u y ó un teatro llamado del Guadalquivir, en la antigua calle de la Cava, en un local perteneciente al convento de San Jacinto, inaugurado el a ñ o de 1845. N o obstante los muchos y buenos teatros que en esos años contaba Sevilla, le faltaba uno digno de gran m e t r ó p o l i d é Andalucía. Esta feliz iniciativa p r o c e d i ó del conde de San Luis, cuando fue jefe p o l í t i c o de Sevilla. Se edificó en el solar que o c u p ó el hospital del E s p í r i t u Santo, en la calle de los Colcheros, hoy Tetuán. E l proyecto fue obra de los ingenieros franceses don Pablo Rohault de Fleury y don Gustavo Steneider. Este hermoso edificio tuvo un coste de poco m á s de cien m i l duros, sin contar, los aprovechamienf ON tos del antiguo hospital, del que se sacaron m á s de cien columnas de m á r m o l y grandes cantidades de cedro, y caoba. Tenía capacidad para tres mil espectadores. Contaba t a m b i é n con un magnifico local dedicado a café. Se e s t r e n ó el 21 de septiembre de 1847, con la ó p e r a de Verdi I Lombardi E l é x i t o como ya escribí en el precioso folleto que se d e d i c ó a historiar este teatro en su centenario, fue inenarrable. Los sevillanos se sintieron orgulosos, y con razón, de poseer uno de los m á s hermosos teatros del mundo. Ren a c i ó entonces la afición por la m ú s i c a y el arte d r a m á t i c o y adquirió tal prestigio el nuevo teatro que ¡o s mas ata- Vega. Su cabida es de dos mil quinientos espectadores. E n el amplio solar que q u e d ó d e s p u é s del derribo del templo de San Miguel se edificó, en 1876, un teatro de verano, descubierto, que desde su principio fue muy popular, y que andando el tiempo fue sode del género ínfimo Al correr de los a ñ o s se cerró y se convirtió en un teatro alegre, predilecto de las clases populares. Constaba de tres plantas y no carecía de arte y riqueza; aunque poco antes de su d e m o l i c i ó n en 1938, sirvió para cine. Su cabida era para mil quinientos espectadores. E n su escenario e s t r e n ó Pedro Muñ o z Seca su primera obra, titulada Las Guerreras una zarzueüta en colaborac i ó n con J o s é LUís Montoto. T a m b i é n en este local e s t r e n ó su primera obra el celebrado poeta Manuel Machado, titulada Amor al vuelo en c o l a b o r a c i ó n con el mencionado J o s é Luis Montoto. E l Ayuntamiento sevillano, que influyó notablemente al auge del teatro con la edificación de locales para el mismo, contribuyó, en la segunda mitad del si- Kl Teatro San Fernando en los primeros años de su funcionamiento. mados artistas buscaban la c o n s a g r a c i ó n en él como c o r o n a c i ó n de su carrera: Gayarre, Tamberlik, L a Patti, Romea, Vale ro, Vico, Calvo, Matilde Diez, Teodora Lamadrid, María Guerrero, y a ú n m á s iluminaron con los resplandores de su genio a sala de teatro que lleva el nombre del conquistador de Sevilla, San Fernando. Cuando escribo estos apuntes corre el rumor por la ciudad del derribo de este famoso edificio, d ó n d e se celebraron brillantes fiestas de cultura, como los Juegos Florales del Ateneo y la inolvidable Fiestas de las Regiones de E s p a ñ a en Sevilla. L a afición teatral siguió, a pesar de los tremendos sucesos p o l í t i c o s que se desarrollaron en Sevilla, y en 1879- -en visperas de la revolución cantonal- -se estrenó un lindo teatro, advocado de Cervantes. Abrió sus puertas el 18 de octubre, con la comedia de Lope de Vega La niña boba y un drama en verso titulado El ú l t i m o dia original de los poetas sevillanos Luis Montoto y J o s é de Velilla. Este teatro, que a ú n subsiste, como en sus mejores tiempos, p r e s e n t ó la novedad de que los palcos de sus pisos superiores, la visera que hoy d i r í a m o s volaban mucho sobre la sala, sin estar sostenidos por columnas. E n su escenario estrenaron los gloriosos hermanos Alvarez Quintero su primera obra, E s g r i m a y amor Su planta, de s e m i c í r c u l o se debe al arquitecto don Juan Talavera de la glo X I X con un lindo ¡ocal de verano, montado en un bello lugar cercano al río Guadalquivir, en lo que fue barrio de Marruecos. Tenia capacidad el teatro para mil quinientos espectadores y era todo de hierro y madera. E l escenario representaba una magnifica perspectiva de estilo morisco. Desde su edificación, contaba con un amplio c a f é y restaurante. S e g ú n dispuso el Ayuntamiento, el precio de las localidades era de una peseta para las de preferencia y de cincuenta c é n t i m o s para las gradas, precios que no p o d í a n alterarse. Se derribó en 1914, para en su solar levantar el actual hotel Alfonso XIII. E l siglo X X c o n t i n u ó los pasos de los ainteriores, pues se labraron hermosos teatros, sin citar los locales destinados al joven arte del c i n e m a t ó g r a f o Los teatros de la última centuria no desmerecen de los de los siglos anteriores. Fue el de m á s importancia el titulado de Lope de Vega, de estilo barroco, construido expresamente para la E x p o s i c i ó n Iberoamericana, de tan grato recuerdo. Consta de cuatro plantas, y su m a g n í f i c o escenario, con todos los adelantos modernos, es lujosísimo, Como su gran sala de fiestas. La exuberante d e c o r a c i ó n le presta extraordinaria suntuosidad. T a l es, a grandes rasgos, este esbozo de lo que pudiera ser una historia crítica del arte d r a m á t i c o en Sevíl a. Santiago M O N T O T O C. de la Real Academia Española
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